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Conservatorio de Música rinde homenaje a Karl Bellinghausen

El investigador y pianista Karl Bellinghausen, en imagen de marzo de 2006. Foto María Luisa Severiano

Ángel Vargas

A casi un mes de su fallecimiento, acaecido el pasado 17 de mayo, el Conservatorio Nacional de Música rindió la noche de este miércoles homenaje póstumo a Karl Bellinghausen (1954-2016), una de las más insignes figuras de la musicología y la enseñanza musical en México.

Con sede en las instalaciones de ese centro de educación artística, del que Bellinghausen fue director entre 2010 y 2012 y docente de la asignatura de Historia de la música durante varios años, se trató de  un acto emotivo y cálido, genuinamente amoroso y entrañable.

En él, colegas, amigos, ex alumnos y familiares desentrañaron durante dos horas la personalidad extravagante, inquieta, irreverente,  lúcida,  apasionada y comprometida del investigador y compartieron varias de los episodios académicos y anécdotas personales que vivieron a su lado.

Además de un video con una semblanza biográfica del homenajeado, hubo asimismo, entre cada una de las intervenciones discursivas, un programa musical variopinto a cargo de músicos profesionales, docentes y alumnos de la institución.

Dentro de este segmento, destacó el estreno mundial de una pieza escrita por Karl Bellinghausen, titulada Silbando, dedicada al flautista Horacio Franco, quien se encargó de su interpretación.

En la parte de los discursos, la musicóloga Yael Bitrán, directora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (Cenidim) -al que Bellinghausen estuvo adscrito como investigador-,  anunció  su compromiso de concluir un par de obras que el especialista dejó inconclusas.

Estas son la historia documental de los 150 años del Conservatorio Nacional de Música y la transcripción de una sinfonía que el compositor vienés Leopold Langwara dedicó en el siglo XIX a Maximiliano de Habsburgo, trabajos que dejó casi terminados.

Por parte de la familia del musicólogo, habló su hermano el periodista Hermann Bellinghausen, quien lo definió como “un puente” entre  músicos de diferentes épocas, al poner su trabajo al servicio de compositores desconocidos para que dejaran de serlo entre las nuevas generaciones.

“Fue siempre abogado de las causas perdidas”, destacó el colaborador de La Jornada, quien recordó el periplo vocacional de Karl antes de llegar a la musicología, que se convirtió en su pasión, pues primero estudió guitarra, luego cello y finalmente piano.

En tanto, Lidia Camacho, directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), instancia de la que depende el Conservatorio, reconoció en Karl Bellinghausen a un hombre de gran calidad humana y profesional , y consideró un deber de las instituciones públicas mantener y difundir su legado como investigador y académico.