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Su donación: botas para perros de búsqueda

Alex porta las botas confeccionadas por Brisa Alonso. Foto Ollín Muñoz

Juan Manuel Vázquez

A Brisa Alonso la impulsó el instinto de ayudar. Después de la tragedia colectiva que representó el terremoto, una inquietud se apoderó de ella como ocurrió con tantas personas. Quería hacer algo por la gente afectada y por los voluntarios. Quería sumarse a los ejércitos solidarios, pero no sabía con qué ni cómo. Sin posibilidad de desplazarse, pues tiene dos hijos pequeños, echó mano a su profesión de diseñadora de vestuario de ópera, cine y teatro. Producciones grandes para las que no sólo tiene que analizar las necesidades de representación sino también su resistencia y eficacia para los montajes.

En su propio taller y con materiales sobrantes de su bodega empezó su labor. Vio a los perros rescatistas en los derrumbes y también se enteró de la urgencia de botas especiales para que las patas de los animales estuvieran protegidas entre los fierros y piedras de los huecos por los que rastrean a sobrevivientes. Las botas caninas especializadas son muy caras, alrededor de 2 mil pesos, y sólo se consiguen fuera de México. Las que les colocan a las mascotas no sirven para caminar entre escombros.

Después de analizar información en Internet, diseñó un modelo con carnaza y neopreno, materiales que tenía a la mano, y que al analizarlos concluyó que eran adecuados. Así fabricó botas para los perros de rescate.

El jueves hice 120 botas, el viernes 180 y desde entonces no he parado, cuenta Brisa; los grupos de rescatistas me han escrito notas de agradecimiento por su eficacia.

El apoyo se desbordó y le ofrecieron donaciones. La demanda también creció en los primeros días de emergencia. Grupos de rescate agradecieron la utilidad y buena manufactura de las botas.

Me contactaron incluso para revisarlas y certificarme, relata; porque los rescatistas que las han usado con sus perros cuentan que están bien fabricadas y no les incomodan en los escombros.

Todo fue fruto de la emergencia y el ingenio. Los materiales los eligió por su resistencia, la carnaza –pensó– es fuerte, pues la utilizan los mandiles de los herreros y el neopreno es muy práctico; así salió la primera producción.

La respuesta fue desbordada, un amigo me proporcionó material, mis costureras cosiendo, otros para transportar y cadenas de voluntarios para sacar la producción, cuenta; lo canalizamos a la colonia Obrera, porque de ahí podían llevarlos a los derrumbes de Chimalpopoca y la Condesa; otras las mandamos a Morelos.

Brisa recopiló información, además, para perfeccionar sobre la marcha su diseño. Los rescatistas le recomendaban precisiones para las jornadas prolongadas de trabajo entre varillas y piedras que lastiman las patas de los perros.

Algunos perros trabajaron durante muchas horas y las botitas resistieron, dice satisfecha; les agregamos material reflejante para que en los túneles pudieran verse las patas de los perros.

Cuando Brisa vio la primera foto de un perro rescatista que lucía las botas que fabricó la inundó una emoción indescriptible. Ahí estaba el animal salvando vidas y protegido por el trabajo incasable de un equipo solidario.