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Impulsado por smartphones, el audiolibro se dispara en EU

Amazon, quien es dueño de la firma Audible, reportó que en enero de 2016 vendió diariamente 119 mil audiolibros. Foto AFP

AFP

Nueva York. Escuchar un libro mientras se está de compras o se hace ejercicios es una posibilidad que seduce cada vez más y contribuye al crecimiento vertiginoso de los audiolibros en Estados Unidos, en momentos en que la industria editorial está bajo presión.

Atrás quedaron los tiempos del engorroso y pesado reproductor de cassettes, que a veces costaban el triple que un libro impreso y que, a menudo, retomaban solo extractos de una obra para limitar los costos. Hoy en día, para escuchar un audiolibro solo hay que descargar un archivo en el teléfono inteligente con un precio equivalente o inferior al de la edición impresa.

En 2016, los audiolibros de Bruce Springsteen, Carrie Fisher y Bernie Sanders, escritos en primera persona y leídos por sus autores, tuvieron éxito.

De acuerdo con la Asociación de Editores de Audiolibros (APA), en 2015 se publicaron 35 mil 574 títulos en Estados Unidos, ocho veces más que en 2010. Y las ventas totales alcanzaron mil 770 millones de dólares, un aumento de 20 por ciento en un año.

De acuerdo con el sitio especializado Author Earnings, más aún que para los libros impresos, el gigante Amazon -que compró en 2008 el número uno del sector, Audible- domina ampliamente este mercado: vendió 119 mil audiolibros por día en enero de 2016.

La mayoría de las grandes editoriales disponen ya de su propia estructura con equipos expresamente dedicados a ellos.

El auto, lugar ideal

A diferencia de otros países, hace ya tiempo que en Estados Unidos el audiolibro se considera mucho más que un “gadget”, incluso pese a que el mercado no despegó realmente hasta que se generalizó el uso de los smartphones desde hace unos años.

“En Estados Unidos la gente pasa mucho tiempo en el automóvil. Para los usuarios, ésta es una manera de hacer que el tiempo en los atascos sea de calidad”, señaló Mary Beth Roche, presidenta y editora de Macmillan Audio, la filial de la editorial Macmillan que se dedica a los audiolibros.

“A menudo es un largo viaje en coche o tener un tiempo de trayecto importante para ir a trabajar lo que lleva a la gente a probar el audiolibro por primera vez”, explica. “Después, empiezan a escucharlos en otros lugares”. Los teléfonos inteligentes permiten ahora hacerlo al mismo tiempo que muchas otras actividades: trotar, tareas domésticas o actividades manuales.

“Son perfectos cuando se tiene un determinado estilo de vida”, resume Marisa Bluestone, directora de comunicaciones de la Asociación de Editores Estadunidenses (AAP). Es también una forma de descansar la vista cuando hemos pasado un día de trabajo frente a la computadora, dice Mary Beth Roche. Es necesario vender al menos mil ejemplares de un audiolibro para que sea rentable, agregó.

Actualmente, en promedio, un audiolibro alcanza 10 por ciento de las ventas de la edición impresa. Aunque algunos géneros logran un promedio mejor, como la ciencia ficción, la “fantasía” y, especialmente, los libros de autoayuda, muy de moda en la actualidad.

Nuevos “lectores”

Pero los editores son reacios a hablar sobre márgenes y ganancias, explicando que pueden variar significativamente dependiendo de la longitud del libro. Lo que es seguro es que la experiencia demuestra que, lejos de competir con el papel, los audiolibros permiten a los autores conquistar nuevos fans, indica Anthony Goff, vicepresidente de Hachette a cargo de este sector.

Puede que por eso, de golpe, los autores están mucho más interesados que antes por la versión de audio de sus libros, agrega.

A menudo piensan en actores para dar voz a sus textos e incluso muy frecuentemente se manifiestan dispuestos a hacerlo ellos mismos “si no es ficción y si su voz lo permite”, dice.

Johnny Depp, Kate Winslet y Meryl Streep ya dieron voz a obras que no eran suyas. John Hart, autor estadunidense de numerosos libros de suspenso, no recomienda sin embargo escuchar un audiolibro en el gimnasio o de compras. Pero en un “entorno más propicio para la contemplación” puede ser “tan placentero como leer en una habitación tranquila e incluso puede ser una inmersión aún más total”, afirma.