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Renunciar a tener hijos puede provocar ‘bullying’: experto

En México la tasa promedio de fertilidad es de 2.28 hijos por mujer, cuando en 1960 era de 6.78. La imagen, en la Ciudad de México. Foto Luis Humberto González

Fernando Camacho Servín

Cuando Mariana le cuenta a algunos de sus familiares o amigos que no quiere ser madre, sigue recibiendo la misma respuesta lapidaria: eso dices ahorita, pero vas a cambiar de opinión.

En otro momento se hubiera puesto a argumentar sus razones a quienes no la toman en serio, pero a estas alturas prefiere no engancharse. No me gusta discutir, por eso mejor les doy el avión, dice con tranquilidad.

A sus 33 años, ya está acostumbrada a la presión social que dicta que a su edad ya debería tener hijos, o al menos entender que ese es su destino. Pero ella sigue en lo dicho por una razón muy sencilla: nunca se visualizó así.

Mariana Ramírez Tapia forma parte de las miles de personas en México que deciden no asumir la paternidad o maternidad, a contracorriente de una tradición cultural según la cual ellas se realizan como mujeres sólo cuando son madres.

“Llegué a esta decisión desde muy joven, pero sigue existiendo presión, un cuestionamiento muy grande de que eso no es ‘lo normal’. Te bombardean con eso, te hacen mil preguntas y hasta cuestionan tu sexualidad”, dice Mariana, quien es soltera y trabaja de asistente administrativa en una oficina.

Eso dices, pero ya te veré

Aunque la presión social para tener hijos se ejerce sobre todo contra las mujeres, no sólo ellas la padecen. Hombres como Daniel González, quien no tienen deseos de ser padre, también son recibidos con sonrisas incrédulas o frases condescendientes como: eso dices ahorita, pero ya te veré.

Lo cierto es que a sus 43 años, este analista de soporte técnico sigue convencido de que la paternidad no es para él. Desde que tengo uso de razón no he concebido esa idea de ser papá. Nunca me vi con hijos y hasta la fecha es así. No tengo esa necesidad, define.

A la falta de vocación paternal, Daniel le suma otros motivos mucho más pragmáticos: traer un hijo al mundo es muy difícil, porque todo está muy peleado. Uno sufre por el agua, por conseguir empleo y hasta para subirte al transporte, reflexiona.

Pese a ello, señala, muchas personas siguen guiando su vida con una especie de irresponsabilidad normalizada, donde se asume que puedes tener hijos sin contar con los medios para mantenerlos, porque a final de cuentas ellos van a cuidarte en la vejez.

Renunciar a la maternidad causa bullying

A diferencia de países como España, donde alrededor de 20 por ciento de las mujeres deciden no tener hijos, en México la maternidad sigue siendo una alternativa de vida imprescindible para la gran mayoría de la población femenina, señala Carlos Welti Chanes, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De acuerdo con los censos generales de población y otros estudios relacionados, la cantidad de mujeres que deciden no ser madres ha rebasado 8 por ciento en el país, señala el especialista en charla con La Jornada.

Aunque en la actualidad es cada vez más frecuente que existan personas que no deseen tener hijos, indica Welti, el fenómeno demográfico más importante en realidad no es ése, sino el hecho de que los mexicanos cada vez postergan más la edad de inicio de sus matrimonios y embarazos, por razones tanto económicas como culturales.

Una consecuencia de ello es que la tasa promedio de fertilidad en el país hoy día es de 2.28 hijos por mujer, cuando en 1960 era de 6.78.

Sin embargo, por minoritaria que sea, la existencia de mujeres y hombres que deciden abstenerse totalmente de procrear es también una realidad en México, sobre todo en ciertos núcleos donde se cuestionan con fuerza las ideas de generaciones anteriores, para las cuales ser padres y madres era prácticamente una obligación.

Hay sectores con características muy especiales, principalmente mujeres y hombres con elevados niveles de escolaridad, con ocupaciones estables y bien remuneradas, que deciden no tener hijos porque el rol productivo está compitiendo ya con el de la maternidad, subraya Welti, especialista en temas demográficos.

Pero este cambio sigue enfrentando resistencias culturales importantes. Para las mujeres que optan por no ser madres, “sigue existiendo una especie de bullying para obligarlas a asumir ese rol”.

Uno por ciento de felicidad, 99 por ciento de preocupación

Admitir que la paternidad o maternidad puede ser agotadora e incluso decepcionante sigue siendo tabú para una sociedad que relaciona a los hijos con la llegada casi automática de la felicidad y la plenitud para una pareja, pero esta idea romántica es cada vez más cuestionada, incluso desde la academia.

De acuerdo con un estudio de las investigadoras Susan Pick y Patricia Andrade (de la Facultad de Sicología de la UNAM), existe una relación inversamente proporcional entre el número de hijos de una pareja y su nivel de satisfacción marital.

Luego de entrevistar a más de 240 hombres y mujeres casadas de la Ciudad de México, el análisis reveló que entre más hijos tiene un matrimonio, la comunicación y la interacción entre los miembros de la pareja tiende a ser menor, en la medida en que ambos tienen que poner gran parte de su atención y energía en el cuidado de los hijos.

En el mismo sentido, un estudio de las académicas Roxana Mora, Maricarmen Gómez y Elena Rivera, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, documentó que los matrimonios sin hijos manifestaron mayor satisfacción en su relación de pareja, en sentido inverso de los que tienen hijos pequeños.

Una voz que generó polémica recientemente fue la de la sicoanalista y ensayista francesa Corinne Maier, quien criticó la obligatoriedad de encontrar placer en la maternidad, cuando para ella criar a sus dos hijos implicó uno por ciento de felicidad y 99 por ciento de preocupación.

Luego de describir el cansancio y la bancarrota económica que le produjo ser madre, Maier dice sin ambages que se arrepiente de haber tenido hijos y considera que la mayoría de las personas los tienen por las razones equivocadas, buscando a través de ellos el sentido de sus vidas o una inmortalidad que no existe.