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The Who, feliz de estar en México en día histórico

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Arturo Cruz Bárcenas

Ciudad de México. El sonido y el arte mod, con su discurso de dolor y queja postsegunda Guerra Mundial, llegó con una giga al Palacio de los Deportes ante 18 mil 500 personas, la noche de este miércoles histórico 12 de octubre, con la presentación de The Who, banda de alturas y precipicios, con el horizonte de Quadrophenia, la tetra división de la mente.

El rock británico no fue inocente. Los jóvenes estadunidenses enarbolaban el amor y paz, las flores en el pelo, y Eric Burdon hacía sorna de todo eso. Las casas de los niños ingleses fueron destruidas por el bombardeo nazi y miles quedaron huérfanos. Esa sociología de la orfandad se proyectó, emergió, voló, hacia el rock catárquico de grupos como The Who.

Banderas de Inglaterrra ondean en el Palacio de los Deportes; en las pantallas se ven imágenes de Pete Townsend y Roger Daltrey, los sobrevivientes originales. En el camino quedaron Keith Moon, llamado El Baterista Loco, y John Entwistle, el bajista del estilo con garbo.

A las 21:38 comenzó la música y el gozo colectivo con I can’t explain y todo quedó claro.

“¡Who, Who, Who!… gritó el colectivo. The secrets develó un comienzo con la pregunta filosófica por excelencia: ¿quién soy? ¿quién eres? El individuo sabe que está en construcción. Somos y no.

Nadie se moja dos veces en el mismo río. Heráclito y The Who. Todo fluye. The Kids Are Allright.

Pete hace el esfuerzo por hablar en español y eso se agradece. Se dijo feliz de estar en México.

¿Quién hára a The Who?, A las diez de la noche ya nadie. My Generation o la reivindicación de que no quiero ser burócrata. Ni un botones. Detrás de los ojos azules, un clásico en azul, de la portada del disco en la que cuatro músicos mean un cubo de concreto, en medio de un paisaje pétreo.

Bargain, del Whos Next. Sólo esa valía la noche. Fue un éxito de los días de Vibraciones y discos de John Kongos.

Join Together, You Better You Bet, 5:15, I’m One, The Rock…

El rock cinco estrellas… ¡por fin! Los viejos roqueros de la fuente aparecen sólo en los grandes conciertos. Losforever young. La música de los cambios de ritmo, de los estruendos, de los apóstrofes, de los ademanes que rematan frases, notas sueltas, el último batacazo. La alegría sostenida por el virtuosismo de Pete, quien levanta su lira como un trofeo. La iconología muestra la música y la historia, a John Lennon de los cías de protestas contra la guerra, un hombre contra un tanque de guerra. La bomba atómica, las máquinas, el progreso y su precio: la infelicidad, dijeron Freud y John Bury.

Todavía se oía See me, Feel Me y en la lista esperan Baba O ́ Riley y Again.