Juan Pablo Duch

Apenas un día después de que concluyó en Abu Dabi la segunda ronda de negociaciones entre Rusia y Ucrania, con la mediación de Estados Unidos, Kiev y otras ciudades ucranias sufrieron un nuevo ataque ruso contra su red eléctrica con 328 drones y siete misiles, entre ellos dos hipersónicos Kinzhal (Daga), al tiempo que Moscú recibió cuatro sensibles golpes a su reputación.

El primero, el general Vladimir Alekseyev, el segundo de a bordo en la dirección de inteligencia militar rusa (conocida por sus siglas GRU), cuyo titular, Igor Kostiukov, encabezó el grupo de negociadores rusos en la capital emiratí, resultó herido de gravedad al recibir tres balazos de un sicario, cuando a las siete de la mañana salía de un apartamento, presumiblemente alquilado, junto al elevador de un edificio en la carretera Volokolamskaya número 24 de la capital rusa.

Trascendió sólo que el agresor iba vestido de repartidor de comida, y unas fuentes extraoficiales dicen que era hombre y otras, mujer. Tras ser operado en una clínica de Moscú, el general se encuentra en la sección de terapia intensiva en estado muy delicado, pues perdió mucha sangre hasta la llegada de una ambulancia y una de las balas –según confiaron los médicos al portal de noticias Baza de Telegram– afectó un órgano vital en el abdomen (las otras dos, dieron en el brazo y una pierna).

De 64 años de edad y una larga carrera militar que incluyó un tiempo de servicio en Siria, Alekseyev, de acuerdo con la información disponible en Rusia, era el coordinador de los grupos paramilitares, como el llamado Redut, que el ministerio de Defensa envió a combatir a Ucrania para reemplazar a los mercenarios del grupo Wagner, cuyo líder, Yevgueni Prigozhin, cayó en desgracia cuando quiso protagonizar una revuelta contra el entonces ministro de Defensa, Serguei Shoigu, y actualmente formal secretario del consejo de seguridad de Rusia.

El Kremlin, a través de su vocero, Dimitri Peskov, dijo que “es evidente que en condiciones de guerra, los militares de alto rango y los especialistas muy calificados se encuentran bajo constante amenaza, pero no es la presidencia rusa la que debe ocuparse de su seguridad, sino los servicios secretos (entre ellos, el GRU)”.

El canciller Serguei Lavrov responsabilizó a Ucrania de recurrir a este tipo de “atentado terrorista” para obstaculizar las negociaciones de paz: “Este atentado terrorista confirma una vez más la intención del régimen de (el presidente ucranio, Volodymir) Zelensky de efectuar constantes provocaciones dirigidas, a su vez, a abortar el proceso negociador”.

El segundo golpe provino del ataque exitoso de Ucrania contra el polígono ruso de Kapustin Yar, a 880 kilómetros de la frontera entre ambos países, en la región de Astracán, sitio desde donde desde la época soviética se prueban y ahora lanzan los misiles balísticos e hipersónicos más modernos del arsenal ruso, entre ellos el más reciente de medio alcance denominado Oreshnik (Avellano), el cual se ha utilizado contra territorio ucranio sólo en dos ocasiones y sin cargas nucleares.

El mando militar de Ucrania confirmó este viernes el ataque, que tuvo lugar a fines de enero, y lo acompañó de fotografías satelitales que muestran los daños causados, al menos en tres hangares o instalaciones. Todo indica que impactó al menos uno de los cinco misiles de crucero FP-5 Flamingo de largo alcance y fabricación ucrania, que se usaron por primera vez.

El tercero se conoció por los blogueros-Z, como se identifica aquí a los reporteros y/o expertos militares que apoyan la operación en Ucrania y transmiten su versión de los hechos en Internet, casi siempre favorables al reporte oficial, pero en ocasiones inusualmente críticos, incrustados en el ejército ruso.

Varios de ellos, por ejemplo uno de los recursos más serios, Rybar, dieron la voz de alarma al informar que las tropas rusas fueron desconectadas de Starlink, el sistema satelital de Internet de alta velocidad, propiedad del magnate Elon Musk.

Las tropas rusas se habían conectado de manera ilegal al Starlink para guiar sus drones y ahora se enfrentan a serias dificultades para sustituir esos componentes con piezas de producción local, de calidad inferior.

Y el cuarto y último golpe es el anuncio que hizo anoche (jueves) Matthew Whitaker, embajador de Estados Unidos ante la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), en el sentido de que la Casa Blanca seguirá suministrando armamento a Ucrania a través de sus aliados europeos hasta que se firme un acuerdo de paz.

“Mientras sea necesario para concluir un acuerdo de paz, tenemos la intención de seguir suministrando armas a nuestros aliados de la OTAN, y ellos las entregarán a Ucrania para que, ante todo, pueda defenderse”, afirmó Whitaker al canal de televisión Newsmax.

Esta noticia, que por la diferencia horaria se conoció en Moscú este viernes, no se corresponde con la intención del Kremlin de que la Administración de Donald Trump fuerce a Kiev a aceptar sus condiciones si deja de proporcionarle armas de modo directo o mediante la OTAN.

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