Fabiola Palapa Quijas

Ni la pertinaz lluvia ni el frío de la mañana impidieron que 640 personas llegaran a la conferencia que Emmanuel Carrère, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2021, ofreció el viernes pasado en la sala Miguel Covarrubias como parte del Festival Cultura UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).

Desde las 10 horas, lectores del escritor francés se dieron cita en el Centro Cultural Universitario (CCU) con el fin de obtener una de las 100 fichas que se repartieron para la firma de libros. También hubo filas en un pequeño estand de Anagrama, donde se ofrecieron varios de sus títulos y, sobre todo, la novedad editorial, Koljós, donde el autor vuelve la mirada al espacio más íntimo: la familia.

Ante los lectores que llegaron con el libro favorito y la ilusión de la firma, la charla que Carrère compartió con Julia Santibáñez, directora de Literatura UNAM, arrancó por lo que más intriga de su técnica literaria: cómo teje hilos tan disparejos y logra que funcionen juntos. “Hay libros que escribí muy rápido, incluso si hubo un largo trabajo inconsciente previo, pero la redacción duró sólo unas semanas. Y ahí no son varios hilos, sino un solo hilo. Eso también era el caso de El adversario”, explicó.

Carrère se describió como un malabarista de palabras, de historias y de personajes. Al principio, dijo, jugaba con dos pelotas, luego con tres, luego con cuatro. Con los años aprendió a jugar con muchas a la vez. “Pueden ser pelotas, hilos, voces que componen una fuga, pero con el tiempo he logrado hacer funcionar juntas varias bases para hacer algo que resulta polifónico. Me gusta poner en un mismo libro cosas que la gente pensaría que no pueden ir juntas”.

A manera de ejemplo mencionó el libro De vidas ajenas, donde una pareja pierde a su hijita en un tsunami y una mujer joven que muere arrasada por el cáncer. Son 80 páginas sobre derecho y sobrendeudamiento. “Es un tema árido que normalmente encuentras en un manual de derecho y no en una novela. Me costó mucho volverlo claro e interesante, pero estoy muy orgulloso de que se haya integrado de manera natural”.

Después, Santibáñez lo llevó al territorio del mal. Ahí Carrère explicó que hay varios rostros del mal y que los ha perseguido en distintos libros. Recordó a Roberto Bolaño y esa parte “alucinante” de 2666, sobre las muertas de Juárez. “Es un problema insoportable, alucinante. Es una de las cosas que más me impresionó en la literatura de las décadas recientes. Enfrentar el mal, enfrentar la repetición, eso me dejó estupefacto”.

Para él, los feminicidios de Ciudad Juárez pertenecen al mal entendido como crueldad, como deseo de hacer sufrir. Un mal radicalmente distinto al que exploró en El adversario.

El autor francés también se refirió al rostro que vio en V13: Crónica judicial, durante el juicio por los atentados yihadistas de 2015 en París. “Ahí no estamos hablando de miedo, sino de estupidez, de la pendejez, que es un rostro del mal espectacular y eficaz. Debo decir que los yihadistas en el banquillo no lograban interesarme, eran demasiado estúpidos”.

La conversación fue de un tema a otro, hasta hablar del matemático Alan Turing y la inteligencia artificial, y de autores mexicanos contemporáneos que ha leído, como Yuri Herrera, Juan Villoro, Guadalupe Nettel y Valeria Luiselli.

Pero luego llegó el momento de la pregunta inevitable sobre el narcisismo, sobre ese yo que atraviesa todo. “Cuando se habla de sí mismo, tenemos todo el derecho de hacerlo o incluso de ofendernos a nosotros mismos; nos detenemos donde queremos. Lo complicado es cuando uno habla de los demás. A menudo me han dicho que soy narcisista, egocéntrico. Y es cierto. Pero no es nada más eso”.

Defendió la primera persona como acto de humildad: “esto que les cuento sólo lo estoy contando yo, no es una verdad revelada del cielo. Es como decir al lector: mira la mierda en la que estoy, a lo mejor tú también estás en esta mierda. Así nos sentimos menos solos”.

En ese acto, que contó con la participación de Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural UNAM, el escritor aceptó que su mejor libro es Koljós por el tema de la piedad filial. “No traté bonito a mis padres, sobre todo a mi madre, pero al final uno puede perdonarlos y ellos perdonar todas las miserias que les hicimos vivir”, indicó el escritor.

Al término de la conferencia, la joven Alejandra Galván se acercó al escenario para mostrarle sus tesoros literarios, que eran más de 15 títulos, a Carrère, quien no dudó en sacar su teléfono celular para tomar una foto. Al final, el escritor firmó a las personas que llevaban algunas de sus obras.

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