Fabiola Palapa Quijas
En Asuntos familiares, la directora francesa Émilie Rousset expone la injusticia que existe en la mayoría de los casos de violencia intrafamiliar, porque todo se resuelve mediante informes, mientras los magistrados invierten la culpa y vuelven a herir a las víctimas.
La obra documental a cargo del Centre Dramatique National d’ Orléans, cuya segunda función se presentó el miércoles en el 54 Festival Internacional Cervantino (FIC), reveló los riesgos de la interpretación jurídica en Europa.
En el Teatro Principal, Rousset rompe la cuarta pared al colocar una especie de pasarela blanca en la que los actores comparten historias familiares y el público escucha cómo el sistema de justicia beneficia más al inculpado que a la víctima.
Una abogada que peleó por el matrimonio igualitario en Francia; Davide Chiappa, padre italiano que demandó al Estado para que su hijo concebido por gestación subrogada fuera reconocido como hijo de dos progenitores; madres a las que no creyeron que sus hijos habían sufrido violencia sexual; casos de incesto silenciados, y litigios ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, son los relatos que Rousset construyó a partir de más de 150 horas de entrevistas en Francia, España, Portugal e Italia.
El caso que más resonó en el Teatro Principal fue el de una madre que por proteger a su hijo de incesto terminó señalada por los juzgados como “manipuladora”, que aconseja mal al menor. Mientras el abusador quedaba protegido por la presunción, la madre protectora era castigada por proteger.
También se presentó el testimonio de una agente de Violencia Vicaria contra Mujeres de Cataluña. En la obra se relataron las dificultades de una madre y sus hijos que tuvieron que tolerar maltrato masculino durante 27 años. Otro caso que se comentó fue el de un hijo secuestrado por su padre, quien le cambió el nombre y su mamá lo encontró después de años.
Entre cada historia se proyectaba la entrevista real, al momento de que el actor o actriz la compartía con el espectador. Los silencios, las vacilaciones y los titubeos, así como las reacciones espontáneas sobre escena se reproducen íntegramente, preservando cada palabra.
Para su presentación en México, la compañía francesa entrevistó a Gloria Careaga Pérez, sicóloga social, feminista y activista LGBT+, quien afirmó que en el país, la homosexualidad nunca fue criminalizada. “Había un señalamiento como falta administrativa que tenía que ver con alterar la moral, el orden público, pero no había una referencia específica a castigar la homosexualidad”.
También como parte del archivo visual, Careaga señaló que en México ya está legislado el matrimonio igualitario y está caminando la ley de identidad de género, además de que las terapias de conversión están prohibidas en todo el país.
Al final queda latente la pregunta de qué ocurre cuando una experiencia íntima debe encontrar un lugar dentro del lenguaje de la ley.
En el programa de mano, la dramaturga Verónica Bujeiro escribe que Rousset recurre a la escena de archivo para mostrar cómo las transformaciones sociales obligan al derecho a revisar continuamente sus propias categorías y, con ello, la manera en que una sociedad comprende la intrincada trama que con frecuencia constituye una familia.
La función del miércoles finalizó con un aplauso largo de reconocimiento a los intérpretes Saadia Bentaïeb, Antonia Buresi, Theresa Coutinho, Ruggero Franceschini, Emmanuelle Lafon, Núria Lloansi y Manuel Vallade.
La presentación de Asuntos familiares se sumó a las actividades conmemorativas por los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia.







