Jorge Caballero,enviado

Morelia, Mich., En los años recientes el cineasta Joaquín del Paso, viajando por carreteras en México, antes y durante la pandemia, notó cada vez más camiones con madera de árboles talados en las orillas de los caminos, sobre todo en toda la zona del estado de México y en las cercanías con Michoacán. “Me empezó a interesar el tema, ¿qué es lo que estaba ocurriendo con esos bosques?, y en lugares más remotos que no nos damos cuenta. Me imaginé que era muy difícil controlar en tanta extensión de árboles y la tala ilegal para sacar la madera de los bosques. También justo en ese momento las cifras oficiales de la mariposa monarca bajaron dramáticamente y en parte se atribuía a la tala de árboles lugares de reposo a su destino. Uní estas dos migraciones e hice la película, confiesa Del Paso en entrevista con La Jornada”.

El largometraje de Joaquín del Paso, El jardín que soñamos, aperturó la Competencia Oficial de Ficción del Festival Internacional de Cine de Morelia, una historia donde Esther, Junior, Flor y Aisha, una familia haitiana, viajan al norte del continente americano con la esperanza de un futuro mejor. En el centro de México, se encuentran con el peligroso mundo de la tala ilegal. Mientras Junior lidia con el dolor de su pasado y su nueva vida, Esther arriesga todo para proteger a sus hijas. La migración de las mariposas monarcas se convierte en un símbolo de esperanza y resiliencia hacia un nuevo comienzo.

Ambición humana

Otro de los elementos de los que se dio cuenta Del Paso en esos años fue que “al mismo tiempo fue cuando las fronteras con Estados Unidos y México se cerraron. Empezamos a sentir de una forma mucho más tangible el flujo migratorio que venía desde Centroamérica y El Caribe hacia Estados Unidos por México y que, por obvias razones, la gente decidía quedarse en el camino y esperar en tránsito hacia el norte. La Ciudad de México se convirtió en un campamento migrante grandísimo… bueno desde Tapachula hasta Mexicali y Tijuana con una gran cantidad de gente de Haití que estaba cruzando. En mi mente se generó un coctel de todas estas ideas: la migración que estaba detenida, los haitianos y de esta migración que estaba en peligro de la mariposa monarca y pues ese fue como el punto conceptual de la película: dos migraciones una que viene del norte y otra del sur hacia el norte que se juntan en este bosque de oyameles y que está siendo destruido por la ambición humana” .

Aunque la cosa no sólo quedó ahí, confesó Del Paso: “después surgió lo poético, escribí el guion en una forma muy lineal, nunca hice un resumen de la historia ni una sinopsis ni un tratamiento, o sea, empecé a escribir la primera secuencia y me fui dejando sentir por las imágenes y la intuición de qué seguía. Duró un año para darle el balance entre las dos historias de sobrevivencia: la familia, la trama de la tala de árboles, la poética del bosque y la mariposa. Todas estas escenas requerían un balance muy grande y me costó mucho tiempo entender el ritmo de la película. Estuve manejando cortes de 2:30 y 2:20 horas durante muchos meses. Hasta que me decidí a hacer una versión mucho más, digamos.. visceral… más rápida… no, no más rápido pero mucho más apretada que es donde la película surgió, básicamente lleva al espectador por un camino bastante genético y muy preparado por la supervivencia de esta familia haitiana con un progresivo dolor que el espectador va sintiendo y que se sale de la pantalla para afectarlo directamente”. Para Del Paso, El jardín que soñamos, es su obra que ocupa “el primer sitio de mi filmografía, aunque seguramente la que venga después la desplazará. Además porque es una película que disfruté mucho haciéndola, me dolió y fue muy pesada pero que me llenó de muchísima satisfacción. Los temas de los que quería hablar y que fueran de denuncia de una forma muy visceral porque esos temas de la cinta siguen existiendo en la realidad y son con lo que la gente se queda al final. Me encantó la experiencia de hacer un cine más emotivo, más empático, de intentar generar un vínculo entre los temas y el espectador. Entonces la tengo hasta arriba de mi lista”.

Combinando actores profesionales con intérpretes no profesionales haitianos y locales, y trabajando principalmente en criollo haitiano, buscamos una autenticidad que tiende un puente entre la ficción y la experiencia vivida. Joaquín del Paso agregó: “la colaboración con el cinematógrafo Gökhan Tiryaki nos permitió tratar el bosque no como telón de fondo, sino como un organismo vivo, íntimo y vasto a la vez. Buscamos capturar la textura de la lluvia, la densidad del aire y la soledad del bosque”.

Cabe mencionar que El jardín que soñamos tuvo una función en el festival Internacional de Cine de Berlín, Joaquín del Paso informó: “fue una experiencia realmente muy fuerte, porque fueron dos actores principales Nehemie Bastien y Faustin Pierre, en particular Nehemie es una actriz muy buena, muy reconocida que vive en Puerto Príncipe y decidió no salirse de Haití y resistir al caos y a la violencia que ocurre en su país: crear arte de cualquier forma desde ese lugar, porque está atada y vinculada emocionalmente a su país. Y eso a muchos se nos olvida que las raíces son una parte muy fuerte… estar en Berlín hablando de los temas ambientales de la película; la gente que no conocía la mariposa monarca y fue increíble poder compartir este fenómeno migratorio natural y lograr meterlo en una película de ficción fue hermoso”.

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