Armando G. Tejeda

Con el cabello desenmarañado, un traje sastre negro con chaleco y una camiseta blanca, Patti Smith dio su primer concierto en Asturias, donde el próximo viernes recibirá al premio Princesa de Asturias de las Artes por su larga y prolífica trayectoria como artista, poeta, escritora, música y voz de una generación que luchó por la transformación del planeta. Con el puño en alto y la energía a borbotones, Patti Smith convirtió su recital en un alegato contra la guerra y el exterminio en la franja de Gaza, además de rendir homenaje a algunas figuras esenciales de su trayectoria vital: García Lorca, Picasso, Jim Morrison y Arthur Rimbaud, que le inspiraron para adentrarse en el abismo de la creación.

En el Teatro Jovellanos de la ciudad de Gijón, la segunda más grande de Asturias junto con la capital, Oviedo, Patti Smith recordó que hace 50 años viajó por primera vez a España para dar un concierto en Badalona. Así que ahora estaba de celebración, y a sus 79 años se movió por el escenario como si flotara y cantó 11 canciones de su largo repertorio. Y lo primero que hizo fue presentar a su banda, Patti Smith Group, integrada por dos hijos suyos, Jesse (teclado) y Jackson Smith (guitarra), y dos músicos más que le han acompañado durante muchos años, Tony Shanahan y Seb Rochford. Con ellos y sus acordes fue como su música inundó de magia el pequeño teatro asturiano, con un aforo para 400 personas, que tuvieron el privilegio de escuchar en directo temas como Redondo beach, Ghost dance, Nine, The crystal ship, Break it up, Fireflies, y Pissing in a river, entre otras. Además, por supuesto, de uno de sus grandes éxitos compartidos, Because the night, que escribió con Bruce Springsteen y se convirtió en un éxito mundial. También interpretó otros dos de sus “himnos”, de las canciones que la han convertido en una leyenda viva: Peaceable Kingdom y People have the power, que desató la euforia del público.

Durante el concierto recordó a algunas figuras que le han convertido en artista, que le han enseñado a cómo crear y descubrir nuevas formas de expresión, como Federico García Lorca y su poética imbricada de cultura popular y belleza; o Arthur Rumbaud, a quien leyó con tan sólo 14 años y le deslumbró su métrica y sus sentencias poéticas que la penetraban como dagas afiladas y al que describió como “el capitán borracho de un barco, navegando a la deriva, buscando nuevos sentidos”; o Picasso, quien con su cubismo le permitió entender que la expresión artística no tiene límites, que puede ser de muchas formas; y a Jim Morrison, a quien le quiso rendir un homenaje con una versión de The crystal ship, del primer disco de la banda y con la canción Break it up.

Uno de los momentos más vibrantes del concierto fue cuando interpretó Peaceable kingdom, la canción dedicada a la activista Rachel Corrie, a quien las fuerzas militares israelíes mataron en Gaza en 2003. Ahí hizo un alegato contra “las guerras, el hambre y el genocidio que han vuelto ahora a la franja. Confiemos en que las cosas se puedan reconstruir en el futuro”, sentenció.

Y finalizó la velada con su himno People have the power, al recordar que “esta canción la escribimos para el futuro”.

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