La Redacción
La Serie Mundial marca el momento cúspide en el calendario del beisbol de las Grandes Ligas. Llegar a esta cita no solo define el legado de franquicias y aficiones históricas, sino también el temple necesario para competir bajo máxima presión. Los Cerveceros de Milwaukee lo demostraron hasta el último lanzamiento del encuentro inaugural, porque —parafraseando al legendario receptor de los Yanquis de Nueva York, Yogi Berra— en este deporte el juego no se termina hasta que cae el último out. Con dos hombres en base y un estadio repleto, pero enmudecido por los nervios, los campeones de la Liga Nacional superaron 3-2 a los Rays de Tampa Bay en el Clásico de Otoño.
Si el desenlace exigía una combinación de euforia y dramatismo, Trevor Megill se encargó de hacerlo posible. Tomó el lugar de Aaron Ashby en el montículo para cerrar una sólida labor de sus compañeros, pero no pudo salir limpio de la novena entrada. Con las bases llenas, el lanzador de Cerveceros celebró un doble play que parecía sentenciar la noche, hasta que los Rays retaron la decisión del árbitro. Al notar que el segunda base no pisó la almohadilla al momento de marcar el out, Tampa se puso a una carrera del empate y dejó corredores en posición de anotar.
Entre resoplos y miradas al cielo, Megill logró sellar el triunfo al ponchar a Jonny DeLuca. Miles de aficionados celebraron entonces con la franela de los Cerveceros. Amigos se abrazaron y desconocidos conversaron en grupo sobre una final inédita en las Grandes Ligas. A pesar del clamor por la victoria, hoy pocos se atreven a adelantar un resultado definitivo.
En esta serie al mejor de siete partidos, los Cerveceros tomaron ventaja en la búsqueda de su primer título de las Mayores. Los locales mostraron una potente alineación, una defensa sólida y un efectivo bullpen de relevistas, mientras que Tampa Bay intentó sorprender con robos de base. Al menos en tres ocasiones —en la segunda, quinta y sexta entrada— Víctor Mesa y el mexicano Jonathan Aranda corrieron a la velocidad de los lanzamientos, pero quedaron atrapados a mitad de camino y sumaron ponches.
Jonathan Aranda destaca con tres imparables
Aranda pegó tres sencillos —entre ellos, el primero de esta Serie Mundial—, recibió una base por bolas y anotó una carrera. Su compatriota Manuel Rodríguez no tuvo actividad y observó las acciones desde la banca, al igual que JoJo Romero por Milwaukee; Joey Ortiz, por su parte, ingresó en la novena. A pesar de los intentos fallidos por revertir la solidez de la casa, Aranda reflejó la pasión de un deporte profundamente arraigado en México, conectando sólidos batazos que actuaron como un bálsamo para aquellos compatriotas que atraviesan momentos de crisis y falta de horizontes debido a las políticas migratorias en Estados Unidos.
Misiorowski rompe récord de velocidad en Serie Mundial
Jacob Misiorowski, abridor de Milwaukee, rompió el récord del lanzamiento más rápido en una Serie Mundial al enviar una recta de 103.5 mph a Yandy Díaz, de los Rays. El diestro, de 24 años, permitió una carrera y cuatro hits en cinco entradas, con tres ponches, retirándose con una ventaja de 2-1. Su primer pitcheo, considerado bola por encima de la zona de strike, apareció a 103.4 mph en las pantallas gigantes del estadio, aunque el sistema Statcast de la MLB lo registró oficialmente en 103.5 mph.
Aroldis Chapman, con los Chicago Cubs, poseía la marca anterior para un lanzador en un Clásico de Otoño con 103.2 mph en la novena entrada del Juego 2 de 2016, un pitcheo que derivó en un rodado a segunda base de Coco Crisp, de Cleveland.
Por los Rays subió al montículo el veterano Nick Martínez, castigado desde su primer lanzamiento por Jackson Chourio, quien produjo dos imparables, impulsó una carrera y anotó otra. En el primer episodio, el abridor de Tampa permitió dos de las tres carreras tras un triple con línea al jardín central de Christian Yelich y un sencillo de William Contreras. Cooper Pratt, quien recibió base por bolas en la séptima, anotó la tercera rayita.
Antes de que Misiorowski concluyera su labor, Tampa Bay descontó en el cuarto rollo cuando Jonathan Aranda negoció pasaporte, avanzó a tercera con un doblete de Junior Caminero por encima del jardinero central Garrett Mitchell y anotó tras un rodado de Liam Hicks hacia el primera base Jake Bauers. Uno de los sentimientos más visibles en medio del ambiente general fue la reivindicación de que los conjuntos de menor presupuesto también pueden ganar el máximo título de la MLB, a la par de las franquicias con mayor poderío económico.
Según datos de la agencia AP, el ganador del primer juego alzó el campeonato de las Grandes Ligas el 62.8 por ciento de las veces. El segundo capítulo entre ambos equipos se llevará a cabo esta tarde.







