Ignacio Betancourt
El desfase entre gobernantes y ciudadanía es abismal. Mientras el priísmo supercorrupto se comporta como si habitara en los tiempos de Díaz Ordaz, los ciudadanos sobreviven en los albores del siglo XXI, de ahí que la realidad del actual gobierno lo aleje dramáticamente de las exigencias de un presente nacional que no imaginan los impunes. Los problemas del año 2016 no pueden ser resueltos a la manera de los años sesenta del pasado siglo; lo que los gobernantes imaginan como solución, por ejemplo el reprimir, sólo está provocando una acumulación extrema de indignación, un volcán que más pronto que tarde habrá de estallar. Cuando a alguien le preguntan ¿cómo está? responde “sobrevivo”; lo cual ya es ganancia pues en este México de los copetes parlantes generalmente la sobrevivencia es la más alta aspiración.
Cuando la inmensa mayoría de los mexicanos padece, el grupo gobernante se enriquece a manos llenas en contubernios cada día más desvergonzados; cuando el ciudadano honesto desfallece, los depredadores incrementan sus espectaculares ganancias; mientras todo lo malo se acumula como nefasta maldición, funcionarios y grandes empresarios hinchan sus bolsillos a punto de reventar. Nunca olvidaré lo que una mujer me dijo en una manifestación: “cuando estos desgraciados lo hayan envenenado todo ¿irán a comer billetes? Tortas de dólares, tacos de oro, gorditas de pesos.
La delincuencia organizada se inscribe en un solo organigrama, funcionarios y capos son similares en su actuar y unos y otros se agreden o se protegen según sus muy particulares intereses, que obviamente no son los intereses de la mayoría de los mexicanos. Cuando la frontera entre vivir y morir se hace invisible, es la hora de las grandes transformaciones. Citando a José Martí habrá que gritar: Todo al fuego, hasta el arte para alimentar la hoguera.
Como ninguna sociedad se suicida, simplemente va generando, de las más diversas maneras, estrategias populares de resistencia que se materializan en el momento más inesperado para los depredadores, y entonces sí: que el Señor nos coja confesados; lo terrible de esa expectativa es que tales insurrecciones son espectacularmente caóticas, y verdugos y víctimas son arrasados por igual. Las carencias organizativas y de dirección son convertidas en desórdenes multitudinarios que incendian el presente, y entre el humo y los despojos se prefigura un porvenir impreciso y lleno de incertidumbre, con la única ventaja de que lo cotidiano estalla y corrupción e impunidad resultarán inútiles para quienes habitan en los palacios del poder económico y político. Las catedrales, los bancos, los palacios gubernamentales (nacionales, estatales y municipales) se desmoronarán arrastrando en su caída a la colección de criminales que ya no podrán continuar con su “patriótica” labor. ¿Apocalíptico? ¿desmesurado? ¿irreal? Solamente la aspiración más lógica ante tanto avasallamiento.
Y pasando a la reiterada referencia del ya largo conflicto entre los ciudadanos (académicos y artistas independientes) del Colectivo de Colectivos y la burocracia cultural del Estado, la Secult, se informa que la respuesta de la secretaría ante la documentada denuncia en contra del “encargado” del Centro Cultural Mariano Jiménez (un tal Alfredo Narváez Ochoa) quien desde el pasado mes de febrero, con especial ahínco se dedica a insultar y provocar al Colectivo de Colectivos que desde hace dos años coordina dicho centro, en increíblemente cínica respuesta del secretario quien en oficio fechado el 14 de abril del presente año manifiesta sin empacho: la dependencia a la cual represento en ningún momento ha tenido la intención de finalizar el diálogo con ustedes (pese a que los representantes de la Secult en la Comisión mixta, desde hace dos meses no firman las minutas de las reuniones de la Comisión Mixta que arbitrariamente Narváez Ochoa se niega a reconocer).
Luego de las atrocidades que el “encargado” cotidianamente realiza contra los colectivos Armando Herrera aún declara: que jamás se han permitido ni se permitirán arbitrariedades (aunque el “encargado” descuelgue exposiciones sin avisar a nadie, llame a la policía, desconozca la programación que la Comisión Mixta determina, programe a su antojo y lleve golpeadores –de todo eso el colectivo tiene pruebas, documentos y fotografías–). El secretario de Cultura remata su oficio citando artículos de la Ley Orgánica de la Administración Pública del Estado y del Reglamento Interior de la Secretaría de Cultura, como si una argumentación leguleya pudiera desaparecer las flagrantes violaciones que el “encargado” realiza impunemente con la implícita complacencia de la Secult.
Los ciudadanos que integran el Colectivo de Colectivos han presentado una queja en la Comisión Estatal de Derechos Humanos y están a la espera de su accionar, lo cual se dará a conocer en su oportunidad. Las agresiones que con la complicidad o la indiferencia de la Secult realiza el “encargado” continúan sin que se vislumbre un alto a sus excesos, por más que el secretario de Cultura cite artículos y mienta con increíble desfachatez. ¿Será tan grave la participación ciudadana en las decisiones sobre un centro cultural que ni presupuesto tiene? (aunque la secretaría aplica dos millones de pesos anuales en los sueldos de quienes cobran por hacer nada o se dedican a agredir y amenazar como si tales excesos fueran la normalidad en el funcionamiento de la Secult).
Del español Gabriel Celaya (1911-1991) su texto La poesía es una arma cargada de futuro: Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,/ más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,/ fieramente existiendo, ciegamente afirmando,/ como un pulso que golpea las tinieblas,/ que golpea las tinieblas.// Cuando se miran de frente/ los vertiginosos ojos claros de la muerte,/ se dicen las verdades;/ las bárbaras, terribles, amorosas crueldades,/ amorosas crueldades.// Poesía para el pobre, poesía necesaria/ como el pan de cada día,/ como el aire que exigimos trece veces por minuto/ para ser y en tanto somos, dar un sí que glorifica.// Porque vivimos agolpes, porque apenas si nos dejan/ decir que somos quien somos,/ nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno./ Estamos tocando el fondo,/ estamos tocando el fondo.// Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por estos lares/ que, llenándose las manos, se desentienden y evaden./ Maldigo la poesía de los que toman partido,/ partido hasta forrarse.// Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren/ y canto respirando./ Canto y canto, y cantando más allá de mis penas,/ de mis penas personales, me ensancho,/ me ensancho.//No es una poesía gota a gota pensada./ No es un bello producto. No es un fruto perfecto./ Es lo más necesario: lo que no tiene nombre./ Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.// Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan/ decir que somos quien somos,/ nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno./ Estamos tocando el fondo,/ seguimos tocando el fondo.





