Ciudad de México. La maratonista Madaí Pérez estará ausente en su hogar, por lo que se quedará sin festejar con su hija Kenia, de seis años, y su hijo Kenjiro, de 14, el Día de la Madre, debido a que está concentrada en La Malinche, Tlaxcala, en su preparación para los Juegos Olímpicos Río 2016.
Las concentraciones son el único periodo en su vida que la obliga alejarse de sus hijos, quienes están conscientes de esa situación, incluso la pequeña, antes de ir al Maratón de Hamburgo, Alemania, donde dio la marca clasificatoria hacia Río, le dijo: “Mamá, ve por la marca, aunque tengas que ir de campamento nuevamente”.
Con 36 años, Pérez Carrillo en entrevista con Notimex, manifestó la emoción de ser mamá. “Es parte de la realización como mujer. Más que una meta, es como un sueño. Para mí es como unos Juegos Olímpicos, es una medalla olímpica el tener a mis hijos”.
Procrear a sus vástagos no lo ve como una responsabilidad, lo vive como una felicidad, la oportunidad de construir seres maravillosos, “con la ayuda de Dios. Mis pequeños son un sueño, una ilusión y verlos realizados, crecer y disfrutar cada etapa, que me digan mamá no tiene precio, no es comparable con nada, es algo inexplicable”.
Sus sentimientos le permiten decir que cada momento que convive con ellos jamás lo volverá a vivir, “jamás va a pasar otra vez, por eso es disfrutarlos, Dios me los da y ellos tienen que volar algún día y quiero verlos volar y volar en grande”.
Se considera una bendecida por Dios por ser corredora y ser mamá, porque son dos actividades que adora y no las cambiaría por nada en el mundo.
Comparte que el correr le permite no tener horarios fijos y aunque es una disciplina, puede adaptarse a los entrenamientos y trata de no perderse ningún momento importante en la vida de sus retoños.
Para convivir, comentó que lo único que debe ser una familia, es ser un equipo, porque ellos han crecido con el deporte, con el atletismo, “se desayuna, se come y se cena atletismo y saben lo que hago y lo que disfruto”.
Detalló que desde muy pequeños no entendían lo que hacía su mamá, pero al paso de los años se involucraron en su actividad, tanto que su hijo de 14 años está muy atento de lo que pasa en el atletismo mundial.
“El primer hijo no fue planeado y fue en un momento en que todavía no incursionaba en el alto rendimiento y mi hija sí fue planeada, fue después de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, y los dos fueron esperados con mucho amor”, expresó.
Disfrutó mucho los embarazos, etapa en la cual caminaba, pero jamás tuvo prisa por volver a correr. “Luego del nacimiento de ellos disfruté mi atletismo y ese momento de mamá. A los tres meses, despacio y sin ansias, volví a las prácticas”.
Pérez, quien quedó séptima en la maratón del Campeonato Mundial de Atletismo Moscú 2013, separa bien sus dos actividades. “Cuando soy mamá, soy mamá y cuando tengo que correr, tengo que correr. Vivo a mis hijos antes y después de la competencia”.
Durante la carrera se concentra demasiado, disfruta esos 42 kilómetros 195 metros, vive esas altas y bajas de cansancio físico y mental, pero únicamente piensa en su objetivo, en su meta, en ese momento de la prueba, en desarrollar un rendimiento que le permita obtener el mejor resultado.
“Después de cruzar la meta y cumplir el objetivo, como sucedió en Hamburgo, al clasificar a los Juegos Olímpicos Río 2016, se dan las llamadas telefónicas, hablo con mis hijos, me felicitan y disfrutamos ese momento, ese resultado. Para mí esas dos cosas son sagradas”.
Con una pizca de tristeza compartió que ir de campamento es el punto más duro, pues se aísla para un mejoramiento deportivo y sus hijos se quedan en casa.
“El punto importante es que mi pareja es mi entrenador, me facilita la vida el atletismo mucho tiempo y ser mamá, porque no bajo de La Malinche y no voy a la casa, estoy concentrada en lo que hago y él es quien se encarga de todo lo que sucede en el hogar, yo únicamente me dedico a correr, y sí mantengo contacto telefónico con ellos”, indicó.
Después del mundial de Moscú, a Madaí Pérez se le diagnosticó una fibrosis en el tobillo izquierdo, malestar que la postró al retiro, pero fue intervenida quirúrgicamente, se rehabilitó y casi dos años después estuvo de regreso para clasificar a los próximos Juegos Olímpicos.
Sus hijos, Kenjiro y Kenia, y su esposo-entrenador Odilón Cuahutle, además de familiares y amistades, la impulsaron en los momentos más críticos de la lesión “a no colgar los tenis”.
Su hijo está sorprendido con su recuperación y logros, por lo cual le dice: “eres una campeona, eres ejemplar”, y la nena la colma de expresiones de cariño, “te adoro mamá”.
La originaria de Tlaxcala, analiza la importancia de la mujer, al decir que se ha avanzado mucho, “pero nos cuesta y tenemos que luchar contra esos tabús, sobre todo en algunas poblaciones”.
Apuntó que requieren tener claro, que tanto mujeres como hombres, son un equipo en la familia, “todos podemos ser campeones, podemos ser más de lo que intentamos ser, no nos pongamos obstáculos”.
Enfatizó que el deporte no es un obstáculo para ser mamá, sino un impulso para llegar hacia donde se quiere. “El deporte lo podemos realizar como hijas, como madres y como esposas. Deseo un feliz día a todas las mamas”.





