Bagdad. Las autoridades iraquíes se han anotado varias victorias en su campaña contra el grupo Estado Islámico, pero siguen sin poder impedir los atentados en pleno corazón de Bagdad, lo que ha generado enérgicas críticas de la población.
Los bagdadíes manifestaron de nuevo su cólera después del atentado que el domingo mató al menos a 213 personas en una concurrida calle de Karada, un barrio de mayoría chiíta.
“La mayor parte del tiempo, el gobierno iraquí apenas puede controlar la seguridad”, constata Patrick Skinner, un ex oficial de la Agencia Central de Inteligencia estadunidense que trabaja ahora para el instituto Soufan Group.
“Eso está ahora claro, y por desgracia es de prever que haya más atentados”, vaticinó.
Los atentados con coche bomba efectuados por suicidas son extremadamente difíciles de prevenir en una ciudad tan densamente poblada como Bagdad, donde a diario entran miles de vehículos. El primer ministro iraquí, Haider al Abadi, fue blanco de todo tipo de críticas, y trató de responder a ellas con al anuncio de una serie de medidas.
Concretamente, ordenó la retirada de los detectores de explosivos, considerados como totalmente ineficaces. Este material se lo vendió a Irak un empresario británico, James McCormick, condenado en 2013 en su país a diez años de prisión por fraude.
Sin embargo, en el centro de Bagdad, este lunes podía verse a policías y soldados utilizando los detectores en los retenes. Según dijeron no habían recibido todavía la orden de deshacerse de ellos.
Al Abadi ordenó en paralelo al ministerio del Interior que acelere el despliegue de un dispositivo para controlar más eficazmente los vehículos en todas las entradas de la capital.
Igualmente ha prohibido que el personal de seguridad use celulares en horas de servicio, para que no se distraiga, aunque la medida se anuncia difícil de aplicar.
E incluso si se aplicaran plenamente esas directrices, no permitirían disuadir del todo a unos yihadistas bien informados y dispuestos a morir.
“Preveo un regreso de los atentados con coche bomba y artefactos explosivos”, indicó Aymen al Tamimi, investigador y especialista de movimientos yihadistas en el Middle East Forum.
Al Tamimi hizo un paralelo con la situación de 2009, cuando el predecesor del EI, el Estado Islámico en Irak, se dedicó a atentar contra edificios gubernamentales en Bagdad “mientras sufría reveses” en el terreno. En los últimos meses se ha incrementado la presión sobre el EI, que ha perdido buena parte de los territorios conquistados en Irak en su ofensiva fulgurante de 2014.
Las fuerzas iraquíes, apoyadas por los bombardeos aéreos de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, reconquistaron últimamente Tikrit, Ramadi y Faluyá. Con esto, a los yihadistas sólo les queda la norteña Mosul.
En este contexto, el atentado del domino demuestra que el EI “se está convirtiendo de nuevo en un grupo terrorista”, después de haber intentado crear un califato, destaca Skinner. En ese sentido, “lo de Karada demuestra desgraciadamente lo que podría ocurrir en el futuro”, alertó.





