Jaime Nava
Los profesores de la primaria Francisco González Bocanegra trabajan desde hace meses “bajo protesta” según puede apreciarse en diversas lonas colocadas en el perímetro de la escuela. La oposición de los maestros radica en que desde la implementación de la reforma educativa se dieron cuenta de que en lugar de estar enfocada a la educación la reforma toca aspectos laborales que, en su mayoría, ya han comenzado a sentir en los ingresos que perciben.
Su directora, Liliana Gómez, explicó que las lonas fueron colocadas “para que la comunidad supiera que estamos en contra pero que seguimos trabajando” y, aunque llegó a convertirse en directora de la primaria luego de haber presentado un examen derivado de la reforma educativa; no obstante, como los demás maestros, se ha visto afectada con la desaparición de la carrera magisterial como sistema de promoción y estímulos, por ello coincidió en que la reforma educativa en realidad es una reforma laboral.
“Yo no estoy en contra de la evaluación y yo creo que la mayoría de los maestros no están en contra de ser evaluados […] de hecho lo hacíamos con carrera magisterial nos sometíamos voluntariamente a una evaluación, el temor de los maestros es la falta de seguridad en nuestras cláusulas laborales”, detalló la directora de la primaria que cuenta con 12 aulas para atender a 341 alumnos.
Con la reforma, los maestros hemos perdido la credibilidad de la gente
Por su parte Rogelio Pérez Castillo maestro que algunos de sus compañeros eligieron para ser entrevistado por La Jornada San Luis, refirió que a partir de la reforma educativa los maestros han perdido la credibilidad de la gente y el liderazgo que antes se tenía en la sociedad. Aseveró que si el sistema educativo se ha mantenido hasta ahora es porque entre los maestros existe gente trabajadora y porque los papás y los niños tienen interés.
Consideró que el sindicalismo ha perdido fuerza de negociación frente al estado y aseguró que con la pérdida de derechos laborales y la extensión de las jornadas, como en el caso de algunos obreros, “estamos regresando al porfiriato, cuando se supone que no debiera de ser así porque estamos más preparados que hace cien años pero nuestro gobierno nos está dando iniciativas como para hacer un levantamiento armado”.
Pérez Castillo, quién además cuenta con maestría en educación, dijo que existe un sentimiento de “desolación” al no encontrar a quién decirle que están de acuerdo en ciertas necesidades educativas o deficiencias y que están dispuestos a ser examinados así como a hacer lo necesario para elevar la calidad educativa; pero, sin que ello implique la pérdida de derechos, “a las evaluaciones no les tenemos miedo, siempre hemos sido evaluados”.
Lamentó que al presentar la evaluación educativa ésta no fuera para valorar los conocimientos que tienen los profesores sobre las asignaturas que imparten sino que, por el contrario, las preguntas que contenía la evaluación fueran sobre posibles situaciones que podrían presentarse en los salones de clase o en la escuela. “Yo no sé quién hizo ese examen pero se nota un desconocimiento de primeros auxilios, una pregunta decía ‘¿qué se tenía que hacer si un niño tenía un accidente en pleno patio?’” y aseguró que ninguna de las opciones era correcta ya que todas implicaban mover al alumno “cuando no se debe mover al alumno hasta que llegue el especialista”.
Expuso que han sido cautelosos con demostrar su descontento con la reforma porque frente a los tanques nada más tienen piedras para defenderse; asimismo dijo esperar que al ver el esfuerzo que hacen, los alumnos puedan superarlos y no tengan ningún temor de defender sus derechos para que puedan hacer cosas mejores.





