Ciudad de México. “No soy el mejor, pero soy valiente y fino”, se describe Abner Mares, quien después de tres años vuelve a ser campeón mundial, tras perderlo con un nocaut de Jhonny González que le arrancó el cetro y la confianza.
“Perdí el piso con lo que conseguí en un año y medio, todo me llegó muy rápido: el título, convertirme campeón en tres divisiones distintas. Todo eso me mareó y me hizo arrogante. Esa derrota me devolvió la humildad”, confiesa el tapatío, que venció el sábado al argentino Jesús Cuéllar por el título pluma de la OMB, en Los Ángeles.
“Dejé año y medio de pelear, tuve una lesión y cambié de entrenador, ahora con Roberto Rodríguez tuve que aprender de nuevo, ya tenía mucho adelantado, pero fue como empezar de nuevo y volví en mi mejor versión, con el ánimo de enfrentar a la élite del boxeo”.
Después del aclamado combate en el que perdió ante el mexicano Leo Santa Cruz, el tapatío estuvo un año y medio alejado del cuadrilátero. Volvió en una versión más musculosa y potente que le permitió abatir a un difícil rival como Cuéllar.
“Como digo, no seré un peleador temido, sino uno que se da a respetar”, dice el peleador que tuvo que aprender a tener confianza de nuevo.
“Perder como lo hice ante Jhonny González no sólo te arrebata un cinturón, sino que se va también la confianza y la credibilidad en uno mismo. Por eso al ganar el sábado grité emocionado: soy el campeón, porque ahí expresé todo lo que trabajé para volver”.





