Arturo Cruz Bárcenas

Ciudad de México. Un niño y un caballo son el centro de una narración poético-teatral materializada por medio de máscaras, que son un poder en sí para comunicar sentimientos profundos, expuestos en la obra Caballo blanco, que se presenta los sábados y domingos, a las 13:00 horas, en el Teatro El Milagro.

Se trata de una creación escénica del Laboratorio de la Máscara, un juego poético sobre los valores esenciales.

En entrevista, Alicia Martínez Alvarez, la autora, explicó que el entrenamiento actoral para esta puesta en escena se basa en la Comedia dell’arte.

El teatro de máscaras, precisó, es una tradición que viene desde las farsas atelanas romanas. En México se utilizan también en los rituales, las festividades y celebraciones de los pueblos originarios. “Nuestro teatro de máscaras se inspira en ambas tradiciones. Es una propuesta visual y lúdica que abre la fiesta de la imaginación porque mira de frente a los espectadores; ellos se identifican con los personajes, se proyectan en sus dramas y emociones, y se produce la magia de la comunicación, de una manera franca y directa.”

Destacó que Teatro El Milagro no presenta regularmente obras para niños, por lo que esta es la primera apuesta por este tipo de propuestas. “Es un espectáculo lleno de poesía que exalta la amistad entre un niño y un caballo salvaje que se niega a ser domado. Una historia de amor, pero también un juego escénico que habla de lealtad, solidaridad y respeto entre las especies. Juego poético sobre los valores universales.”

Escrito por Alicia Martínez Álvarez, en Caballo blanco la sonoridad cobra un gran dinamismo a través de percusiones generadas por el zapateado de los actores. Se suma la belleza visual de las esculturas escénicas y el juego físico que crea las máscaras.

Las actuaciones corren a cargo de Martín Pérez, Fernando Huerta Zamacona, Alberto Cerz Daniel Loyola y Edgar Alonso. Su entrenamiento recupera el paradigma de los comediantes dell’arte; es decir, son actores que bailan, cantan, improvisan, juegan e intervienen de manera activa en la historia que se narra.

“La propuesta visual y sonora sintetiza las acciones y convoca la poesía. Un caballo, un domador, un niño y un abuelo encarnan la eterna lucha entre la opresión y la libertad, el respeto y el cuidado a las especies, contrario a la extrema domesticación que esclaviza y domina. La cabalgata de caballos libres, en contraste con la de caballos conducidos por jinetes; los relinchos, las persecuciones, los latidos del corazón desbocado del niño, las pisadas dentro de los pantanos, el gran incendio, las olas del mar… Estos son los paisajes sonoros que habitan la historia y dan ritmo a los personajes y los acontecimientos.”

Agregó que la fascinación que el hombre tiene por los caballos tiene que ver con la fuerza éstos. En la fuerza radica la voluntad para impulsarnos. En la mirada de los caballos encuentro una expresión cercana de tristeza, de melancolía, de personas que conozco. Eso me conmueve del caballo. Se alimenta de hiervas, pero tiene gran fuerza. Es un gran compañero del hombre en su búsqueda por el juego. Es cómplice.

“Yo me inspiro en una película, en un cortometraje francés de los años cincuenta. Caballo blanco es un canto de libertad. Nos hace recordar la necesidad de responder a nuestros impulsos, a nuestros deseos, de querer volar, de no parar. De hacer todo lo que hemos dejado de hacer. La sociedad nos controla. Caballo blanco es libre y rechaza las riendas. El niño entiende esta dimensión.”

Son cinco personajes y cuatro máscaras. La música es otro personaje. “Hay un final que a algunos les parecerá triste. Conmueve. Cada quien imaginará qué les pasó.”

La temporada de Caballo blanco será hasta el 26 de febrero. La cita es los sábados y domingos, a las 13:00 horas, en el Teatro el Milagro (Milán 24, entre Lucerna y General Prim, colonia Juárez). Entrada general $100.00; descuentos $60.00.

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