Caracas. Maduro encabezará una concentración de sus seguidores en la Plaza Bolívar, en el centro de Caracas, considerado bastión de los chavistas y donde están el CNE, el TSJ y otros poderes públicos.
“El 1º de mayo le pertenece a la clase obrera. No es día de capitalismo ni de derechas”, aseguró el mandatario socialista, en su programa dominical.
Maduro asegura que sus adversarios buscan darle un golpe de Estado para propiciar una intervención extranjera; en tanto que la oposición lo acusan de instaurar una “dictadura”.
La “emboscada” de abril
Desde que estallaron las protestas el 1 de abril, los enfrentamientos entre antimotines y manifestantes, saqueos y tiroteos, han dejado 28 muertos y cientos de heridos, de lo que se acusan mutuamente gobierno y oposición.
“Ha sido una verdadera emboscada, una arremetida violenta para caotizar a la sociedad, asaltar el poder político e imponer en Venezuela una contrarrevolución violenta”, dijo Maduro.
La convulsión política ha hallado terreno fértil en un país que, pese a tener las mayores reservas petroleras del planeta, sufre una severa escasez de alimentos y medicinas y una inflación, la más alta del mundo, que el FMI cifra en 720 por ciento para 2017.
En víspera de la conmemoración del Día del Trabajador, Maduro aumentó el ingreso mínimo mensual -salario básico y bono alimentario- de 150 mil a 200 mil bolívares (280 dólares a la tasa oficial más alta y 50 dólares en el mercado paralelo).
El presidente socialista ha asomado la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente, sin dar detalles, por lo que su discurso del Día del Trabajador ha generado expectativa.
Diálogo pero con garantías
Buscando bajar la tensión, Maduro reiteró sus llamado al diálogo y dijo desear unas elecciones. Pero se refiere a las de gobernadores -que debieron realizarse en 2016-, descartando un adelanto de las presidenciales de diciembre de 2018.
“Si digo diálogo, huyen despavoridos, no quieren diálogo (…) Yo respeto las expresiones del papa”, expresó el domingo.
El papa Francisco llamó el fin de semana a acabar con la violencia en Venezuela y renovó la oferta de ayudar a un diálogo, pero con “condiciones muy claras”, al recordar el fallido proceso que acompañó el Vaticano a fines de 2016.
Ocho países latinoamericanos respaldaron al Papa, a quien la oposición reafirmó en una carta su negativa a una negociación “si no hay garantías”.
El conflicto ha complicado las relaciones internacionales de Venezuela, que el viernes inició su retiro de la Organización de Estados Americanos (OEA), acusándola de impulsar una intervención extranjera.
El martes, el gobierno venezolano buscará respaldo en una reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en El Salvador.





