Ignacio Betancourt

Mirar la tempestad y no hincarse, sería el diagnóstico indudable para el actual gobierno mexicano y sus cómplices. Es también la enfermedad social que corroe a un partido que sólo habita en el entusiasmo de su autoritarismo. Si la necedad insiste en convertirse en la única virtud de irredentos malhechores, la nación gobernada por ellos naufraga con todo y partidos paleros y especímenes que les rodean. Tierras y aguas, plantas y animales, ciudadanos y ciudadanas lo resentirán. En pocas palabras: casi todo se irá al carajo (para ricos y pobres).

Lamentablemente cuando cualquier intento de racionalidad popular pretende iluminar aunque sea tenuemente la oscuridad social (llámese impunidad, corrupción, disfuncionalidad, etcétera), los posibles afectados (entiéndase la mayoría de funcionarios y grandes empresarios) de inmediato ponen el grito en el cielo pues saben que nada debe cambiar para que ellos puedan continuar medrando (son múltiples los ejemplos). Con gran presteza los partidos políticos y sus achichincles se ponen al servicio de la inmovilidad más ominosa y se incrementa la represión, inútil como solución y además grave para el tejido social, aunque evidentemente necesaria en el corto plazo para criminales y gobernantes (que vienen siendo lo mismo).

Para un partido como el PRI, autonombrado representante de la Revolución de 1910 pero que luego de tal usurpación se volvió incapaz de evolucionar; actualmente carcomido por las peores complicidades y aferrado a la disfuncionalidad más letal para millones de mexicanos, su destino no puede ser más que el caos social, el retorno a la vida salvaje y al sálvese quien pueda, y a la criminal salida de capitales (depredan y se van), y a la impunidad más absoluta porque todo tipo de controles jurídicos desaparecen o serán ignorados (sí, suena apocalíptico pero no inverosímil).

Mientras la suicida esquizofrenia social del gobierno priísta y panista y perredista no se evite en lo inmediato, las consecuencias tendremos que lamentarlas todos (o casi). No existe peor enfermo que quien se niega a curarse.

Aunque los problemas sociales parezcan ser siempre los mismos, contienen diferencias internas a veces poco visibles pero que los hacen diferir de “los problemas de siempre”. Cuando un gobierno nacional (o también algunas organizaciones populares) se obstinan en resolver los problemas actuales de la misma manera como los enfrentaban en el siglo pasado, se pierde objetividad y entonces sí, la construcción de una renovada objetividad resulta tarea urgente para toda la ciudadanía.

Reloj Actual - Hora Centro de México