María del Pilar Torres Anguiano
Yo no veo televisión, dicen unos. Odio el futbol, dicen otros. Y unos cuantos más aseguran que, orgullosamente, jamás han visto una sola película de Star Wars. Desde luego, intuyo en dónde consideran ellos que radica tal motivo de orgullo, pero no lo comparto. Odiar el futbol, las telenovelas o cualquier manifestación de la cultura popular es perfectamente respetable, no así la pedantería que subyace entre quienes enarbolan lo anterior, como si fuera un manifiesto de corriente literaria. Probablemente los fabricantes de indicadores de intelectualidad consideran que no haber visto esas cosas automáticamente te convierte en Cortázar. El silogismo es simple: Julio Cortázar nunca vio Star Wars. Yo no veo Star Wars. Luego, yo soy Julio Cortázar. ¿O cómo era?
Lo anterior equivale a una falacia llamada Non Causa Pro Causa y es de lo más común en el mundo. Así, las empresas, gobiernos y otras instituciones manipulan la opinión pública olvidando que un indicador es un ens per accidens, como decimos en filosofía. Un accidente remite a la esencia, pero no debe confundirse con ella. Cada quien puede hacer con su conocimiento lo que le venga en gana, faltaba más. Pero es mejor entender a la filosofía como una forma de vida. Materialmente, la filosofía está en todas partes. Para muestra, me permito un ejemplo de Star Wars (me niego a llamarle La Guerra de las Galaxias). Están advertidos. Inútil seguir leyendo si son intolerantes a la fuerza, o a la filosofía del helenismo.
En el episodio IV, Ben Kenobi le explica a Luke Skywalker que la Fuerza es lo que le da al Jedi su poder: Es un campo de energía creado por todas las cosas vivientes. Nos rodea, nos penetra, y mantiene unida la Galaxia. Los miembros de la orden Jedi son guardianes de la paz. Por lo tanto, para poder mantener la paz en la galaxia, primero deben mantener la paz en sí mismos, partiendo del principio de que nadie puede dar lo que no tiene. Esto se logra alineando su voluntad con la Fuerza. Lograr lo anterior requiere una serie de virtudes nada fáciles de obtener, pero principalmente, implica una muy particular forma de ver al cosmos, a la cual algunos no podemos evitar encontrarle el lado filosófico, específicamente, en el estoicismo.
La filosofía estoica es una escuela de pensamiento fundada por Zenón en el 301 a. C. y desarrollada durante el periodo helenístico. Toman como referencia directa a Sócrates como modelo de práctica de la virtud. Están influenciados también por la escuela cínica, el platonismo y Heráclito. Además de su fundador, sus grandes exponentes son Séneca, Epícteto y Marco Aurelio. Hombres de acción con un gran sentido práctico, que buscan tanto triunfos militares y políticos, como una sólida moral personal.
El estoicismo plantea dos principios que permanecen en la naturaleza: materia y razón. Esta razón universal o principio activo liga a todas las cosas, está en todas partes y coexiste con la materia. La Naturaleza se identifica con la razón, y liga todas las cosas mediante una ley inexorable. De esta forma de entender al mundo se sigue que en todo cuanto sucede hay una profunda necesidad y una finalidad inevitable; es decir, nada ocurre sin explicación.
Para el estoico, el objeto de la vida humana es lograr la felicidad o bien supremo, que consiste en la ataraxia, un término griego que designa la paz del alma. Ataraxia es un estado en el que el sabio estoico ha superado las circunstancias del mundo exterior y controlado las excitaciones de los sentidos. El sabio es dueño de sí, imperturbable. Es decir, que ha seguido el camino de la razón universal. De tal manera, el hombre que quiere alcanzar tal sabiduría tiene que lograr el orden en su vida a través del uso de la razón. Para algunos, aceptar las cosas tal como son implica un aparente determinismo o pasividad, los estoicos resolvían esta cuestión considerando que la vida humana estaba contenida en el plan general del universo. El individuo puede elegir entre dos caminos: el primero, seguir los dictados de la razón personal y ajustarlos a los del plan universal; el otro, por el contrario, apostar por las pasiones personales y anteponerlas a la razón universal.
Cuando el hombre opta por un camino que contradice a la razón surge el mal, pero para el estoico, el mal moral es ante todo un asunto epistemológico; es decir, el mal surge con el egoísmo, porque nuestra perspectiva se encuentra limitada. Si el hombre, en cambio, observara con mayor detenimiento la lógica del universo, comprobaría que todo ocurre con arreglo a un plan. La verdadera moral consiste, por tanto, en promover el uso adecuado de la razón. Lo fundamental en el hombre consiste en contar con ese privilegio de poder comprender una lógica de conjunto que otros seres desconocen.
Epícteto es el filósofo estoico que más profundamente aborda el tema de la libertad. Aconsejaba buscar la virtud a través de la sabiduría. Seguramente el hecho de haber vivido como esclavo, lo configuró al mismo tiempo con un alma independiente y firme ante lo adverso, y con un gran sentido práctico para plantear la libertad y la felicidad humanas. Epícteto fundamenta su filosofía en una idea sencilla: hay dos tipos de realidades, las que dependen de nosotros y las que salen completamente de nuestro alcance. La razón por la que el hombre no alcanza plenamente la felicidad es porque suele confundirlas. En cambio, para ser realmente libre, dice, hay que tomar como propio lo que depende de nosotros, así nadie nos puede obligar a hacer lo que está en contra de nuestra voluntad. Por el contrario, si nos apoyamos en cosas que no dependen de nosotros, no encontraremos sino desesperación y adversidad. Así, la verdadera libertad es la que procede del espíritu y no de las cosas externas. Tanto el personaje Anakin Skywalker como el filósofo Epícteto, son esclavos liberados y estudian una disciplina que les cambia la vida. Para ambos, la filosofía es una forma de vida y no sólo un objeto de estudio.
Otro de los conceptos esenciales del estoicismo, que va a tener una gran importancia en la creación del derecho romano, fue la visión que tenían los estoicos acerca del mundo y su finalidad. Hacía ver a los seres racionales como reflejo de la Razón Universal y, por tanto, relacionados entre sí y con un destino común. Para ellos, esta Razón debe regir sobre el cosmos y sobre todas las ciudades, en una especie de república universal. A pesar de los siglos transcurridos, la filosofía estoica sigue teniendo validez en una época como la que estamos viviendo por su fuerte carga individualista. Como los estoicos, vivimos en un mundo donde el individuo tiene escaso poder sobre la vida pública y es necesario promover una libertad que nazca de la conciencia humana, de lo que le compete y lo que no.
Actualmente, el término ‘estoico’ en castellano es un adjetivo que designa una actitud moral de fortaleza, valor y ecuanimidad en el carácter. Pero en la práctica, el término está relacionado con la resignación y el aguante. Sin embargo, ésta es sólo una de las lecturas posibles del estoicismo. Por el contrario, para los filósofos estoicos, el objetivo de toda vida humana sigue siendo la felicidad y ésta es posible para todo aquel que precisamente sigue, voluntaria e intencionalmente, el curso de lo natural. Es decir, que se ha hecho uno con la fuerza, como dirían los Jedi.
@vasconceliana





