Israel López Monsivais
En 1985 el grupo de rock argentino Soda Stereo dio a conocer el sencillo Cuando pase el temblor. Los jóvenes mexicanos la adoptaron en los meses posteriores en evocación al terremoto del 19 de setiembre de ese mismo año.
A continuación les comparto un fragmento: “Sé que te encontraré en esas ruinas/ Ya no tendremos que hablar (que hablar)/ Del temblor/ Te besaré en el temblor (lo sé)/ Será un buen momento/ Oh oh/ Hay una grieta en mi corazón/ Un planeta con desilusión/ Oh oh oh oh oh oh oh, el temblor/ (Despiértame) cuando pase el temblor”.
Gustavo Cerati, vocalista y compositor, expresó en una entrevista sobre la canción: “Tengo dos recuerdos bien presentes… quizás el más perdurable tiene que ver cuando tocamos tras el terremoto. A mí me tocó mucho cantarla en el lugar en el que había ocurrido una verdadera tragedia”. Hace 32 años la desdicha nos dejó más de 10 mil muertos, una ciudad devastada, un gobierno que fue rebasado por la sociedad civil y una pena que quedaría grabada en la memoria colectiva.
Hoy, a 32 años de distancia, nos volvió a unir el temblor. Coincidencia de la fatalidad telúrica. Conocí las desgarradoras historias del temblor de 1985 por la lectura. Carlos Monsivais publicó a dos décadas del sismo el libro No sin nosotros: Los días del terremoto (1985-2005). Explicando, narrando y definiendo el rol de la sociedad civil ante la adversidad y la inoperatividad de un gobierno autoritario.
A partir de la recolección de testimonios, entrevistas y crónicas, Elena Poniatowska publicaría en 1988 Nada, nadie: Las voces del temblor, describiendo el sentimiento colectivo que impulso a los rescates y reconstrucción de la megalópolis. Como es sabido, hace 32 años no existían las redes sociales. La radio, televisión y prensa escrita eran los únicos medios de comunicación . El gobierno controlaba la información. A excepción de la revista Proceso y La Jornada la mayoría de los medios estaban alineados con el régimen.
Hoy, a 32 años, las redes sociales se volvieron el sistema de comunicación más eficaz y democrático. Hablar del temblor de 1985 es evocar a los topos, costureras, jóvenes, rescatistas y voluntarios que hicieron caso omiso a las autoridades que ordenaron quedarse en casa. Los ciudadanos tomaron la ciudad, se organizaron, colectivizaron los esfuerzos y la reconstruyeron.
Hablar del terremoto del 19 de septiembre de 2017 es destacar la respuesta inmediata de los capitalinos, en las horas y días posteriores la organización de la comunidad digital se vio reflejada en albergues, víveres, materiales, cadenas de información y rescates. Hoy, a 32 años de camino la solidaridad mexicana sigue intacta, vive, late, recorre nuestra alma y abraza a un pueblo que se levanta como el ave fénix.
Seguramente cuando pase el temblor se analizara la participación política de la sociedad mexicana en estos días y sus posibles efectos en el próximo proceso electoral. En definitiva, en 1985 la sociedad civil se politizo, organizó y comenzó el declive del partido hegemónico. José Antonio Crespo, profesor investigador del CIDE, en su artículo en el periódico El Universal cuestiona los efectos políticos del terremoto en la elección de 1988. (http://www.eluniversal.com.mx/articulo/jose-antonio-crespo/nacion/19s-efectos-politicos).
En los últimos días los millennials (generación nacida entre 1980 y 2000, sucesora de las generaciones X y Baby Boomers) se organizaron en las redes sociales. Se han convertido en un activo de la sociedad civil, héroes anónimos, voluntarios y brigadistas. Contradiciendo los diagnósticos sociales participan, les interesa el prójimo. Denuncian y rechazan a los partidos políticos e instituciones gubernamentales que pretenden lucrar con la desgracia.
El colectivo digital demandó que los partidos políticos regresaran el presupuesto para la reconstrucción de Puebla, Morelos, Ciudad de Mexico, Oaxaca y Chiapas. La colectividad ya se cobró la primera factura de muchas que adeuda la clase política. La fractura entre sociedad civil y partidocracia es evidente. La consiga es sencilla: primero los damnificados. Los políticos mexicanos no están a la altura de las circunstancias. Su egoísmo los ciega, no han dado un solo mensaje en unidad, todos juntos por una sola causa: México.
En San Luis Potosí la respuesta gubernamental fue lenta, torpe y con signos partidarios e institucionales. En cambio, los potosinos respondieron con eficacia comportándose a la altura. Por ejemplo, los hermanos Correa convocaron a la recolecta de víveres en su clínica. A las cinco de la mañana del 20 de septiembre partieron a la Ciudad de Mexico. Los estudiantes de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en las distintas facultades y campus alzaron centros de acopio. Organizaciones y ciudadanos han aglutinado lo necesario para lesionados y desamparados.
La red se inundó de bellas historias, momentos memorables. Hoy, a 32 años, no falló la sociedad civil a la trágica cita. Estoicamente le demostró al mundo de qué están hechos los mexicanos. Son más los buenos en este generoso país. Juan Villoro, escritor y periodista, redacto el poema El puño en alto en memoria de las víctimas y los héroes del terremoto del 19 de septiembre de 2017, Villoro le escribe a la solidaridad y hermandad (http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=120530).
Cuando pase el temblor nos encontraremos en las plazas públicas discutiendo el destino de nuestra polis. Dialogaremos sobre la importancia de la sociedad civil. Cuando pase el temblor nos daremos cuenta que la colectividad venció al individualismo. Alzaremos el puño derecho y cantaremos el Cielito lindo. Cuando pase el temblor nos levantaremos del polvo, escombro y corrupción.
Twitter: @francotiradort1





