Juan Pablo Duch, corresponsal 

Moscú. El montaje del supuesto asesinato en Kíev de Arkadi Babchenko – periodista ruso muy crítico con la política del presidente Vladimir Putin–, ideado por el servicio de seguridad de Ucrania (SBU) para inculpar al Kremlin, provocó este miércoles el efecto contrario al buscado.

La milagrosa reaparición en una conferencia de prensa en la sede del SBU de Babchenko, a quien se creía muerto, se recibió como una auténtica burla y falta de respeto a todos sus colegas, que desde el día anterior estaban consternados por el artero asesinato que nunca existió y ahora se sienten manipulados como piezas de un aberrante juego sucio.

Tras agradecer al gobierno ucranio haberle salvado la vida, Babchenko pidió disculpas a todos los presentes: “Lo siento, pero no había otra manera de hacerlo. He enterrado a colegas y amigos muchas veces, y sé lo que se siente”, dijo a modo de justificación.

Nadie se explica para qué, si en realidad existía un plan para asesinar al periodista, escenificar un crimen que se llevó a cabo sólo en la imaginación de quien el día anterior redactó el boletín informando de su muerte con lujo de detalles inventados, en una ambulancia camino del hospital, acribillado a balazos por la espalda cuando se disponía a abrir la puerta de su casa y demás sandeces.

Según Vasili Gritsak, el director del SBU, Ucrania tiene pruebas irrefutables de que los servicios secretos rusos pagaron 40 mil dólares a un ciudadano ucranio para “organizar el asesinato del periodista”. Aseguró que el sujeto ya fue detenido, pero no explicó de qué manera el montaje del “asesinato” sirvió para neutralizar al supuesto pistolero.

En opinión de muchos periodistas, tanto aquí en Rusia como en Ucrania, es lamentable que Babchenko haya puesto en entredicho su credibilidad al prestarse a esta pantomima.

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