Luis Ricardo Guerrero Romero

Decidí incursionar en el arte la bibliopegia antropodérmica por puro amor a las palabras. Cómo explicarlo, verán, hay palabras tan raras que me estremecen la piel; no sé, podría comenzar con anticonstitucionalista, o quizá traer a mis labios esa actividad que exige unir varias disciplinas, o sea la interdisciplinariedad, o bien algo que utilizo al llevar a cabo mi arte de forraje con piel, el esparadrapo.

Pues así fue como comenzó todo, el lujo de ostentar un nombre interesante sobre mi oficio fue el motivo por el cual me incliné a la bibliopegia antropodérmica. Así me sentí importante, puesto que, al ser cuestionado sobre mi forma de ganarme la vida, yo con un gesto de altivez sonreía diciendo: soy bliogegista antropodérmico. A tal título la pregunta seguía de mis receptores siempre era: ¿y eso qué es, a qué te refieres? Lastimosamente, al explicarles solían alejarse de mí, como si fuese a usar su piel para mi oficio. Pero nunca maté a nadie, yo conseguía los cuerpos de otra manera, digamos que hacía el trabajo que peritos y criminólogos rehúsan hacer, ir en busca de los cadáveres que se quedan por ahí en algunos rumbos desangelados.

Es insustituible dejar a un lado a mis clientes, los compradores de mi arte. Bueno, pues estos son excéntricos lectores o acumuladores de objetos raros que encontraron en mis técnicas la pieza que hacía falta en sus libreros o colecciones. Hay quienes me piden que les investigue nombre y generales de la piel con la que fue forrado su libro, y hay quienes no desean ni saber el sexo.

Yo por el momento, medito sobre la piel de este libro, piel que apenas cumpliría los tres años si la niña no hubiese muerto en la frontera de Tijuana.

No es difícil dimensionar lo importante que es la meditación para cualquier tipo de actividad que vayamos a realizar, en cada instante, incluso en cada palabra escrita se medita, por eso tenemos la antigua costumbre de disponer entre palabra y palabra un espacio en blanco, allí la meditación mora unos segundos, son suspiros de vocales, silencios de consonantes, lugares donde habita algún dios, o el espíritu de alguna persona que cayó en manos de nuestro incomprensible personaje de oficio muy reprobable.

No obstante, el sujeto de la anterior narración parece ser un tipo meditabundo, asimismo pare ser consciente de que la meditación es realizada por muchas culturas y religiones pues según se entiende ésta ayuda a ir al encuentro de los demás y del ser creador. Hay diferentes tipos de meditaciones que fortalecen el alma y subliman el espíritu. Aunque no queda claro qué tipo de meditación realizaba el bibliopegista antropodérmico.

Para hablar de meditación es ineluctable traer acá la Meditación Vipassana del budismo que a mi parecer es una de las más fuertes y con resultados verdaderos. A la fecha cada quien medita como le da la gana. Lo cierto es que por muchas ganas que se tengan si no es un acto serio y trasparente la cosa no sale, o más bien no llega.

La palabra meditación es casi un traspaso tal cual, de la lengua latina al español, puesto que: meditatio (meditacio ˃ meditación) es la voz como se designa a la reflexión en dicha lengua clásica y que conlleva la misma intención que lo hace la Vipassana.

En Roma se realizaba esta meditatio ya para desempeñar una misión, ya para el encuentro con la muerte. Con seguridad los helenos también lo hacían de similar manera, recordemos esa condena terrible y criminal que Sócrates tuvo que pasar en la que ingirió cicuta, bebiendo en ese cáliz la necedad de su pueblo.

A todo esto, lo cierto es que meditar nos conduce por un camino más prudente y por consecuencia a ser hombres de sentido común que tanto hace falta a la sociedad de este mañana que pasa sin futuro en el presente dejando morir en las fronteras a gente inocente e inconsciente.

Reloj Actual - Hora Centro de México