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Jerusalén. La ministra israelí de Cultura, Miri Regev, consideró el domingo un “error” que los bailarines de Madonna salieran con banderas palestinas en la espalda durante su actuación en la final de Eurovisión.
“Fue un error, no se puede mezclar política con un evento cultural, con todo el respeto que le debo a Madonna”, afirmó Regev ante el consejo de ministros semanal.
La ministra, que no asistió a la final de Eurovisión el sábado por la noche en Tel Aviv, criticó ante los periodistas al organismo de radiodifusión israelí, Kan, que según ella falló en su misión al dejar que se vieran en pantalla las banderas palestinas.
La estrella del pop, asidua de Israel, donde ha dado varios conciertos, y adepta de la cábala, mística judía secreta y reservada para los iniciados, resistió a los llamados al boicot que le lanzaron activistas propalestinos, que denunciaban una acto cultural cuyo objetivo, según ellos, era ocultar la realidad del conflicto entre israelíes y palestinos.
“Nunca debemos subestimar el poder de la música para unir a la gente”, dijo Madonna antes de su actuación a los presentadores, que le habían preguntado sobre el mensaje que deseaba dar en Eurovisión.
Se desconoce si Madonna sabía que algunos de sus bailarines saldrían después a escena con banderas israelíes y palestinas.
La edición de 2019 de Eurovisión cumplió con las expectativas de efusión de brillo y extravagancia. La final del festival, declarado abiertamente apolítico, estuvo precedida por llamados al boicot de parte de los activistas propalestinos y no estuvo libre de controversia.
Durante el anuncio de los resultados, los miembros del grupo islandés Hatari, conocido por su oposición a la ocupación israelí de los Territorios Palestinos, desplegaron banderas palestinas, lo que provocó abucheos entre el público.
Banderas
La Unión Europea de Radiodifusión, organizadora del evento, reaccionó en un comunicado señalando que la referencia política realizada por los bailarines de la Reina del Pop no aparecía en los ensayos aprobados por el organismo. Eurovisión “es un evento apolítico y Madonna había sido informada de ello”, remarcó.
Respecto a Hatari, sus actos “infringen” las reglas del concurso y la dirección del mismo “debatirá las consecuencias”.
El anuncio de su participación había motivado una protesta del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), que lleva años instando a inversores y artistas a evitar Israel debido a la ocupación de los territorios palestinos, y que pidió el boicot del Festival de Eurovisión de este año.
Madonna interpretó junto al artista hip hop Quavo su nuevo single, Future, que forma parte de su próximo álbum de estudio, Madame X. Su interpretación del nuevo tema y de la archifamosa Like a praye“, que cumple 30 años, fueron criticados en redes sociales.
Previamente, la ganadora de la edición 2018, la israelí Netta Barzilai, inició con su actuación la gala en la que participaron los representantes de 26 países.
Decenas de millones de personas de todo el mundo siguieron la que se autoproclama como la mayor competición musical del mundo.
“Profanación”
Conocida por su animada vida nocturna, Tel Aviv, parecía una localización perfecta para acoger esta cumbre de la extravagancia musical y televisiva. La capital económica y cultural de Israel se enorgullece de ser una ciudad moderna, cosmopolita, acogedora y un refugio para el colectivo LGTB (fiel seguidor de Eurovisión).
Pero tras la victoria de Netta Barzilai en 2018, la opción de Tel Aviv no se impuso automáticamente. Varias personalidades políticas, como la ministra de Cultura, la conservadora Miri Regev, preferían Jerusalén por motivos políticos.
Por otro lado, eminentes rabinos ultraortodoxos israelíes pidieron rezar para denunciar la “profanación” que, según ellos, supone la celebración del concurso durante el sabbat, el día sagrado de descanso semanal judío.
Y entretanto, los palestinos habían previsto un evento alternativo simultáneo bautizado Globalvision, con actos previstos en Londres, Dublín, Ramalá (en la Cisjordania ocupada) y en Haifa.
Holanda gana Eurovisión con una balada
El holandés Duncan Laurence fue el ganador del 64º Festival de Eurovisión con la balada Arcade, proporcionando a su país una primera victoria en 44 años.
El candidato de 25 años, que se perfilaba como favorito según las apuestas, quedó por delante de los representantes de Italia y Rusia y proporcionó a su país una primera victoria con un tema inspirado en la desaparición de un ser querido.
“Mi sueño se hizo realidad”, dijo Duncan Laurence ante la prensa.
“¡Estupendo!”, reaccionó el primer ministro holandés, Mark Rutte. “Menuda actuación de @dunclaurence, que logró mantener su posición de favorito con una presentación sublime y poderosa”.
Duncan de Moor, su nombre verdadero, era relativamente poco conocido en Holanda antes de ser elegido para representar al país en Eurovisión. El cantante, que en 2016 se declaró abiertamente bisexual, explicó que su amor por la música le proporcionó un refugio durante su infancia, en la que sentía como un “mini Harry Potter”.
“Creo que lo más importante es ser fiel a cómo eres […] a lo que amas, aunque tengas una sexualidad diferente”, dijo a los periodistas tras el espectáculo.
El tema de Duncan Laurence, que quedó en tercera posición después de la votación del jurado de profesionales, subió a lo alto de la lista gracias a los votos de los telespectadores.
El representante de España, Miki, quedó en 22º posición y cerrando la lista de 26 participantes se situó Reino Unido.





