Nuestro país está cubierto de pequeños pueblos mágicos que tienen algo que no podemos describir del todo, pero que nos llena de ilusiones, nos pone la piel chinita o bien nos genera un bienestar cuyo origen no podemos explicar del todo. Es ese desconocimiento de lo establecido lo que muchas veces se celebra como “magia” y es claramente lo que muchos pueblos del interior profundo de México tienen para ofrecer para todo aquel que quiera visitarlos.
Es que lejos del ruidoso D.F. y sus alrededores, existe otro México, más rural, más costeño que se destaca por su belleza llena de intrigas y algunos de los monumentos naturales más impresionantes en los que la vista se pueda posar. Son pequeños pueblos mágicos de México que inspiran sensaciones que querremos repetir como un buen hábito, el de dejar el estrés de lado y concentrarnos un poco más en ese templo que es nuestro cuerpo.
Sólo es cuestión de sacar un pasaje, animarse a conocer algo nuevo y dejar ese bagaje de pesares o preocupaciones que podamos tener detrás para sumergirnos en un encanto que sólo esas regiones alejadas nos pueden ofrecer. Es la misma magia que se siente cuándo se juega a la lotería y de pronto estamos por ganar un enorme premio, la adrenalina de saber que algo muy hermoso nos puede llegar a pasar con sólo salir de casa.
Veamos algunos de estos pueblos mágicos que debemos visitar:
- Izamal: Ubicado en la hermosa Yucatán, este pueblo está construido alrededor de un monasterio franciscano del siglo XVI. Esta impresionante estructura fue creada sobre la cima de un templo nativo, con una cautivante y mágica nostalgia amarilla que deslumbra en contraste con el celeste cielo de la zona.
- Cuetzalan: Cerca de la ciudad de Puebla, es un pueblo mágico y pintoresco a los pies de las montañas, un imponente y frondoso bosque que lo rodea, un sitio arqueológico y mucho más, a apenas cuatro horas de viaje de la Ciudad de México, brindando una experiencia tan mágica como ganarse la lotería.
- Taxco: En plenas montañas del estado Guerrero, queda apenas de dos horas y media de la Ciudad de México y se puede disfrutar de su arquitectura única de pueblo minero. Sus intrincadas calles sobre las colinas y el Mirador son los puntos más emblemáticos de este pueblo mágico de México.
- Pátzcuaro: Una visita obligada en la proximidad del día de los muertos, ya que ofrece un impresionante e inolvidable espectáculo de flores que se repite cuál tradición cada año. Tiene algunos puntos naturales muy impresionantes como la isla Janitzio, accesible a través de alguna de las tantas lanchas turísticas de la zona.
- Todos Santos: Un lugar ideal para los bohemios que se quieren escapar un poco de las grandes urbes y el caos de la ciudad. Es un polo de arte con galerías, terrazas y hoteles boutique para encantar el alma. Ubicado en el oeste de Baja California, es un paisaje desértico único a conocer.
- Valladolid: Una de las localidades más antiguas de la península de Yucatán, con un cenote en medio de la urbanización, sin dudas una maravilla de este pueblo mágico de México. Además, la arquitectura es algo a apreciar en este lugar lleno de encanto.
- Valle de Bravo: Sin dudas uno de los mejores lugares para los amantes del outdoor, con impresionantes senderos de bicicleta, lugares donde practicar parapente y navegar a vela entre muchos otros. Un paraíso sin igual que se debe visitar al menos una vez en la vida.
- Real de Catorce: En pleno desierto de San Luis de Potosí se alza este ex pueblo minero ahora convertido en pueblo fantasma donde la imaginación se apodera de los sentidos y el mundo avanza a un paso mucho más lento.
- San Cristóbal de las Casas: En pleno Altos de Chiapas se trata de un viejo pueblo de la colonia que todavía mantiene al estética y la impronta del típico pueblo mágico, ideal para visitar en familia y pasar unas vacaciones tranquilos.
- Bacalar: A unos 340 kilómetros de distancia de Cancún, es una parada obligada si se visita la zona. Conocido como las Maldivas de México, es sin dudas un paraíso terrenal donde se puede practicar desde snorkel en el cenote azul y disfrutar de la gran gastronomía nacional.





