Luis Ricardo Guerrero Romero

Estuve escuchando a mi vecino el día de pasado mañana en el momento en que barrería. Como una suerte de quien rasca el piso, como una semejanza de quien se quita la comezón, lo vi con su mente abierta, su herramienta desgastada y su postura preparada. Recuerdo pensé sobre el ansia que pica en el cuerpo como algo sumamente natural, te rascas al sentir algo de incomodidad, o esa ansia de satisfacerte, por amor a ti mismo te rascas. El ser humano es terriblemente un ser que busca sus satisfacciones. Las bestias, mulas, pájaros e insectos se placen en su ser, pero sin la formación de saber que lo hacen para sentirse satisfechos. Tú, en cambio, te satisfaces; y eso a algunos les provoca hesitación. Yo, al mirarlo recordé algunos sinónimos de rascar: refregar, rasguñar, frotar, raer. Eso hacía Bruno el vecino que rascaría la Pachamama.

Varias son las mañanas en que vuelvo a pasar al lado de Bruno y su escoba de manufactura ancestral, oigo el ¡rrrssshh!, ese ¡rrrgggg!, el áspero roce, la caricia desgastada del piso a las hebras o viceversa, siempre las cosas pueden ser viceversas, aunque no la hesitación. Yo me hesito, tú de hesitas, el y ella se hesitan en el cojín del asiento del carro porque algo les raspa, algo suscita ese prurito en la relación. Duda de él, de ti, de nosotros y ellos, hesítate, ante todo y todos, jamás ante nada. Ráscate, límate, retócate la mente, y pule el alma, porque este es el diciembre hesitado. Bruno, te siento hesitado, acércate a mi y ponme tus pensamientos y también viceversa.

Con un poquito de imaginación es posible jugar con la voz hesitación —ese cultismo latino que hoy nos ocupa—, con otra idea que no tiene que ver con dudar, sino con la intrépida manifestación carnal-animal. No obstante, la palabra hesitación es un sinónimo de dudar. Lo que nos hace dudar, tal como lo expone el relato anterior, nos da comezón, es tan fuerte esa conexión que, muchos de nosotros al sentirnos o pensarnos en una incógnita, nos llevamos índice y anular a la cabeza, raspamos la cabeza para buscar digitalmente la idea insospechada morada en nuestra mente.

El verbo hesitar, proviene del latín: haesito, lo incierto, lo dudoso. Además de distinguir el verbo haesitans, que indica el estado de vacilar, tartamudear; lo que en llanas palabras podemos decir, sentir una comezón, ansia o apetito por calmar. Qué virtuoso zancudo no nos ha orillado dedicar más tiempo a nuestro cuerpo, cuál no nos ha desvelado o irrumpido el sueño con su ruido infernal, analogía del agudísimo pensamiento dubitativo. Pensar es hesitarse, hesitarse es dudar, y entonces existir, aunque sea sólo este diciembre, o bien solo este diciembre.

l.ricardogromero@gmail.com

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