A sus 60 años, el embargo de EU hacia Cuba se ha vuelto endémico, una realidad a la que sus habitantes se han acostumbrado, sin esperanzas de que se levante o flexibilice en un futuro cercano. La puesta en vigor de esta medida, el 7 de febrero de 1962, fue parte de una espiral de confrontación que alcanzó su clímax en la crisis de los Misiles, de octubre de ese mismo año, que puso al mundo al borde de la guerra nuclear.
El embargo “surgió como un instrumento de esa guerra (…) como una herramienta estratégico-militar”, dijo a la Afp el politólogo Rafael Hernández. Pero nunca obtuvo ninguna concesión de La Habana, empeñada en ser comunista “en las narices del imperio”, como decía Fidel Castro.
En la actualidad, continúan siendo “los intereses geopolíticos” de EU los que determinan el endurecimiento o la relajación de este cerco, explica Rafael Hernández, que señala que Barack Obama es el que ha impulsado la mayor flexibilización. Sin embargo, nadie apretó tanto como Donald Trump con 243 medidas adicionales.
Pese a las promesas de campaña su sucesor, Joe Biden, no ha suavizado en nada el bloqueo. Incluso aplicó nuevas sanciones contra funcionarios cubanos, fustigándolos por la “represión” en las históricas manifestaciones del 11 de julio de 2021.





