Luis Ricardo Guerrero Romero
Jovita de la Luz Alfaro, la madre de quien hoy todos los medios traen en los labios, la madre primera de las subsecuentes madres que también serán primeras y nunca desearon, ni pidieron serlo. Junto con los padres, los esposos de Jovita, los dones Alfredo Castro, las otras muchas familias Castro Alfaro (castrados de la luz). Es decir, aquellas familias que se les decidió por omisión o libertinaje de los hijos, por la inseguridad desbordante, por “las amigas” que dicen: —está grande ella sabe lo que hace, que viva la vida. Por aquellos pusilánimes carentes de sentido, de todo tipo de sentido, por los excesos que siempre son las puertas del infierno, por las educaciones sin pasión. Por esos motivos y muchos otros más hoy Jovita Alfaro es el llanto de Dios a la vez que es toda su fuerza eterna, asimismo hoy Alfredo Castro es el varón más enclenque, la impotencia encarnada en un corazón paterno.
Como nadie sabe dónde está ese hijo(a) que ahora se busca, entonces sólo resta pensar que los propios seres queridos son el mapa de los desaparecidos; atrás quedaron las abducciones interestelares como noticias, los fenómenos paranormales, los forzados raptos criminales. Hoy basta nacer para desaparecer. Este asunto de las Jovitas y los Alfredos ha reestructurado el ciclo de la vida: nacer, crecer, engendrar y morir; por: nacer, crecer, desaparecer (aun habiendo ya engendrado) y morir. Jovita y Alfredo le decidieron la vida a su hijo(a), pero no le decidieron eclipsarse por esto o por aquello, y sumado a la ignominia de la humanidad letal, hoy les decidirán su modo de morir, otros igual de mortales. ¡Un mapa, quién tiene un mapa!
Esta vez, la sección de la palabra pide la palabra sin dejar de mencionar la misma, el sustantivo que encabeza la búsqueda, es decir: mapa. Muy cierto es que, desde los anales se ocupaba un mapa para encontrar el tesoro, pues hoy también se requiere para ello. No obstante, indico que la palabra latina: mappa, (así con doble /p/), fue el antecedente histórico lingüístico de nuestra voz actual. Con un sentido distinto. Ya en la antiquísima Roma el emperador o un magistrado arrojaba un mappa, para indicar que se dieran comienzo a las carreras en el circo, o sea, Ludi Magni o Ludi Romani. Ceremonias de culto que sólo podían dar comienzo al arrojar un pañuelo o toalla.
Hoy el mappa romano (pañuelo de lágrimas, de luchas, del juego sagrado) vuelve a reivindicarse, pero no en forma de un objeto, ahora el mapa es acción, el mapa puede ser Jovita y Alfredo, aquel, ella, o yo. Todos mapeemos para dar con el tesoro de las vidas desaparecidas, para dar culto a la vida.





