Reuters

Henry Kissinger, un controvertido Premio Nobel de la Paz y poderoso diplomático cuyo servicio bajo dos presidentes dejó una marca indeleble en la política exterior de Estados Unidos, murió el miércoles, según Kissinger Associates Inc.

Kissinger murió en su casa de Connecticut, dijo Kissinger Associates.

Kissinger se había mantenido activo, asistiendo a reuniones en la Casa Blanca, publicando un libro sobre estilos de liderazgo y testificando ante un comité del Senado sobre la amenaza nuclear planteada por Corea del Norte. En julio de 2023 realizó una visita sorpresa a Pekín para reunirse con el presidente chino, Xi Jinping.

El escándalo Watergate, que obligó a Nixon a dimitir, apenas afectó a Kissinger, que no estaba relacionado con la trama y continuó como secretario de Estado cuando Ford asumió el cargo en el verano boreal de 1974. No obstante, Ford le sustituyó como asesor de Seguridad Nacional en un esfuerzo por escuchar más voces en política exterior.

Ese mismo año, Kissinger acompañó a Ford a Vladivostok, en la Unión Soviética, donde el presidente se reunió con el líder soviético Leonid Brézhnev y acordaron un marco básico para un pacto de armas estratégicas. El acuerdo culminó los esfuerzos pioneros de Kissinger en pro de la distensión, que condujeron a una relajación de las tensiones entre Washington y Moscú.

Sin embargo, las habilidades diplomáticas de Kissinger tenían sus límites. En 1975 se le reprochó que no lograra convencer a Israel y Egipto para que acordaran una segunda fase de retirada en el Sinaí.

Y en la guerra India-Pakistán de 1971, Nixon y Kissinger fueron duramente criticados por inclinarse a favor de Pakistán. Se oyó a Kissinger llamar “bastardos” a los indios, un comentario del que más tarde dijo que se arrepentía.

Al igual que Nixon, temía la propagación de ideas izquierdistas en el hemisferio occidental, y sus acciones en respuesta iban a causar una profunda sospecha de Washington por parte de muchos latinoamericanos en los años venideros.

En 1970 conspiró con la CIA sobre la mejor manera de desestabilizar y derrocar al presidente chileno Salvador Allende, marxista pero elegido democráticamente, mientras que en un memorándum tras el sangriento golpe de Estado de Argentina en 1976 afirmó que había que animar a los dictadores militares.

Cuando Ford perdió ante el demócrata Jimmy Carter en 1976, los días de Kissinger en las suites del poder gubernamental terminaron en gran medida. El siguiente republicano en la Casa Blanca, Ronald Reagan, se distanció de Kissinger, a quien consideraba fuera de tono con su electorado conservador.

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