Federico Anaya Gallardo
¿Qué significa la unidad a la que se convocó en la concentración del Zócalo de la ciudad de México el pasado 9 de marzo de 2025? Ya han pasado diez días, pero la llegada de un destructor estadunidense armado con misiles a nuestras costas orientales nos exige hacer el recuento. Es interesante revisar lo que nos dijo Gibrán Ramírez –diputado federal por el MC– en la mesa de análisis de “Es La Hora de Opinar” del jueves 6 de marzo previo: “La presidenta no ha convocado a los presidentes y al coordinador de los partidos políticos. No se les ha convocado en Gobernación. No sabemos o no se ha dicho qué medidas son las que se van a anunciar. No se ha dialogado para generar ese acuerdo nacional. Entonces, ir a la incertidumbre, [sólo] a aplaudir, creo que es algo que no le corresponde a la oposición.” Agregó Gibrán que los emecistas incluso habrían estado dispuestos a aceptar un “compromiso de confidencialidad” sobre las medidas que el Gobierno tomaría frente a Trump. Sin esa invitación V.I.P., para él, la convocatoria era sólo partidista, únicamente de Morena, en los términos “a los que está acostumbrado … el obradorismo desde 2004”. Para Gibrán, la oposición sólo participaría en un acto de unidad nacional si este es un acto “de Estado” en el que la primera mandataria anuncie desde el balcón central de Palacio “algo que se ha generado con antelación” con todos los partidos políticos. Pero, concluía Gibrán: “si no hay ese diálogo nacional, no puede haber unidad nacional. Claro, nosotros estamos a la expectativa y acudiremos –si es somos convocados. [Y] hasta este momento no ha habido nada”. (Liga 1, min. 10:42 & ss.)
Importa anotar aquí que, en ese mismo espacio de análisis de Televisa, pero tres meses antes, el lunes 25 de noviembre de 2024, Leo Zuckermann había dicho que, frente a la victoria de Trump en la elección presidencial estadunidense, México “debería aspirar a la unidad nacional porque hay –la verdad, de administraciones anteriores– gente muy buena, muy brillante. [Gente] que conoce a Estados Unidos; que sabe qué hacer”. (Liga 2, min. 14:16.) De hecho, ese mismo lunes 25 de noviembre, en su columna de Reforma (“La amenaza de enero”), Jesús Silva-Herzog Márquez había señalado que “el régimen debería estar construyendo en estos momentos una estrategia de unidad nacional para encarar el desafío que se nos viene encima. Hacer acopio de todos los recursos intelectuales, diplomáticos, profesionales, institucionales para enfrentar, de la manera más eficaz posible, esa amenaza que está cada segundo más cerca de nosotros”. (Liga 3.)
La melodía que interpretaban Zuckermann y Silva-Herzog Márquez en noviembre de 2024 es la misma que la de Gibrán en febrero de 2025. Para ellos, la unidad nacional es una oportunidad de recuperar el picaporte de Palacio, de volver a sentarse en la exclusiva mesa de Los Estrategos, de ser escuchados por el poder. Yo no dudo que, en el último trimestre (y aun antes), muchas personas de administraciones pasadas con experticia probada en la praxis concreta de las relaciones comerciales con EU y Canadá hayan sido consultadas desde el Gobierno de la República para evaluar los riesgos y amenazas trumpianas. Lo interesante es que, en la mesa de los comentócratas tradicionales, se siga reclamando una inclusión en el cuarto de guerra nacional luego de meses de iniciada la actual crisis. (Quién debe estar en un cuarto de guerra es un tema que deberíamos meditar con cuidado más tarde…)
Ese reclamo se da en contexto de otra conversación acerca del “correcto protagonismo” de las clases sociales que conforman la sociedad mexicana, querida lectora. Míra, por ejemplo, la conversación entre Blanca Heredia y Javier Tello –por una parte– y Zuckermann, Silva-Herzog Márquez y Magaloni –por la otra– en la emisión del lunes 10 de marzo de 2025 de “Es La Hora de Opinar”. Zuckermann invitó a sus contertulios a evaluar la concentración del día anterior en el Zócalo. Tello afirmó: “Yo creo que es una importante manera de hacer política. Hacer política en la plaza, desde la plaza, en la calle. A diferencia del desprecio que vimos durante décadas de esa manera de hacer política. [Antes,] de lo que se trataba era llenar una mesa de diez personas en un restaurant elegante de Polanco… ¡y así les fue! ¿Acarreados? … También esos diez personajes en la mesa de Polanco eran acarreados. Pero nada más acarreas a diez con una buena botella de vino. En fin… no había una torta; había un Petrús” (Liga 3, min. 9:20 & ss. ) El comentario de Tello enfureció a más de uno en esa mesa, pero Heredia lo apoyó. Ella –usando la metáfora de la escenificación teatral– subrayó “el hecho mismo de que el lugar central lo ocupe, en el imaginario de estos productores de teatro llamados morena, … el Pueblo … es muy distinto al tipo de obras que ponían los neoliberales. Muy distinto. [En esas escenificaciones neoliberales] el Pueblo no ocupaba ningún lugar central”. Remató complementando la escena del vino Petrús con una imagen de “la gente subid[a] en sus suburbans y en sus restaurantes elegantes, con sus programas de cómputo y sus números…” (min. 13:48 & ss). Ante el argumento de Tello & Heredia, Zuckermann perdió la compostura y, elevando la voz, le reclamó a Heredia en estos términos: “¿Viste cómo llegaron ahorita los de la zona VIP [de la concentración en el Zócalo]? ¡Llegaron igualitos, Blanca! ¡Por favor, seamos sinceros! ¡Había una zona VIP donde todos llegaron en suburban!” (min. 14:57& ss).
Punto para Zuckermann. Las zonas VIP en las concentraciones obradoristas son una anomalía que no aporta nada a los eventos. Pero el reclamo no destruye el argumento de sus contrapartes. Y el enojo y enjundia con el que lo expresó me hace sospechar que el problema de don Leo es que él (y su círculo de amigos) no han sido invitados a esa zona VIP. ¿Si le hubiesen asegurado silla allí, sí habría asistido? Cuando yo voy al Zócalo, lo que me fascina es dar la vuelta, navegando el maremágnum popular y tropezando –literalmente– con queridos amigos y viejas amigas de batallas pasadas. Pero regreso a Leo Zuckermann: igual que en el caso de Gibrán Ramírez, el problema de la oposición de derechas es que no tienen el picaporte al que estaban acostumbradas.
Te propongo, lectora, seguir adelante con la idea de Tello & Heredia. Hay que decir que la centralidad del Pueblo en la concentración del 9 de marzo de 2025 es bastante más que una simple escenificación teatral. Silva-Herzog Márquez reconoció que la popularidad de Claudia Sheinbaum es una baza (o un asset, para hablar a la anglo-americana en este asunto de guerra e International Relations). Es una baza importante en la respuesta que podamos dar, como República, a Trump. Por supuesto, Chucho insiste en que para mostrar ese “músculo” bastan los números generados por las encuestas y que es “terrible” recurrir a manifestaciones populares como la del Zócalo. Pero nuestro Silva-Herzog omite que desplegar estadísticas es menos impresionante que un Zócalo a rebosar. (Y esto vale aquí, en China, o a orillas del Potomac en el corazón del Imperio.)
Ya con las estadísticas y con el Zócalo lleno, ¿qué más podemos hacer? Porque las amenazas trumpianas seguirán.
El músculo popular es complejo. Se me ocurre una imagen literaria. La leí alguna vez al estudiar cosas japonesas. Los daimios y guerreros japoneses de la Era Kamakura en el siglo XIII (frente al Gran Kan Mongol) o de la Era Tokugawa en el siglo XVI (frente al Rey Católico de España) habrían dicho algo así como : Nuestro país es como nuestra mano: Cinco dedos distintos que se contraponen todo el tiempo; pero si hay que luchar contra el enemigo exterior forman un puño. Como uno no puede vivir con los puños cerrados todo el tiempo. Nuestras manos deben tejer mil cosas. Y cuando tejen solidaridades, cada dedo funciona como la línea inicial de un nodo organizativo que convoca a muchas otras manos. Las manos mexicanas deben enlazarse con otras manos en Norteamérica, en el Septentrión.
Dejemos la literatura. El domingo 19 de enero de 2025, Jim Cason & David Brooks, corresponsales de La Jornada en Washington y Nueva York, reportaron al diario mexicano : “Marchan en EU miles contra Trump. Comienza la resistencia contra el retorno de la derecha, afirman. En al menos 300 ciudades se declaran en defensa de las libertades civiles que ataca el republicano”. (Liga 4.) Era la víspera de la toma de posesión trumpiana. A la mañana siguiente, el presidente reelecto protestaría su cargo en el interior del Capitolio –y no en el exterior, como es usual. Se alegaron razones climáticas pero también de seguridad. ¿Estaba Trump menos seguro de su popularidad que en 2017? No lo sabemos. El poder real y efectivo de la segunda Administración Trump es un tema que aún hay que explorar con la cabeza fría.
Del recuento de Cason & Brooks me interesa la amplitud geográfica, más de trescientas ciudades en EU y la diversidad de la protesta. Nailah, del grupo Dream Defenders declaró que: “No nos vamos a quedar quietos mientras los multimillonarios se enriquecen aún más y otros padecen hambre en las calles” –un eco del movimiento de 2008-2009 contra el 1%. Otros oradores hablaron de la necesidad de defender los derechos de los indocumentados. (Un tema que nos interesa a nosotros y a Nuestra América.) Una activista religiosa “quien organiza asistencia para personas en movilidad en Washington”, declaró “todas las vidas son preciosas: las de los migrantes, las de los palestinos, las de los trans.” Y agregó algo importante, a las y los jóvenes: “Si esta es su primera manifestación, les insto a participar, a encontrar una agrupación local, ser voluntario, necesitamos construir la resistencia.”
Pero en lo último hay que estar pendientes y advertidos. Cason & Brooks reportaron: que “Leslie, una trabajadora de salud de Minnesotta, expuso que vino a Washington con otros 15 sindicalistas del gremio nacional de trabajadores de servicios, SEIiU. Originalmente habían hecho planes para viajar a Washington con la idea de que estarían festejando con su gobernador Tim Walz como vicepresidente, compañero de fórmula de la candidata demócrata Kamala Harris. «Cuando perdieron, pensamos que era aun más importante que viniéramos a este sitio que marcará una historia sin pronóstico».” A su regreso, esos sindicalistas deberán luchar por los beneficios de salud y acceso al aborto que estarán en riesgo. Para los Pueblos en lucha, no todo está bien allende el Río Grande, querida lectora. Una persona en Nueva York se lamentó porque “[yo] pensaba que nunca tendríamos que ver a ese criminal en la Casa Blanca otra vez, pero ni modo, ahora sabemos lo que tenemos qué hacer, por eso estamos aquí hoy.” Hay desaliento. Nos dicen los corresponsales jornaleros que “las marchas y otras expresiones de repudio contra Trump cuando ganó la presidencia por primera vez en 2016 fueron mucho más grandes y animadas”. Nueve años después, “la gente no podía ocultar la sensación de una derrota con consecuencias ominosas”. La política popular es una larga marcha. Una de las pancartas rezaba: “No puedo creer que estamos protestando por esto otra vez”.
En su columna en Reforma del martes 25 de febrero de 2025, a un mes de la segunda toma de posesión de Trump, Gerardo Lozano llamaba a “Construir la resistencia”, usando la misma expresión que la activista religiosa en Washington DC un mes antes. Lozano inicia esa columna citando el aviso que el NEH (National Endowment for Humanities, el fondo federal estadunidense para las Humanidades) envió sus solicitantes de apoyo: el NEH “no apoyará los siguientes estudios: promoción de ideología de género, promoción de la ideología de la equidad discriminatoria, iniciativas relacionadas con la diversidad, la inclusión y la equidad, iniciativas relacionadas con justicia medioambiental”. Lozano comenta, descorazonado, que no ha habido reacción en la comunidad académica. Nos dice que pese a que la resistencia al Primer Trump logró “el mayor número de mujeres electas a cargos legislativos … así como a alcaldías y gubernaturas”, al parecer no habrá algo parecido frente al Segundo Trump. Lozano nos recomienda estar pendientes a lo que hagan los nuevos liderazgos del Partido Demócrata, como el senador federal por Connecticut, Chris Murphy (n.1973) o la diputada federal por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez (n.1989). Nos dice que la candidata presidencial demócrata perdedora, la californiana Kamala Harris (n.1964) podría buscar la gubernatura en su estado y desde allí liderar la resistencia. Pero Lozano nos dice que a nivel de base las organizaciones “no han construido aún una voz interseccional y unida ante los ataques de Trump”. ¿Qué deberíamos hacer tú y yo acerca de esto, lectora?
Lozano en Reforma puntea a quiénes debemos buscar en las élites demócratas pero también menciona a las grassroots u organizaciones de base. Precisamente el tipo de organizaciones que los comentaristas de “Es La Hora de Opinar” no suelen tomar en consideración. Precisamente el tipo de organizaciones que en México constituyen la base de poder popular que arropa a la Administración Sheinbaum.
Importa el espacio en el que se habla. Para complementar a Lozano (que escribe desde Reforma) debemos aprovechar –entre otras noticias– el recuento que La Jornada nos hizo de la lucha de los jornaleros agrícolas migrantes en Immokale, en la Florida. Se trata de tres entregas firmadas por Cason & Brooks. (La primera en la Liga 5.) La Jornada es fiel a su vieja vocación de hacer resonar en nuestra capital federal las luchas de los pobres entre los pobres, desde los márgenes. Y los márgenes mexicanos incluyen, como nos ha enseñado John Tutino, muchas regiones de los EU y Canadá. ¿Qué ocurre en aquellos márgenes lejanos de las naciones Mexicana y Nuestroamericana?
Digo, para seguir cerrando los puños de la resistencia a ambos lados de las fronteras.
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=qbwaic7o604&t=1776s
Liga 2:
https://www.youtube.com/watch?v=IvNz0vuPej8&t=1001s
Liga 3:
https://www.noroeste.com.mx/colaboraciones/la-amenaza-de-enero-AB9535882
Liga 4:
https://www.jornada.com.mx/2025/01/19/mundo/016n1mun
Liga 5:
https://www.jornada.com.mx/2025/02/24/mundo/023n1mun





