Luis Ricardo Guerrero Romero

Aquella mujer de prominente altura y escultural figura, para llevar a cabo sus más próceres apetitos en gloria de Baco, realizaba un ritual el cual consistía en una suerte de geomancia. Ella estudiaba los husos horarios, estudiaba los sonidos, los timbres inusitados que se hacen sonar en el oído de vez en vez. Era para muchos una loca, una exuberante belleza amante de la apatonancia.

Ella residía fuera de la Capital, pero cuando tenía algún asunto por esos lares era preciso anticipar sus necesidades. Caminaba cabeza erguida en busca de su amor, un joven del cabildo de la ciudad, aquel sujeto fue capaz de recapitular la vida de esa mujer de costumbres exóticas, la volvió un espectáculo ante los ojos de sus amigos, su belleza conjugada con la capacidad de entender otros planos de la vida la volvieron astuta y así capitalizar sus apetitos, pero al lado de aquel a quien tenía hechizado. Era un hecho, ese coma postcoital encerraba las respuestas ante el llamado que Baco susurraba al oído de su sacerdotisa: ¡acábatelo todo!

Con el uso de un juicio sano, muchos de los lectores que ya se entregaron a las líneas anteriores, podrán juzgar con acierto que es poco probable que una hermosa sacerdotisa exista y ofrende sus libidinosas ofrendas al dios Baco. Pero ese mismo lector que ha usado su juicio para reprobar tal ficción, ha de usarlo con acierto para entender que, si bien el anterior relato no tenía pies, sí tiene mucha cabeza.

En breve diré, la lista de palabras citadas más arriba como: capital, cabeza, cabildo, capaz, capacidad, capitalizar, acábatelo tienen mucho en común, un lexema antiquísimo que ha dado vida a otras tantas voces que nuestra lengua tiene. Me refiero a la raíz latina: caput, capitis; o sea cabeza. El catalán rescata cap¸ para hablar sobre este sustantivo. No es sorprendente acordarnos que en el inglés la palabra cap según el contexto se logra entender como gorra, accesorio para la cabeza. Así, la expresión susurrada al oído por Baco en aquella mujer ocultista: ¡acábatelo…! Tiene una idea de consumir la vida del inicio al fin, pues la idea de acabar es el poner fin a algo, como si simbólicamente el inicio del ser humano reside en la tierra, con los pies, el cimiento; y concluye en nuestra fachada, en la cabeza, frontispicio de nuestros actos. Un cabo y una cornamusa es el ejercicio de toda vida. Al término, al final de nuestros días, habremos de recabar todo lo hecho y omitido.

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