Juan Becerra Acosta

Hay crisis que se miden en litros y otras que terminan por medirse en votos. En Guadalajara, el agua contaminada se convierte en ambas cosas: un problema de salud pública que lleva meses sin resolverse, y una factura política que Movimiento Ciudadano parece empeñado en encarecer.

Jorge Álvarez Máynez llegó a la dirigencia de MC con la promesa de representar una política distinta. 

La renovación generacional, el lenguaje fresco y la distancia frente a los partidos tradicionales fueron parte del discurso que pregonó durante su candidatura presidencial de 2024 y que mantiene al día de hoy. Pero en política, más que una identidad gráfica atractiva y un discurso diseñado para las redes sociales, se requiere congruencia entre lo que se promete y lo que se da. 

La crisis de agua en Guadalajara pone esa promesa a prueba. Desde hace meses, habitantes de la zona metropolitana denuncian que de sus llaves sale agua turbia, con malos olores y sedimentos. El problema escaló hasta una movilización en la que quienes protestaron por agua fueron recibidos a manguerazos –así de perversa la ironía–, y terminó con enfrentamientos, personas detenidas y uso excesivo de la fuerza policial. 

La exigencia ciudadana era elemental: recibir agua limpia, un derecho humano que no debería depender de la capacidad de protesta de nadie. ¿Y dónde estaba Álvarez Máynez mientras el malestar crecía? Presentó una denuncia por presuntas descargas contaminantes, sí, pero el pronunciamiento público en respaldo de los manifestantes llegó después de las críticas por su silencio. Entonces reconoció que la ciudadanía tenía razón en exigir agua limpia y pidió resolver el problema de fondo. La declaración es correcta. El problema es la oportunidad y, sobre todo, la responsabilidad que entraña su cargo. 

Álvarez Máynez no es un observador externo que descubre una crisis en otro partido: encabeza la organización política que gobierna Jalisco y Guadalajara. Su obligación no se agota en presentar denuncias ni en reconocer –cuando la indignación ya estalló– que la gente tiene derecho a protestar. 

La pregunta es por qué la dirigencia de MC no convirtió antes la emergencia en una exigencia pública, sistemática y verificable de resultados. 

¿Qué mecanismos de rendición de cuentas impulsa Álvarez Máynez cuando las decisiones cuestionadas corresponden a un gobierno de su propio partido? ¿Qué consecuencias políticas está dispuesto a asumir si las respuestas no llegan? 

El asunto se vuelve todavía más delicado con el debate sobre el nuevo acueducto Chapala-Guadalajara. El gobernador Pablo Lemus propuso un esquema de financiamiento con participación privada y ha negado que pretenda privatizar el servicio del suministro de agua. Pero las dudas sobre el alcance de ese modelo son legítimas: cuando se trata de infraestructura estratégica, deben conocerse los contratos, los plazos, las obligaciones y las garantías para los usuarios. 

El agua no es una mercancía, es un derecho humano, ninguna solución puede subordinar su acceso a la rentabilidad de un negocio. 

Álvarez Máynez debería explicar qué controles considera indispensables para impedir que una fórmula financiera termine trasladando riesgos y costos a la población. No basta con repetir que el agua es un derecho, hay que garantizarlo en los hechos. La crisis también exhibe una contradicción para la narrativa de MC. El partido se presenta como una alternativa a las viejas prácticas, pero esa diferencia no puede medirse por la edad de sus dirigentes, sus campañas publicitarias o la eficacia de sus mensajes digitales. Se mide por la transparencia, la respuesta ante los errores y la capacidad de escuchar a quienes reclaman servicios públicos dignos. 

Álvarez Máynez tiene ante sí una disyuntiva política: ejercer la dirigencia como una oficina de comunicación para contener daños, o utilizarla para exigir cuentas, incluso dentro de casa. 

La primera opción protege temporalmente la imagen partidista; la segunda implica aceptar que la rendición de cuentas no puede tener excepciones por afinidad política. 

Existe un segmento del electorado que rechaza categóricamente al PRI y al PAN, que no comulga con el proyecto de Morena, y podría ver en MC una opción que termina por diluirse. 

Aunque cuenta con cuadros valiosos y liderazgos locales atractivos, su dirigencia nacional se ha quedado corta frente al eslogan de la “nueva política”, algo que no se demuestra nada más pronunciando palabras correctas frente a una cámara, sino cuando esas palabras se convierten en obligaciones, plazos, resultados y responsabilidades. 

En Guadalajara, miles de personas tuvieron que salir a la calle para recordar que el agua limpia no es un favor del gobierno. Álvarez Máynez reconoció su derecho, ahora falta saber qué está dispuesto a exigirle al partido que dirige para que así sea.

Reloj Actual - Hora Centro de México