- Guadalajara: 11 años sin solución
- Agua sucia, contaminada y fétida
Carlos Fernández-Vega
Con lo fácil que sería poner manos a la obra (que para eso fueron elegidos), en lugar de ofrecer mugre tras mugre y pretexto tras pretexto, y de inmediato atender las urgencias de la población afectada por el agua puerca, contaminada y fétida que reciben en, por lo menos, los domicilios de Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque, Jalisco. Sin embargo, en lugar de invertir para garantizar ese servicio a la ciudadanía, los “gobernantes” no saben otra cosa que soltar a sus perros y reprimir ferozmente a quienes defienden su derecho de tener agua limpia y suficiente.
El problema reventó con el actual cuan ineficiente “gobernador” Pablo Lemus, pero viene creciendo de forma por demás veloz desde los tiempos de Enrique Alfaro, hoy cómodamente instalado en España. Ambos impresentables fueron presidentes municipales de Guadalajara y, en el caso del primero, además dos veces de Zapopan, y, en el del segundo, también de Tlajomulco de Zúñiga (conurbado a la Perla tapatía); es decir, desde entonces conocían la frágil situación del abasto y calidad del agua en la zona conurbada de la capital jalisciense. Ambos sabían que tarde que temprano la situación explotaría, pero no movieron un dedo para evitarlo.
Alfaro y Lemus, caprichosos, indolentes y prepotentes, han permanecido pegados a la ubre del erario desde 2015 (como presidentes municipales de Guadalajara y de Zapopan –dos veces en el caso del segundo–, y ambos como “gobernadores” del estado). El primero es el clásico chapulín: ex priísta, ex perredista, ex petista y ahora de Movimiento Ciudadano. El segundo, empresario, ex banquero, presidente de la Coparmex Jalisco y de Movimiento Ciudadano, lo que da cuenta de lo efectiva que es esa empresa privada con disfraz de partido político. Y el par resultó igual de oportunista y comodino, aunque no para los negocios y enjuagues con empresas privadas. Entonces, 11 años en puestos públicos claves en los que conocieron a detalle la bomba de tiempo que implicaba la problemática del agua en la zona conurbada de Guadalajara y no hicieron nada para desactivarla.
Como era más que obvio, la bomba reventó y la “respuesta” institucional no ha sido solucionar el problema, atender a la ciudadanía y acelerar las inversiones para revertirlo, sino largas y más largas, y reprimir a golpe de garrote y cárcel a quienes con todo derecho reclaman contra el agua puerca, fétida y contaminada que reciben en sus domicilios (a todas luces un asunto de salud pública que las “autoridades” están obligadas no sólo a atender, sino a remediar de inmediato).
Enrique Alfaro (“me comprometo a que Guadalajara tendrá agua garantizada durante los siguientes 50 años”, según expresó como “gobernador”) hizo caso omiso de la ayuda federal que, en tiempos de López Obrador (el mismo que le solucionó el problema político en la presa El Zapotillo), comprometió para de-sactivar esa bomba de tiempo, pero el entonces “gobernador” fingió demencia dado su feroz cuan gratuito enfrentamiento con Palacio Nacional, amén de que incumplió con lo que le correspondía (entre otras cosas, un acueducto complementario al existente –ineficiente y vetusto– que se nutre del lago de Chapala para el abasto de agua a la zona metropolitana de Guadalajara), obviando la renovación de plantas potabilizadoras. En pocas palabras, nada le importó desactivar la citada bomba.
Y Pablo Lemus, quien después de la represión asegura que “refrenda el compromiso de construir el nuevo acueducto Chapala-Guadalajara”, es decir, el mismo que en el sexenio pasado construiría Enrique Alfaro, amén de que, dice, “ya estamos trabajando en soluciones temporales y permanentes para mejorar la calidad del agua de la zona metropolitana de Guadalajara”, o lo que es lo mismo, lo que seis años atrás dijo el feliz habitante de Madrid. ¿Así o más caradura? Y sobre la represión: “ayer fue un día difícil para Jalisco; el contingente de la marcha ciudadana ejerció su derecho a manifestarse pacíficamente… hasta que llegó un grupo de choque”. (¿Quién lo mando? Favor de preguntar en Casa Jalisco).
Mientras, no deja de fluir el agua puerca, contaminada y fétida, más represión.
Las rebanadas del pastel
Una vez más, el gobierno federal entra al quite y hace pública su “disposición a colaborar” con el “gobernador” Lemus. Anuncia la presidenta Sheinbaum, como antes lo hizo López Obrador, para solucionar el problema del agua e la zona metropolitana de Guadalajara. Es cuestión de que la “autoridad” jalisciense no finja demencia como Alfaro, especialmente en lo referente a desechar “un esquema de financiamiento que podría derivar en la privatización del suministro”.
Twitter: @cafevega



