Luis Ricardo Guerrero Romero
En la aldea brezal del bosque Ashdown, en la más próxima casa del señor más distraído, solían escucharse incesantes ideas vagas y a veces cargadas de cierta razón, y fue un verano de estival característica cuando decidí acercarme a ese hogar para tomar nota de aquellas sentencias poco usuales que decían: 1) No existen los ricos pobres, sólo los ricos mirados por los verdaderos pobres, tampoco existen los pobres ricos, sólo los pobres vistos por pobres; 2) Decir copia barata, es una especie de pleonasmo; 3) Expresiones como: ¡auch, uh, ay, aah! Idénticas en todas las lenguas, son el registro más auténtico del legado animal; 4) El llanto, la tristeza, y la calamidad, nos duelen porque el gozo, la alegría y el amor nos satisfacen; 5) Respirar profundamente es imposible, al menos que se esté sumergido en el océano; 6) Una buena idea no puesta en práctica, es la peor idea ejecutada; 7) Conciencia, es la palabra que menos ciencia tiene; 8) Vivir no sólo es dejarse arrastrar por el tiempo, eso únicamente es esperar la muerte; 9) Sentirse mal es muestra de que todo ser humano es en esencia bueno; 10) El aplauso, analogía perfecta que demuestra al ser humano compuesto de cuerpo y alma, pues una mano no provoca nada, pero juntas crean sonido: clap, dos sí forman uno: vida.
Al acercarme más a la casa del viejo parlanchín algo raro estaba suscitándose, el hombre de las sentencias era idéntico a mí, y al querer salir del jardín de aquella casa, más me adentraba en ella. Ese hombre era yo, o yo siempre fui él. Un alias, más que un clon.
La palabra alias, ya bien incorporada a nuestro lenguaje a veces denota aspectos virtuosos de uno mismo y otras ocasiones es más para resaltar defectos, usamos este sustantivo como sinónimo de apodo pero estrictamente no es tal. Directo del pronombre indefinido latino alius, alia, aliaud, y tomando su género femenino alia, se generó la voz alias, la cual significa: de otra manera, u otro, aunque el sentido más correcto es el de ser otro; resaltamos que esta misma raíz dio paso al sustantivo ajeno del latín alienus, cuya palabra guarda parentesco con alter, de donde surgió el famoso alter ego, figura antiquísima y muy usual en la retórica literaria. Cabe señalar que, la idea de la expresión otro desde esta área es enmarcada como lo diferente o el que resta de dos: alius eras ac nunc (eras diferente de lo que eres ahora). En el uso común el alias se aplica al individuo que debido algún rasgo o desempeño es destacado del otro, esa es la idea central, que se requiere del otro con el que se guarda parecido para que funcione un alias, o bien que el mismo sujeto sea dos, quizá suerte de quimerismo.
Ejemplos de alias hay hasta para obsequiar: Guzmán Loera, alias “el Chapo”, (que esto es más bien un apodo), Ernesto Guevara, “el Che”, Bruce Lee, “pequeño dragón”, Fidel Castro, “Comandante”, y los más sustancialmente alias: Sidarta Gautama, “Buda”, Jesucristo “Mesías”, Hor u Horus, “elevado, dios del oriente”. Entre muchos más, que como se ve para llegar a tener un alias se requiere más que resaltar defectos –situación del apodo–, destacar virtudes según el contexto en el cual se desempeña el sujeto, pero también existirá un alias cuando de nosotros emerja otra personalidad plausible.




