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Brasilia. El presidente de Brasil, Michel Temer, defendió hoy la gestión de su gobierno en un balance de su primer año en el cargo tras la controvertida salida de su predecesora, Dilma Rousseff.

“Tenemos el coraje para hacer lo que es necesario. Lo que el pueblo brasileño quiere es el resultado. De dónde venga el resultado, no importa”, dijo Temer en su discurso pronunciado durante un evento especial en el Palacio de Planalto de Brasilia. El mandatario, que asumió el poder el 12 de mayo de 2016 inicialmente de forma interina tras la suspensión de Rousseff, subrayó también que el país empieza a salir de la crisis económica y atribuyó los problemas del país a la gestión de su predecesora.

“Era necesario establecer el diálogo, que antes no había. Fue de esa ausencia de diálogo que surgió la dificultad de gobernar. Faltaba compenetración entre el Ejecutivo y el Legislativo, faltaba pacificar el país”, aseguró el mandatario.

“Ustedes se acuerdan de la situación de hace un año: gasto billonario en las cuentas públicas, desempleo preocupante, inflación galopante e intereses absurdamente altos”, enumeró.

Después de una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) superior al tres por ciento durante dos años consecutivos, Brasil espera este año salir de la recesión, con un crecimiento mínimo de hasta 0.4 por ciento.

Temer empezó a aplicar un fuerte programa de ajustes tras sustituir hace un año a Rousseff, que fue destituida definitivamente en agosto de 2016. Temer impulsa controvertidas reformas al sistema de pensiones y de las leyes laborales, y consiguió aprobar una medida para congelar el gasto público gracias a sus apoyos en las dos Cámaras legislativas.

El mandatario, sin embargo, es altamente impopular entre la población, con una tasa de aprobación de en torno al 9 por ciento actualmente. Sus críticos lo acusan de impulsar un programa de ajustes y cambios constitucionales sin tener un mandato legítimo.

Temer asumió la jefatura de Estado como vicepresidente de Rousseff, después de abandonar la coalición de Gobierno para apoyar el controvertido juicio de impeachment contra la mandataria. Rousseff lo califica hasta hoy de “usurpador” y traidor”.

La primera presidenta mujer de Brasil fue destituida por acusaciones de que su gobierno manipuló los presupuestos para ocultar el verdadero déficit fiscal. Sus simpatizantes califican la maniobra de sus rivales políticos hasta ahora de “golpe”.

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