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Elon Musk ha insultado al cineasta Alex Gibney de muchas maneras antes del estreno en cines del documental Musk, que se proyecta en salas selectas de Nueva York y Los Ángeles y llegará a todo Estados Unidos el viernes.
En las últimas semanas, Musk ha publicado en X que Gibney es un “idiota, un ser humano horrible, un títere de la extrema izquierda y un chiflado conspiranoico sin ninguna credibilidad”. Cuando se anunció el documental hace tres años, lo calificó de “ataque difamatorio”.
Tras su estreno en el Festival de Cine de Venecia el mes pasado, Musk escribió que las heces de perro “merecen más respeto que Gibney”. Según se informa, el multimillonario aún no ha visto la película y no respondió a la solicitud de comentarios de The Associated Press.
X rechaza los anuncios pagados del documental
El documental enfrenta algo más que una guerra de palabras. La distribuidora Bleecker Street no pudo publicar anuncios pagados en las principales plataformas sociales. Hasta el 25 de septiembre, YouTube, Meta, TikTok y X se habían negado a difundirlos. YouTube, donde el tráiler estaba disponible, y Meta rectificaron su postura.
También existe incertidumbre sobre si Musk se estrenará en HBO, tras la operación empresarial que integró Warner Bros. Discovery a Paramount. Larry Ellison, padre del director ejecutivo David Ellison, es amigo de Musk.
“¿Podría Musk llamar a Larry o a David y decirles: ‘No emitan este documental’?”, preguntó Gibney en una entrevista con la Ap. “Vivimos en ese mundo que se ha vuelto tan transaccional en el ámbito político… literalmente, se paga por jugar”.
El entorno de Musk también ha amenazado con emprender acciones legales. Gibney, por su parte, publica regularmente en X, tanto desde su cuenta personal como desde otra recién creada, @muskfilmfacts, dedicada a desmentir versiones falsas y señalar posibles casos de censura.
El ganador del Óscar aprendió, durante la realización de Going clear: scientology and the prison of Belief, sobre la cienciología, que la mejor manera de enfrentar a sus detractores es “no dejar que se metan en tu cabeza. También tenemos un abogado muy bueno”, agregó. “Por supuesto, revisamos todo con cuidado”. Musk no aceptó ser entrevistado para el documental.
Gibney dedicó casi cuatro años a realizar un retrato del poder y la influencia del hombre más rico del mundo. La película narra su ascenso desde Silicon Valley hasta SpaceX y Tesla, así como su paso por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE).
El documental dura casi cuatro horas e incluye entrevistas con familiares de Elon, entre ellos su padre, Errol Musk, su primera esposa y la madre de uno de sus hijos, además de periodistas, socios comerciales, antiguos amigos, colegas y funcionarios.
El proyecto se convirtió en una “historia descontrolada”, explicó Gibney. El director preparaba un montaje de dos horas cuando Musk respaldó a Trump tras el intento de asesinato del entonces candidato presidencial en Pensilvania, en 2024. Los directivos de HBO lo animaron a continuar.
“Empecé a hacer la película porque trataba sobre el poder en el siglo XXI”, comentó. “No imaginé que iba a acumular el poder de una especie de presidente en la sombra… Pero eso fue lo que hizo, así que tuvimos que seguir esa historia hasta donde nos llevó”.
Gibney y su equipo crearon una versión digital de Musk que habla directamente a la cámara. Aunque la imagen puede resultar favorecedora e inquietante, la voz y las palabras son extraídas de grabaciones de entrevistas y apariciones públicas. El equipo utilizó inteligencia artificial para sincronizar los movimientos de la boca.
Uno de los puntos más controvertidos del documental tiene que ver con los láseres espaciales y las elecciones presidenciales estadunidenses de 2024.
La fuente es un intercambio de mensajes entre Musk y Ashley St. Clair, madre de uno de sus hijos, quien proporcionó los textos. En ellos, Musk expresa optimismo sobre las posibilidades de Trump y afirma que tiene “10 mil láseres en el espacio ahora mismo”.
La inclusión de los mensajes ha dado argumentos a los partidarios de Musk para desacreditar la película, al vincularla con una teoría conspirativa sin fundamento sobre una supuesta interferencia de los satélites Starlink de SpaceX en las elecciones. Sin embargo, ni el documental ni St. Clair sostienen esa afirmación: la película presenta los mensajes y deja que el público saque sus conclusiones.
Gibney espera que organizar la información en una narración ayude al público a comprender asuntos complejos y reconoce la labor de los periodistas cuyas investigaciones sirvieron para el documental.
El equipo decidió concentrarse en los asuntos más relevantes, incluidas las dudas sobre los datos recopilados de ciudadanos estadunidenses durante la gestión de Musk en DOGE.







