Israel López Monsivais

El pasado 11 de agosto asistí al juego del Atlético de San Luis contra el Atlante. No acudía al estadio Alfonso Lastras desde que un empresario mercenario vendió los boletos a los aficionados del Tigres, quienes realizaron una invasión. Debo confesar que el Atlético de San Luis no es mi único amor futbolero, sigo otras escuadras populares y ganadoras en otras ligas.

Sin embargo, con el Atlético de San Luis aprendí a sufrir en la liga de ascenso, de luchar en la tabla porcentual. Recuerdo el gol del colorado Marcelo en el último minuto para permanecer en el máximo circuito, avanzar en la liguilla y perder la final con un penal inexistente. Posteriormente, disfruté del superliderato y jugar la Libertadores, que por la maldita influenza no pudimos ver a Boca Jr.

Como es sabido el club fue vendido al Atlético de Madrid, que presenta un proyecto serio para volver a Liga Mx, ser protagonistas y trascender. Los colchoneros son una marca mundial, es común ver al Cholo Simeone, director técnico colchonero, alentando a la hinchada en las finales. En cierto sentido la historia del equipo madrileño es de sufrimiento: campeonatos perdidos en los últimos minutos, un descenso y la eterna competencia con el Real Madrid.

Naomi Klein, periodista canadiense, explica el mundo de las marcas en su libro No logo (Klein,2014), Atlético San Luis se convirtió en una franquicia del Atlético de Madrid, que invertirá su capital, tomará las decisiones desde Madrid e impondrá sus valores, colores, jugadores y directivos. Con la globalización las marcas se expanden entregándose al capital. Por ejemplo, esta temporada fue la última que se jugó en el legendario estadio Vicente Calderón, se mudaron del barrio obrero, el nuevo recinto llevará el nombre de un patrocinador chino.

La primera polémica surgió por los colores y el escudo del Atlético de San Luis, la indumentaria es rojiblanca suplantando al azul y oro. Los aficionados mostraron su rechazo, la directiva no escuchó. Finalmente, manejan la escuadra como una empresa donde los altos jerarcas toman las decisiones. Sí, ya lo sabemos, así es el mundo de las marcas. Siento, en efecto, la nostalgia por los colores de la ciudad.

Ángel Cappa, director técnico argentino, expone que el futbol le pertenece a la clase obrera, nació en los suburbios y la clase dominante se apropió de él. Afirma que es un fenómeno popular, nada se compara a un domingo de clásico. Por otro lado, puntualiza que los valores del capitalismo fueron trasladados a este bello deporte (https://www.youtube.com/watch?v=NBx1WaZimHI).

El mismo Cappa defiende al deporte como una necesidad y derecho, es entretenimiento que permite el esparcimiento. Equilibrio entre la derrota y la victoria. Advierte que el capitalismo convierte a todo en negocio, incluyendo al futbol. Por lo tanto, el que gana vende. Menciona que es la estupidez comercializada: comprar la camiseta del ídolo a precios estratosféricos aportando al negocio (https://www.youtube.com/watch?v=x3AYB8SwM1g).

Además, el filosofo del futbol denuncia que se han robado los bienes públicos que le pertenecen al pueblo. Incluido el futbol, que anteriormente pertenecía a la clase obrera. Propone que los clubes sean de la gente, la única manera de salvarlos. Los equipos no deben manejarse como empresas, son un sentimiento (https://www.youtube.com/watch?v=JXW4OJqEriQ&t=3s).

Esta utopía la podemos encontrar en el FC United of Manchester, aficionados del Manchester United molestos por la venta del equipo de sus amores decidieron en una asamblea general crear un nuevo club, regresando el poder a los aficionados. Con tres mil accionistas, jugadores que no son profesionales y principios: se trata sobre los fanáticos, no sobre empresas futboleras.

Los hinchas disidentes del Manchester United asisten a Old Trafford con los colores originales verdes y amarillos, portan orgullosamente sus bufandas en protesta a los dueños norteamericanos. Esta romántica historia la pueden localizar en el Informe Robinson, FC United of Manchester. El mensaje: nadie es mas grande que el club (https://www.youtube.com/watch?v=bMQnG5srQlE).

Regresando al encuentro entre Atlético de San Luis y Atlante, destacable la asistencia –más de 16 mil aficionados–, comportamiento y apoyo. Anecdótico el mosaico de luces que los asistentes realizaron al irse la luz. El ánimo es palpable en el ambiente, se anhela regresar a primera en el primer año. Los cánticos de la guerrilla acompañan a los futbolistas potosinos.

Pikolín, ex portero de Pumas, es uno de los nuevos referentes. Los de casa anotaron dos goles en la segunda parte ganando el encuentro, me retiré ilusionado. Difícil asimilar la pérdida de los colores de antaño. Vamos a recordar, una vez más, Atlético de San Luis es una franquicia de la marca mundial Atlético de Madrid. En consecuencia, la escuadra ya no le pertenece al pueblo potosino.

Aguijón: reprobable que se replique el grito homofóbico en el estadio Alfonso Lastras, esperemos que la directiva emprenda una campaña de concientización contra la discriminación.

Twitter: @francotiradort1

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