Federico Anaya Gallardo

En la saga romana escrita entre 1990 y 2008 por la novelista australiana Colleen McCullough (1937-2015), en el año 45 aC, luego de vencer al último ejército de los oligarcas en el poblado hispano de Munda, Cayo Julio César se duele por la desaparición de sus enemigos: “—¡¿Con quién debatiré ahora?!” La misma idea nos la presenta el César de Torton Wilder (1897-1975) en su novelita Los Idus de Marzo (1948) adonde el hegemón político se ve en la necesidad de escribir él mismo las consignas en su contra y mandar que se grafitéen en la Ciudad Eterna. Más allá de la ficción, el historiador Ronald Syme (1903-1989) reconstruye la situación política romana posterior al triunfo del partido popular (cesariano). Syme no trabaja a partir de la imaginería social y política modernas (como McCullough y Wilder) sino que procura anclarse en los textos e inscripciones sobrevivientes. Pero igual que las novelistas, el historiador nos describe una hegemonía sociopolítica cesariana en la que la palabra de los opositores es minúscula. El registro arqueológico contiene una pieza interesante a este respecto: La Tabla Claudiana de Lyon, una placa de bronce que reproduce un debate en el Senado de Roma en el año 48 de nuestra era, y que nos muestra al princeps Claudio proponiendo otorgar la ciudadanía a las familias principales de Lyon. Hay cierto escándalo entre los senadores, porque las gentes de Lyon (entonces Lugdunum) eran galos. Pero lo único que le reclaman al imperator tartamudo y cojo es que su discurso era aburrido y largo. La oposición oligárquica había desaparecido.

Por supuesto, en tiempos de César o de Claudio no hubo un Giovanni Sartori (1927-2017) que clasificara las facciones y partidos, ni los regímenes políticos. Sí existía algo así como la ciencia política, pues la escuela aristotélica seguía engrosando la colección de constituciones de cada ciudad-Estado que inició El Estagirita. Y el grecorromano Polibio (200-118 aC) ya había señalado que una de las virtudes políticas romanas era combinar instituciones diversas que representaran los intereses confrontados. Pero nadie ofreció los calificativos (sartorianos) de “hegemónico”, “dominante” o “predominante” para clasificar al partido cesariano que triunfó no sólo en Roma, sino en toda la cuenca mediterránea en las décadas en que empezaba el primer milenio de nuestra era.

Si he iniciado este comentario tan lejos en el tiempo, querida lectora, es porque quiero afirmar que las cuestiones sociopolíticas que estamos debatiendo en México hoy día no son ni novedosas ni extrañas. Han pasado muchas veces en muchas partes. Y, lo que importa más, los resultados finales de la confrontación entre la mayoría de plebeyos y la minoría de oligarcas son muy variados. En una sociedad mil veces más primitiva que la nuestra, el principado cesariano dio casi tres siglos de estabilidad a la cuenca mediterránea, un periodo en el que los derechos de ciudadanía se fueron expandiendo geográficamente a todas las élites urbanas y en los cuales el régimen esclavista evolucionó a sistemas de servidumbre menos salvajes.

En una serie de reseñas cinematográficas en Potosí Noticias he mostrado cómo en otros contextos culturales la oposición violenta entre plebeyos y oligarcas produce hegemonías análogas. Una de las fuerzas que permitió la unificación del Japón en el siglo XVI fue la aparición de campesinos-soldados que se convertían en generales (Hideyoshi Toyotomi). Ayudó que existiesen liderazgos cesarianos, es decir, de nobles menores que asegurasen derechos a las clases subalternas a cambio de apoyo a su nuevo régimen (Nobunaga Oda). Y fue esencial que en el nuevo liderazgo imperasen los creadores de instituciones para mantener la paz tan difícilmente ganada (Yeyasu Tokugawa). Puedes ver la primer kino-reseña de esa serie en la Liga 1.

Por supuesto, el antiguo Principado Romano o el Japón Tokugawa de 1600-1850 no fueron sociedades democráticas como las que la Humanidad se ha empeñado en construir desde mediados del siglo XIX y hasta nuestros días. Pero mi punto es que la hegemonía socio-política se construye más fácilmente a partir de mecanismos de inclusión que ofrecen ventajas a la mayoría de la población –que suele ser oprimida por pequeñas oligarquías cada vez más ciegas y cada vez más incapaces. Agrego un último ejemplo de aún otra “Otredad”. Cuando Ibn Jaldún (1332-1406) escribió sus Prolegómenos o Introducción (المقدمة, Al-Muqqadimati) a la Historia Universal describió, a partir de la experiencia de muchos pueblos, una dialéctica entre regímenes excluyentes e incluyentes. Las sociedades excluyentes se desmoronaban y causaban gran disgusto, hasta que aparecían nuevos liderazgos ofreciendo una Asabiya (عصبيّة, solidaridad o sinapsis-ligazón) que pudiese cohesionar de nuevo a todos los sectores de la sociedad y refundarla.

En sus Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio Nicolás Maquiavelo llamaría Virtú a la Asabiya jalduniana. Y en esa línea de crear nuevas armonías sociales debemos leer la recomendación de El Florentino a la persona política de preferir siempre el apoyo del Pueblo –que sólo desea escapar de la opresión– a la alianza de los oligarcas –que siempre se considerarán, cada uno de ellos, superior a quien quiera que ocupe el liderazgo de la sociedad.

Termino este apunte invitándote, lectora, a oír con atención a algunos de nuestros oligarcas. En la mesa de comentócratas de Tercer Grado del pasado miércoles 12 de junio de 2024 se reunieron René Delgado, Denise Maerker, Genaro Lozano, Raymundo Riva Palacio, Leo Zuckermann y Sergio Sarmiento. (Liga 2.) Los temas fueron la reforma judicial propuesta por el obradorismo desde el pasado 5 de febrero de 2024 y, bien ligado a ese tema, la situación del sistema de partidos políticos en México. Hoy sólo abordaré el primero.

La mesa de Televisa reconoció la necesidad de una reforma en el poder judicial. Riva Palacio reconoció la corrupción generalizada en esa rama de gobierno, pero insistió que este debate era parte de una vendetta y de una “molestia personal” del presidente López Obrador frente a las y los ministros de la actual Suprema Corte de Justicia de la Nación. El escucha “Alberto Jorge Abaroa y Corona” dejó este comentario en el chat destacado del programa en YouTube: “Rivapalacio gran análisis para decir que AMLO es un pin… envidioso y egoísta…” Buen punto del ciudadano de a pie. ¿Lo habrá leído Riva Palacio? Lo dudo. ¿Alguien en Televisa? Difícilmente.

Por su parte, Leo Zuckermann insistió en la terrible incertidumbre jurídica que esa reforma provocaría en perjuicio de todas y todos los mexicanos. Ante esto, el escucha “Alberto Jorge Abaroa y Corona” sólo apuntó en el chat: “Leo [dice] ahí viene el coco, el apocalipsis, no[s]  va a caer e[l] chah[uistle].”

Como siempre, Genaro Lozano procuró desmarcarse de sus colegas señalándole a Zuckermann (y a todos) que estaban siendo reduccionistas al presentar la aprobación de esta reforma constitucional como un acabose radical. Para ello, primero les recordó que lo que permitía impulsar esta reforma (y otras) era el mandato democrático del obradorismo, nacido de las urnas el 2 de junio de 2024. Y Genaro también insistió en que la reforma judicial tenía muchos detalles por discutir. Esto ya lo habían dicho Javier Tello Díaz y Ana Laura Magaloni en la mesa de Es la Hora de Opinar del lunes 10 de junio de 2024 coordinada por Zuckermann. (Liga 3.) Tello y Magaloni coincidieron que muchos de los detalles debían estipularse en leyes secundarias –de las que aún no hay siquiera una iniciativa. Pero en estos espacios de la comentocracia nadie hace mucho caso a todo lo que queda por discutir. De hecho, en lugar de analizar ese punto que acababa de señalar, Magaloni sólo subrayó ante un Tello estupefacto, el apocalipsis: “Ustedes no se imaginan el calibre de la incertidumbre que generas…” (minuto 44).

En la mesa de Tercer Grado Riva Palacio dijo que el llamado de Claudia Sheinbaum Pardo al debate era sólo un “juego de los foros” sin importancia, “porque esto va a ir en los términos que plantea el presidente” López Obrador –quien obviamente tiene el respaldo de la presidenta virtualmente electa. Es decir, el vocero de las derechas dentro de las Fuerzas Armadas cree que ya no hay nada qué discutir.

Hoy cierro con otro comentario de la audiencia de Tercer Grado. “Nicolas Zapatero Perez” escribió en el chat: “hola chayoteros el unico que vale es el chavo los demas comentan a lo wuei”. Se refiere a un alegato importante de Genaro Lozano. Primero, recordó que los detalles de la reforma judicial aún están abiertos y recomendó revisar un estudio de la New York University (NYU) sobre la elección de personas juzgadoras en los EUA. Ante eso, Zuckermann se burló de Genaro preguntándole si “¿ya llegó el estudio de NYU a Palacio?”. Lozano, molesto, preguntó: “—¿Qué es lo que están proponiendo, Leo? ¿Qué nadie participe en eso?” Zuckermann respondió despectivo: “—¡Que participen y los ignoren!”. Lozano, descorazonado, cerró su participación diciendo que “¡Allí está su propuesta!” Tiene razón Genaro: pareciera que la oligarquía ya decidió que no tiene caso debatir nada.

Por mientras, el mandato popular existe y exige una reforma seria al poder judicial. Morena y su coalición tienen las mayorías necesarias en las cámaras federales y en las legislaturas estaduales para sacarla adelante. Claudia Sheinbaum, quien presidirá sobre lo que se apruebe ha convocado a discutir con seriedad. Los voceros de las derechas en los medios masivos de comunicación desprecian el espacio de debate. Las audiencias se imaginan, correctamente, que esos mismos señorones y señoronas sólo están preparándose para decir más tarde que “las cosas se podrían haber hecho mejor”.

Para construir una hegemonía sociopolítica estable es necesario que las oligarquías reconozcan que son parte de algo más que sus pequeñas élites. Esto se dio en la Roma antigua, en los estados musulmanes del medioevo y en el Japón de 1600. Y debe ocurrir en el México del siglo XXI. Las élites deberían recordar que el lema Por el bien de todos, primero los pobres NO les excluye. Participar –aunque sea desde la minoría– no sólo es su deber ciudadano sino la garantía de sus intereses. Aparte, ¡nadie niega sus experticias ni su libertad de expresión!

Pero como decían los revolucionarios puritanos de la Inglaterra de 1640: Antes de la caída, siempre hay soberbia… Hay que pedirle a Genaro el estudio de NYU y no escuchar al amargado de Zuckermann.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://potosinoticias.com/2024/04/14/ver-para-pensar-nobunga-oda-el-aventurero/

Liga 2:
https://www.youtube.com/live/FixX_BPbTKY

Liga 3:
https://www.youtube.com/watch?v=2_Xc6jOtB2U

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