Ap y Afp

Bangkok, Tailandia, trata de regresar a la normalidad a pesar de que la ciudad sigue bajo el agua tras todo un fin de semana de lluvias que poco a poco han ido aminorando.

En un barrio inundado al este de Bangkok, los comerciantes ofrecen en bandejas sobre el agua sus frutas y pescados a clientes que se acercan a comprar en botes o incluso nadando, en este país acostumbrado a los turísticos “mercados flotantes”. Algunos clientes llegan en bote y cargan en una carretilla frutas y verduras.

Otros salen de las tiendas vecinas con sus carritos de supermercado repletos de productos de primera necesidad que empujan en el agua.

Las cajas de poliestireno y neveras portátiles de plástico se han convertido en los accesorios más buscados para transportar tanto mercadería como niños pequeños para mantenerlos flotando.

Uno de los residentes incluso recurrió a una piscina inflable para llevar sus compras.

Hasta el momento no se ha registrado ningún deceso por las inundaciones del fin de semana en Bangkok, pero los daños causados en zonas residenciales y comerciales se perfilan importantes.

Más allá de la capital tailandesa, las lluvias han afectado más de 500 mil hogares con un estimado de 1.7 millones de personas en 27 provincias de este país del sudeste asiático. En Bangkok se estima que unos 52 mil hogares han sufrido daños.

Las autoridades ordenaron el cierre de las escuelas y han invitado a la población a hacer teletrabajo.

¿Teletrabajo o ir “nadando” al trabajo?

Para Naowarat Supanikorn, una empleada doméstica de 55 años que comparte una casa de una sola planta con tres perros y seis gatos, la inundación fue más que una molestia.

Contó que se dio cuenta alrededor de la 1:30 de la madrugada del sábado de que el agua se estaba filtrando en su vivienda.

“Tuve que sacar a mis perros y gatos”, relató. “Tuve que dejarlos con mi vecina. Hoy los he traído de vuelta porque dijeron que saldría el sol, pero parece que la lluvia volverá”.

Explicó que la inundación en su vecindario llegó por encima de sus caderas en su punto más alto, y que desde entonces había bajado hasta aproximadamente el nivel de las rodillas. Pero que el problema mayor es que perdió su trabajo en un condominio.

“En mi trabajo también dijeron que si no puedo ir a trabajar, están felices de aceptar mi renuncia. Así que pensé: está bien, renuncio”.

Para intentar generar algún ingreso, compró insumos para preparar comida que pueda vender en la calle, pero el negocio va lento con estas condiciones.

“Es estresante. Si llegan las facturas, estaré frita, porque ahora no tengo trabajo. Si tengo que pagar agua o electricidad ahora, será malo”, expresó. “No me preocupo por mí, pero me preocupan mis mascotas. He vivido con ellas toda mi vida. Son mi prioridad. Está bien si no tengo trabajo y paso hambre, pero me gustaría ayuda para mis mascotas”.

La inundación también ha tenido efectos en cadena, entre ellos compras de pánico de alimentos, interrupciones en las cadenas de suministro de alimentos y otros artículos, y problemas de personal en diversas empresas cuyos empleados no pudieron llegar a sus trabajos.

Reloj Actual - Hora Centro de México