Luis Ricardo Guerrero Romero
En todos los lugares en los que estaré radicando me pasarán cosas extrañas, dignas y muy viables para hacerlas novela, pero en ese templo de la India lo que me sucederá será sumamente diferente. Llegaré un sábado a la cita con el sacerdote (un hombre que era más vello y cabello que carne y hueso) y no estará allí, regresaré a Mylapore donde se halla el templo Kapaleeshwarar, donde Shiva es lo único que hay para creer, donde el tanque de agua bendita me va a sanar y evidentemente yo iré a eso, a creer en Shiva. Habrían trascurrido ya 23 horas del domingo en mi mente y en 15 horas más saldré del tanque bendito sin este mal que me aqueja y me impide vivir. Sentir el futuro es presentir la muerte. Muchos me dirán que será superstición y que yo me invento eso de sentir el futuro, que lo común es ver el futuro, pero en mi caso no es así, yo nunca logré ver el futuro, solamente lo siento, como cuando en sueños sientes un beso sin darlo. Dicen que eso de sentir el futuro es un mal que aquejaba a la familia, pero el sacerdote hindú me hizo sentir que no era de ese modo, y yo misma no podía sentir nada del pasado. Tremenda maldición me poseía, sin lograr sentir el pasado, y sentir fuertemente el futuro. No podía tomar ninguna decisión, y toda experiencia me era inverosímil, el pasado se olvidaba y el futuro lo tragaba. Al día siguiente que todavía no es inventado despertaré e iré rumbo a la India escribiendo lo que iba a sentir en 38 horas, pero no voy leer lo que escribí, porque no sentí hacerlo, sólo sé que me deprimiré de nuevo por tragarme el tiempo y olvidar a qué sabe un beso cuando se estaba enamorada, o al menos eso es lo que siento que sentiré en 40 horas que no sabré si verdaderamente han sido.
Yo no conocía a la mujer que se tragaba el tiempo, hasta que un día en el paseo dominical que suelo hacer, esa mujer me dijo que sentía mucho mi situación de salud, pero en aquel entonces yo estaba sano, y no fue sino hasta dos semanas después que tuve que ir de urgencia al hospital, y allí en la clínica la encontré padeciendo, según ella un dolor que no tenía aún. En fin, allí me di cuenta de que ella a tragos se bebía la vida. Según la lengua helénica la palabra trago se entiende como devorar: τρωγω (trogo), y esta voz griega se empleó en el español de modo común para las actividades de comer, tragar. Hoy en día nos resulta muy normal enunciar la idea: vamos por un trago (del verbo tragar y no beber) lo cual no indica que vayamos a devorar sino a beber. Pero la situación con Patricia era distinta, pues ella sí devoraba la vida sintiendo el futuro y desdeñando el pasado, ella el futuro sentía que olvidará el pasado. El verbo ya conjugado τρωγω> trogo> >trago, tiene mucho que ver con la palabra tracto, y de allí: el tracto digestivo, el tracto respiratorio, el tracto urinario, pues tragar implica ser conducto por el cual pasa algo y sobrelleva un proceso, —¿acaso somos el conducto del tiempo? Así la mismísima Paty es el tracto del tiempo al tragarse el futuro sentido. Para mí, Paty es la única mujer que sabe qué sentir y que siente el saber.




