Luis Ricardo Guerrero Romero

Indagué cómo lograr obtener sus beneficios, usé una dakini (bailarina del cielo en sánscrito) para que me revelara sus secretos y volver a seducirla aún más allá; algún chamán me recomendó adornar con sonajas, huesos de animales y un tambor la habitación que estuvo consagrada a ella. La imaginaba, la imaginaba así, haciendo taurocatapsia, ella la bestia, yo el atleta que puede montarla sin siquiera tocarla. Sus piernas entrelazadas en mi cuerpo, caduceo antropomórfico que se prende con mi asta al blandirla.

Porque nuestros encuentros azarosos y espontáneos generaban viento y trueno, a la antigua usanza de Funjiin y Raijin, que la mitología sintoísta no reprobaría al vernos juntos creando fuego. Su belleza tal que toda Finlandia jurará que Albert Edelfelt ya la imaginaba para dejar perpetuada su imagen. ¡Oh Aditi!, ¡oh Ishtar!, ¡oh dulce Cibeles! Llévenme a donde ella para seguir prendiéndome con la mirada del proscrito que busca su tienda y meterme en ella.

El intrépido personaje parece tener serios problemas, pues su idolatría hacia una mujer lo hace perpetrar blasfemias contra dioses y creencias antiquísimas, o suponer que un artista finlandés suponía la futura existencia de la ahora difunta, a la cual el narrador transmitió esta singular memoria que sólo su eco mental puede descubrir, y, únicamente su vacío logrará entender. Nosotros ahora sólo nos queda escudriñar alguna palabra que sea proclive al intricado desmorone de su sentido y significado. Es el caso de: prender.

La palabra prender, mantiene la imagen de encendido, de fuego, de luz. Así, por ejemplo, es usual decir: por favor: prende la luz, prende el carro, prender el boiler; aunque esta idea se remonta a los sentidos primigenios de hacer luz, o hacerse de algo produzca calor, pues es insensato pensar que prender el carro es incendiarlo (sin embargo, tanto un vehículo, como la luz, requieren de una “combustión” para surgir). En sí, es un sentido figurado, o bien, connotativo. En realidad, el significado de prender es herencia de la lengua latina: prendere, y ésta a su vez proviene de prehendo: sorprender, atrapar, apoderarse, hacerse cargo de. El sentido inicial es asir como verbo transitivo, y su participio pasivo regular es: prendido, y, el irregular, preso.

De tal suerte y dado lo anterior, si el personaje narrador que añora las libaciones eróticas de su amada se encuentra bien prendido, pues lo está tanto en sentido connotativo como denotativo.

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