- Diferencia menor a 2 por ciento
- Balotaje: 25 de octubre
Carlos Fernández-Vega
▲ Los brasileños acudieron ayer a las urnas en unos comicios presidenciales fuertemente polarizados entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.Foto Afp
Lula da Silva convocó a los brasileños a rechazar “la barbarie”, pero no todos hicieron caso: el fascista Flavio Bolsonaro –hijo del esperpéntico ex mandatario de aquella nación– por estrecho margen y “haiga sido como haiga sido”, ganó la elección presidencial en primera vuelta, aunque no puede cantar victoria, porque al no conseguir 50 por ciento más uno de los votos enfrentará a Lula en segunda vuelta (balotaje, el 25 de octubre) y entonces el balance puede favorecer al ex líder sindical. Cierto es que la ultraderecha latinoamericana avanza, pero con la decisiva cuan pútrida e ilegal intervención de la Casa Blanca, y la nación más poderosa y grande de Sudamérica es una fruta muy apetitosa para el imperio.
Por cierto, antes de los comicios se conoció que “el departamento de inteligencia de la Policía Federal de Brasil investiga una posible injerencia extranjera (léase la gringa, para favorecer a Flavio Bolsonaro) en las elecciones en curso, a partir de una denuncia de la Abogacía General de la Unión (AGU), anunció este domingo el director general de la fuerza, Andrei Rodrigues, quien dijo: “recibimos una solicitud de la AGU (institución pública encargada de la representación judicial y extrajudicial del Estado Federal) que sugería investigar una posible interferencia externa; el asunto fue remitido a la Dirección de Inteligencia a fin de iniciar las averiguaciones. Se trata de una investigación en curso, un procedimiento preliminar; no existe un riesgo efectivo ni un elemento concreto, ni tampoco la existencia de un plan contra las embajadas de Estados Unidos y Australia en Brasilia, como trascendió en días recientes para justificar la suspensión de la atención consular” ( La Jornada).
Los primeros resultados llegaron a dar 10 puntos de ventaja al candidato fascista, pero según avanzó el conteo de votos la diferencia se fue reduciendo a menos de 2 por ciento. Llama la atención el resultado de la primera vuelta y el “sentir” de una parte del electorado, porque con Lula en el gobierno se redujo la pobreza, mejoró el ingreso de la mayoría, la inflación se mantuvo controlada, de nueva cuenta Brasil quedó fuera del mapa del hambre, se incrementó la inversión, bajó del desempleo, avanzó el crecimiento económico y reforzó su política de inclusión social. En síntesis, ha sido notoria las mejoría para los brasileños y dejó en claro que su país “no será patio trasero de nadie”; es decir, todo lo contrario de lo que sucedería con Bolsonaro, al ser otro de los títeres de Washington. Sin embargo, aquí cabe la ya clásica frase: “el peor enemigo de un pobre es otro pobre que se cree rico y defiende a quien los hace pobres a ambos”.
De acuerdo con información de algunos medios sudamericanos, en esta elección brasileña tuvo peso específico el electorado evangélico (estimado en 30 por ciento del total de votantes), especialmente aquel de zonas con población altamente vulnerable y tradicionalmente identificado con el partido político de Lula, que en esta ocasión cambiaron su decisión, porque ‘fueron convocados’ por sus pastores a votar por Flavio Bolsonaro”. Lo dicho: la religión es el opio del pueblo.
Al cierre del conteo final, Lula fue el primero en hablar: “que se preparen los bolsonaristas, porque la segunda parte de la campaña inicia ahora; la verdadera foto de Brasil se verá en el balotaje y soy muy bueno en el mata-mata” (fase de eliminación directa en partidos de futbol); buscaré a los ciudadanos que no votaron (abstencionismo de 21 por ciento, equivalente a 33 millones de brasileños) y desde el próximo martes, los Bolsonaro deben prepararse porque los vamos a derrotar”. En cambio, la conferencia del fascista Flavio fue un verdadero caos.
Con 99.9 por ciento de las mesas escrutadas, la diferencia apenas fue de 1.92 por ciento.
Las rebanadas del pastel
Uno de los títeres de Trump, el “presidente” boliviano, Rodrigo Paz, por decreto destituyó al fiscal general que investigaba el caso Fernando Cerimedo, amén de que tenía órdenes de aprehensión contra su esposa por operaciones fraudulentas. Además, se descubrió que el representante de Estados Unidos en la nación andina pagó sobornos a algunos legisladores para avalar dicha medida; en Ecuador, donde “gobierna” otra marioneta trumpista, Daniel Noboa, asesinaron al fiscal que investigaba lo mismo, pero en su nación. La impunidad gringa es brutal y para eso están los peleles firmantes del Escudo de las Américas. Y en esa misma línea servil están los “mandatarios” Javier Milei, José Antonio Kast, Abelardo de la Espriella, Keiko Fujimori, Nasry Asfura y algunos más, una vergüenza para la democracia latinoamericana.
Twitter: @cafevega



