María Elena Yrízar Arias
A unas semanas de los terremotos del 7 y 19 de septiembre hemos visto múltiples reportes de los medios de comunicación sobre las desgracias materiales y muertes que dejaron. Vimos a los jóvenes vigorosos luchar contra las adversidades y avocarse a las tareas de búsqueda y rescate de personas entre los escombros de los edificios derrumbados por el terremoto.
Admiramos la solidaridad y generosidad de miles y miles de personas que debidamente organizadas trabajaron día y noche con la esperanza de salvar vidas. Allí estuvieron los vecinos proporcionando alimentos a los rescatistas, allí hubo alegrías cuando rescataban con vida a algunas personas, pero también hubo dolor y olor a muerte. Fuimos conmovidos por las lágrimas de los rescatistas y, sin embargo, nos alegró la presencia de las brigadas de varios países que se sintieron honrados por venir a solidarizarse con la pena mexicana.
Fue admirable ver a una juventud mayoritaria entre los voluntarios, que vigorosa y en cadenas humanas trabajó arduamente, con sus manos lastimadas al mover los escombros, pero allí estuvieron como soldados de la patria. Allá fueron rescatistas mineros de Charcas y de la capital potosina. También salieron brigadas médicas y enfermeras potosinas que voluntariamente y con sus propios recursos económicos se trasladaron a algunas comunidades aisladas para ayudar a sus semejantes. También vimos en casi todo el estado centros de acopio por conducto de autoridades municipales, personal del DIF, Cruz Roja, Policía Federal y por voluntariado que se instalaron en los lugares públicos, donde recibían donaciones de la ciudadanía que contribuía con alimentos, agua, medicina, ropa y otros productos para nuestros semejantes que están en desgracia. Fue muy conmovedor ver a los niños entregar los donativos que les daban sus padres para los damnificados. En términos generales se vio manifiesta la solidaridad y amor al prójimo.
Otro aspecto a considerar es que la mentalidad de muchos mexicanos fue sacudida y cambiaron sus perspectivas ideológicas en estos días. Por ejemplo, muchos que al parecer estaban muy cansados de contemplar a una clase política en la cual ya no confían y por otro lado dimensionaron el tamaño de la tragedia de los sismos, propusieron por medio de las redes sociales que los partidos políticos ya no se financien con dinero del pueblo y, consecuentemente, ese dinero sea aplicado a reconstruir miles y miles de viviendas que fueron devastadas. La idea fue aceptada y comentada en las redes sociales, sumándose a esa propuesta miles y miles de personas, pues la petición de eliminar el presupuesto se volvió un clamor ciudadano. Lo anterior provocó como consecuencia lógica que algunos partidos políticos reaccionaran y ahora hasta resultaron muy prontos y expeditos para hacer caravana con sombrero ajeno, donando el dinero que reciben del pueblo a favor de los damnificados.
Esta situación les resultó una buena idea para que partidos políticos recuperen la credibilidad ciudadana luego de que legisladores del PRD, PAN y Movimiento Ciudadano presentaron a la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma constitucional para que el cien por ciento de los recursos económicos destinados al financiamiento de los partidos políticos –unos 7 mil millones de pesos– se destinen a un fondo de reconstrucción. El panista Marco Gama Basarte, como diputado federal pidió diálogo y compromiso de todos para lograr los consensos que permitan atender la emergencia; propone destinar la totalidad de los recursos que reciben los partidos políticos a un Fondo Nacional para la Reconstrucción, ajeno al gobierno federal para que la sociedad civil tenga la garantía de que el dinero se aplicará correctamente.
El dirigente Nacional del PRI anunció que los 258 millones de pesos del presupuesto que tiene y que recibiría durante el resto del año por concepto de financiamiento, lo va a donar para los damnificados por los terremotos. El PRI presentará una reforma constitucional que permitirá que a partir de 2017 y 2018, no llegue dinero público a los partidos, con lo que para 2017 se contaría con mil millones de pesos y para 2018 se tengan 6 mil 800 millones de pesos para los damnificados por los sismos. Asimismo, el PRI propuso obtener 11 mil 600 millones de pesos con la eliminación de las diputaciones plurinominales: reducir la Cámara de Diputados de 500 a 300 integrantes; la Cámara de Senadores de 128 a 64 y cero diputados locales plurinominales que son 438 en todo el país, de las cuales tenemos en San Luis Potosí, dos diputaciones plurinominales priístas.
La propuesta es razonable, lógica y hasta justa, pero ¿les gustará a los políticos que viven del presupuesto? ¿Y a los diputados como Manuel Barrera, José Belmarez, Óscar Vera y otros, que se les acaben sus percepciones presupuestales? Habrá que verse. Puede ser el fin para muchos. Bienvenida la propuesta, pero que sea permanente. Ni un centavo del pueblo para los partidos políticos.
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