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La Habana. Las tierras cubanas están siendo invadidas por un enemigo al que todavía no se sabe cómo combatir eficazmente: el caracol gigante africano.

“Lo bien que comen, arrasan con todo”, dice a Dpa Mario Mirabal, quien ya ha perdido 4 mil girasoles por la acción devoradora de los caracoles gigantes africanos en su finca. Yuca, patata, boniato y el plátano están entre los alimentos preferidos de estos moluscos, aunque comen todo lo que se encuentran en su camino.

“Mira qué peste dejan”, dice Mirabal tapándose la nariz mientras con un palo muestra las conchas y cenizas en el interior de un bidón de metal donde quema con gasolina los que recoge. El recipiente tiene capacidad para más de 2 mil caracoles.

Sin embargo, por muchos caracoles que maten, al día siguiente es como volver a empezar. Los científicos aseguran que son hermafroditas y tienen una gran capacidad reproductiva, poniendo cada vez entre 50 y 300 huevos, unas seis veces al año. Su esperanza de vida es de hasta nueve años.

“Por el momento sólo hemos logrado matarlos con sal, pero imagínate que no podemos regar los campos de sal porque destruiría los suelos”, dice Mirabal, que ante la resistencia de los animales ha tenido que construir unos pequeños muros para que no avancen hacia los canteros con las semillas.

“A ellos no les gusta el sol, por eso con lo que tardan en caminar y llegar al cantero con el muro, se dan la vuelta buscando la sombra y la humedad”, afirma mientras revisa las plantas.

Los caracoles prefieren los lugares con alta humedad, zonas de sombra en las que descansan durante las horas del fuerte sol caribeño, mientras que durante la temporada seca se vuelven inactivos.

A pesar del sol abrasador cubano, el clima de la isla es bueno para ellos. Cuando la temperatura se eleva y la humedad relativa también, se generan las lluvias tropicales que crean el ambiente ideal para la vida de los caracoles.

“Entre sus fortalezas en un ambiente isleño, como es el de Cuba, están que es una especie que crece muy rápido, come de todo, compite mucho mejor con los autóctonos y no tiene aquí a muchos de sus predadores naturales”, dijo a Dpa Luis Álvarez Lajonchere, taxónomo de moluscos en la Universidad de La Habana.

El caracol gigante africano es originario del este de África, especialmente de zonas de Kenia y Tanzania, aunque se ha ido extendiendo por Asia y América. “Menos en la Antártida está en todos los continentes”, afirma Álvarez Lajoronche.

Las autoridades cubanas no saben cómo comenzó la plaga de una especie muy común en África, pero que era desconocida en la isla hasta 2014 y que de pocos ejemplares ha aumentado su presencia hasta convertirse en un problema para los campos cubanos.

“No conocemos las causas reales de cómo llegó a Cuba, pero pudo hacerlo por cuestiones culturales, ya sean ornamentales o religiosas que motivaron la entrada al país”, apuntó a Dpa Michel Matamoros Torres, investigador del Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal (INISAV).

En los campos afectados hay varias teorías, desde una persona que los crió como animales domésticos y se le escaparon al elemento decorativo y la versión más difundida: que llegaron a la isla para usarlos en ritos santeros de origen africano.

“No podemos afirmar que la religión tenga algo que ver con el caracol gigante africano, aunque tenemos algunos elementos que nos hacen pensar que pueden ser ellos. Por eso hacemos una alerta a los religiosos”, señala con cautela Matamoros.

Inicialmente, en los sitios en los que fueron apareciendo siempre había cerca una casa de un babalao (sacerdote de la religión yoruba) o un lugar de ceremonias religiosas, pero las autoridades cubanas se cierran a la hora de señalar públicamente a un culpable.

“La sospecha que tenemos es que no se introdujo en Cuba para alimentación o como mascota, sino puramente para rituales”, afirma Álvarez Lajonchere. Algunos cubanos creen que los caracoles sirven de amuleto para obtener una casa o escapar de la policía.

Otro de los temas tabú es a la hora de dar cifras concretas de cuánta es la población del caracol gigante africano en la isla. “Esa información todavía no es pública, aunque nosotros llevamos un control de la población que se va destruyendo. La población es alta, pero no queremos alarmar”, añade Matamoros.

Hasta el momento, los científicos tienen localizado su foco en La Habana, en más de 40 puntos diferentes de la ciudad. “Es importante que no lleguen a invadir ampliamente los ecosistemas naturales”, alerta el investigador del INISAV.

En el Parque Metropolitano de La Habana, el pulmón de la capital cubana situado en el centro de la ciudad, las brigadas de trabajo llegaron a sacar más de 12 mil ejemplares a mano, uno por uno. “En apenas dos horas ya habíamos extraído más de 300 caracoles”, recuerda Álvarez Lajonchere.

Según advierte Matamoros, que centra sus investigaciones en cómo esta especie invasora afecta a los vegetales, “el caracol gigante africano transmite enfermedades a los humanos y a los animales”.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo incluye en la lista de las 100 especies dañinas más invasivas del mundo, además de considerarlo como el principal vector en el mundo de la Angiostrongylus Cantonensis, que causa en los humanos la meningitis eosinofílica.

“Hay veces que cuando tú tienes un monstruo de este nivel no lo puedes erradicar, lo que sí se puede es limitar el acceso a las áreas naturales, pero hay que dedicarle muchos recursos”, sostiene Álvarez Lajoronche.

“¿Cómo puede ser que el hombre descubriese la bomba atómica, capaz de aniquilar a la humanidad, y no sea capaz de encontrar algo para acabar con los caracoles?”, se pregunta José Antonio Cruz, que sufre la invasión del molusco en su finca.

Cruz escribió una carta al periódico oficial Juventud Rebelde en la que señaló que, de no tomarse “las medidas adecuadas, en poco tiempo estará afectando la agricultura del país, la cual constituye uno de los sectores priorizados en el proceso de transformación de nuestro modelo económico”.

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