Luis Ricardo Guerrero Romero
Con los ojos tirados y pasando su lengua por encima de su boca, la bartender del lugar favorito de Emilio tomaba comanda de la noche, pocos sabían de la vida de la joven de mirada triste, pocos tenían por qué saberlo tanto de la vida de ella, como la de Emilio, así como la tuya y la mía. ¿Para qué tendrían que saber de la vida de la chica de labios gruesos y caderas prominentes?, ¿para qué saber de la vida de Emilio, que acude por dos tragos amargos cada miércoles?, ¿para qué saber de ti que buscas noticias y avisos importantes dentro de las redes sociales?, y, ¿para qué saber de mí que sólo sé que no sé leer ni escribir?
La vida genuina de cada uno de los que estuvieron esa noche en el bar, nadie la sabe, sólo el pasado que los abriga se enteró de lo que hicieron y únicamente el presente va dando forma a lo que pudieron ser hoy, pero el futuro, ese no se logró ver.
En el bar, ya enfiestados y con gozo por concluir un año más, dentro de sus mentes habitaría la huésped más persistente: la incertidumbre. Hay incertidumbre en muchos casos, pero no cuando se lleva en la mochila un catalejo. Así es como Emilio después de sus únicos tragos sacó aquel instrumento óptico para ver más adelante, argumentando que, quien deseara saber lo que le depara de inmediato el futuro 2026, debía de ver por el ojo de ese catalejo.
Evidentemente fue la burla de todos, Emilio tenía un resentimiento con el que no iba a entrotizar su año, así que, pagó la cuenta y se alejó para mirar de lejos con su catalejo cómo el resto de esos clientes iba a morir, puesto que él paciente los esperaría metros adelante con el calor de un revólver y con el alma desquebrajada.
Dejando a un lado el texto anterior, hoy recordamos que catalejo, un sustantivo que pocas veces usamos, y salvo los marinos, naturalistas o exploradores entre otras profesiones emplean con regularidad la herramienta que ostenta dicho nombre. Nosotros, con la herramienta de la imaginación, ocupémonos de saber, por qué se llama catalejo y para qué nos servirá tal herramienta en este nuevo año.
Dejó el diseñador romano: Cayo Lacer grabado en el puente de Alacántara: ars ubi materia vincitur ipsa sua (inventar es conseguir que la materia se venza a sí misma), y tal idea nos recuerda que todos somos también materia, y que todos somos también puente que une de algún modo el punto A con el B, y desde luego si vemos con un catalejo nuestra vida podemos diseñar mejor tal materia, inventar nuestro 2026 posteriormente de observar a distancia lo que se llegará a lograr, somos ineluctablemente el mejor auto-prospecto.
Con nuestro catalejo, de las voces latinas: captatio (se modificó en latín coloquial en catar: revisar, que caza); y laxius (lejos, espacio o extenso) podemos revisar y cazar a lo lejos el futuro si es que buscamos el catalejo más oportuno para nuestra vida, entonces habrá que convertirnos en espías de nuestra existencia, catalejo en inglés se enuncia: spyglass, y es tal herramienta que usaremos para ver más allá de lo normal. Cuando el holandés Hans Lippershey inventó el catalejo dejó un ojo en la realidad y otro en el más adelante, y es así que debemos proseguir, con un ojo que esté ubicado en el aquí y ahora, y el otro en el allá y después.
De tal modo, en víspera de un año que se imagina, que se ve desde hoy, saquemos los catalejos más precisos y aventurémonos a mirar.
Prosperidad a todos los jornadistas.





