Alia Lira Hartmann, corresponsal

Lido de Venecia. La etapa de la adolescencia del ser humano es tal vez la más turbulenta tanto en el ámbito biológico como sicológico. Si a esto se agregan vivencias de familias disfuncionales, experiencias de abuso y violencia podría equipararse a una especie de coctel molotov humano a punto de explotar en cualquier momento.

El cineasta francés Cédric Kahn trae a Venecia en la gesta por el León de Oro esa especie de molotov humano con 15/18 -A Place to Heal– Un lugar para sanar en su traducción al español.

El título alude directamente al rango de edad de los pacientes ingresados en la unidad de siquiatría infantil-juvenil donde transcurre la historia. Todos los adolescentes hospitalizados en este centro de salud pública tienen entre 15 y 18 años, una etapa crucial de transición marcada por la fragilidad psicológica, crisis de identidad y problemas familiares que la película retrata desde dentro.

La dificultad de mantener control dentro del siquiátrico

Muchas son las situaciones que crean un ambiente de tensión en el siquiátrico, sin embargo, el tratamiento a estos momentos de tensión, muestra incluso la impotencia del equipo médico ante algunos casos; los conflictos dentro de la institución van desde la administración de medicamentos, la solución constante de los conflictos que surgen entre los adolescentes o las crisis explosivas de algunos de ellos.

Además, el límite superior de los 18 años cobra un significado especial dentro del filme, al representar el umbral de la mayoría de edad y el momento en el que el sistema médico y legal comienza a tratarlos formalmente como adultos.

Es precisamente esa frontera la que interesa a Kahn: aunque el no tiene experiencia con hijos propios adolescentes, las experiencias de hijos de sus amigos han sido una especie de introducción a esta etapa de vida según ha comentado en conferencia de prensa. Muchachos que todavía deberían estar descubriendo el mundo, pero que llegan al hospital cargando una pesada mochila con historias de violencia, abandono, conflictos familiares, impulsos autodestructivos y una fragilidad emocional que los adultos y los médicos psiquiatras no siempre saben cómo acompañar.

La humanidad más allá de un padecimiento 

Pero Kahn evita convertirlos en simples expedientes clínicos. Su cámara permanece cerca de ellos, observa sus gestos, sus provocaciones, sus afectos y también sus silencios. La institución aparece como un espacio contradictorio: es al mismo tiempo refugio y encierro, lugar de protección y escenario de conflictos. Los adolescentes desean salir, pero algunos descubren que regresar al exterior puede ser mucho más difícil que permanecer dentro de esas paredes.

En conferencia de prensa el cineasta francés comentó que el proceso creativo de la cinta se fue construyendo después de pasar un largo periodo observando el funcionamiento de unidades de psiquiatría infantil y adolescente. Junto con la guionista Kahina Le Querrec, asistió a terapias individuales y familiares, talleres de dibujo, teatro, deporte y jardinería, además de observar la vida cotidiana de los pacientes. Esa experiencia explica el particular equilibrio de la cinta entre ficción y observación documental.

Kahn no presenta a los jóvenes con desórdenes sicológicos como etiquetas. Algunos sufren de esquizofrenia marcada por la pérdida de contacto con la realidad, alucinaciones, profundas depresiones, reiterados intentos de suicidio, autoagresión entre algunos de los problemas, sin embargo, esto no es lo que define a sus personajes, sino como una parte de vidas mucho más complejas. Cargan este coctel de desórdenes pero también en sus conductas manifiestan camaradería, deseo, humor, sexualidad, rabia y una energía vital que se niega a desaparecer.

El director incluso aparece en pantalla como uno de los integrantes del personal médico. El centro de atención entre los jóvenes es el triángulo formado por Lucia, Eloïse y el recién llegado Enzo, un adolescente que más que desórdenes psicológicos, trae detrás una historia de delincuencia: su presencia altera el frágil equilibrio de la unidad. La llegada de este muchacho introduce una corriente de deseo, peligro y rebeldía que conduce al relato hacia un desenlace de mayor intensidad.

Segunda mitad de la cinta es puro suspenso

La segunda mitad de la película se transforma en una especie de thriller cuando precisamente Enzo organiza una fuga del hospital. La fuga no representa simplemente una huida: se convierte en una metáfora de la necesidad de recuperar la libertad y, sobre todo para estos jóvenes de volver a sentirse, aunque sea por poco tiempo, de sus destinos.

También hay una dimensión política, aunque la película no se comporta como un manifiesto. El propio Kahn ha señalado que la manera en que una sociedad trata la enfermedad mental dice mucho de su capacidad para hacerse cargo de sus propias fracturas.

Kahn trabaja con un elenco juvenil marcados por la espontaneidad marcados en buena parte por un comportamiento ambivalente que pueden ser vulnerables y agresivos, tiernos y destructivos, necesitados de afecto y al mismo tiempo rechazarlo.

15/18 confirma además el interés de Kahn por dar visibilidad a personajes atrapados en situaciones límite y por las relaciones de poder, dependencia y afecto que surgen dentro de ellas.

Cédric Kahn (1966) es un destacado Director de cine, guionista y actor francés; ha dirigido diversas películas aclamadas en grandes festivales.

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