• Enfurece jefe de estación
  • Sale Maru, entra Rocha

Carlos Fernández-Vega

Como al jefe de estación de la CIA en México –que trabaja encubierto como “embajador” de Estados Unidos en nuestro país– y a sus titiriteros en Langley les enfureció que agarraran con las manos en la masa a una de sus infiltradas (disfrazada de “gobernadora” de Chihuahua), ahora, en venganza, intentan desviar la atención no sólo para “enterrar” el ilegal operativo en la Sierra Tarahumara (en el que murió un par de sus muchachos), sino con el fin de salvarle el pellejo a su paisana Maru Campos, quien es investigada por la Fiscalía General de la República (FGR), en vías de ser desaforada y juzgada por traición a la patria.

De entrada, tanto Ronald Johnson como sus jefes en Langley resultan ser culpables del mugrero que dejaron en Chihuahua, amén de violar la ley de terceras naciones. Derraparon feamente al designar a Maru Campos como su agente encargada del operativo (desde el plano político) y abrir la puerta al citado par para que hicieran lo que les viniera en gana (con la complicidad de las “autoridades” policiales y aquellas que dicen “procurar justicia” en la entidad), a sabiendas que violaban la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional.

Su agente encargada de todas patinó en todas y en cuestión de horas se destapó el mierdero de la CIA en territorio mexicano. Peor aún fue el intento de “defensa” de Maru Campos, pues entre las patas se llevó a todos y lo único que logró hundirse más, a grado tal que la FGR inició dos carpetas de investigación (mientras la “unidad especializada de investigación” por ella creada sólo hizo el ridículo), el Senado de la República se apresta para iniciar el juicio de procedencia, dada la “brutal crisis institucional en Chihuahua” (Ignacio Mier dixit) y ha recibido el apercebimiento de la Presidenta de la República por traición a la patria.

Ese resultado provocó un ataque hepático en el jefe de estación de la CIA en México y en sus jefes en Langley, quienes históricamente se han especializado en dejar todas las huellas marcadas en sus “operaciones encubiertas”, de tal suerte que la de la Sierra Tarahumara no será la primera ni la única en la aparecen embarrados.

Dado que la gringa Maru Campos ya fue quemada como agente de la CIA, entonces no les queda de otra que intentar desviar la mirada para alejarla de Chihuahua, del Partido Acción Nacional (repleto de operadores de dicha agencia y rebosante de traidores a la patria), de la embajada de Estados Unidos en México y, desde luego, de la central en Langley, Virginia.

Y como son muy creativos, echaron a caminar el aparato, y al Departamento estadunidense de Justicia se le ocurrió la mejor idea: presentar cargos contra el actual gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, y otros funcionarios y ex funcionarios “por su presunta vinculación con el cártel de Sinaloa” y “conspirar con líderes de la organización criminal para importar grandes cantidades de narcóticos a Estados Unidos a cambio de apoyo político y sobornos; los acusados son todos funcionarios de alto rango, actuales o anteriores, del gobierno y las fuerzas del orden de ese estado mexicano, incluido el actual gobernador”. La notificación de todo esto corrió a cargo del fiscal federal del distrito sur de Nueva York, Jay Clayton, y el administrador de la DEA, Terrance C. Cole, y asignado a la jueza federal Katherine Polk Failla.

Y listo. Con esta inteligente cuan novedosa maniobra distractiva, más un jarrito de atole, de inmediato todos voltearán la mirada a Sinaloa, a Rocha, y a sus funcionarios y ex funcionarios (alrededor de 30 en total), mientras los panistas ladran en redes, los medios de comunicación que hicieron mutis en el caso de la Tarahumara y ahora va con todo contra el gobernador y la palmípeda salvaje Maru Campos cree que ya salvó el pellejo. Y con ello, colorín colorado la “operación encubierta” de la CIA en Chihuahua se ha acabado. Brillante.

Ahora bien, si en realidad Rubén Rocha estuviera vinculado al cártel de Sinaloa, la FGR debe actuar de inmediato, investigar a fondo, proceder en consecuencia y clarificar el caso en México, no para satisfacer las urgencias mediáticas y chantajistas de los gringos, sino porque así debe ser en un estado de derecho. No a la impunidad, sin importar colores partidarios. Caso contrario, hay que taparle la boca a los vecinos del norte, quienes dan cátedra sobre impunidad, intervencionismo, golpismo, connivencia, ilegalidad, narcotráfico, negocios sucios y mucho más.

Las rebanadas del pastel

Mientras el gobierno nacional deja de fingir demencia en el caso de la minera Camino Rojo, va un enorme abrazo para la dueña de mi sistema cardiaco por una velita más en su pastel.

X: @cafevega

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