
Federico Anaya Gallardo
Veinte años no es nada… cantaba Gardel en su tango Volver. (Liga 1.) Pero cien años sí que impactan. Hoy quiero contarte, querida lectora, de la política mexicana de hace un siglo. (Y no creas que quiero escaparme del hic et nunc del fin del primer sexenio obradorista. Nomás ténme paciencia.) El miércoles 23 de enero de 1924, en la esquina de las calles de Córdoba y Tabasco de la Colonia Roma de la ciudad de México, unos pistoleros acribillaron al senador de la República por Campeche Francisco Field Jurado. Casi al mismo tiempo, otro senador, pero representante por Coahuila, Vito Alessio Robles, iba en auto en camino a su casa circulando por Córdoba hacia el sur. Once años más tarde –en 1935, precisamente cuando se estrenaba Volver de Gardel– don Vito dejó por escrito su versión de lo ocurrido en una serie de artículos publicados por El Día de la ciudad de México. Gracias a Chantal López y Omar Cortés puedes consultar en la www la narración completa de Alessio Robles. (Liga 2.)
Sigamos el relato de don Vito: “unos minutos después de las dos de la tarde… al llegar a la cuarta calle de Córdoba, muy cerca de su cruzamiento con las calles de Tabasco, una multitud que se arremolinaba, hizo detenerse al vehículo en que [yo] viajaba. Creí por lo pronto que se trataba de algún accidente automovilístico, y como la gente aumentaba en vez de disminuir, hice que bajase el chofer a inquirir lo que pasaba. / —Señor— me dijo al regresar —mataron a un senador…” Entonces, el senador coahuilense se apeó del carro y llegó hasta el cadáver, que estaba “tirado boca abajo en el pasto de la orilla de la banqueta, sobre un gran charco de sangre”. Cuando me toca ir por la noche a recoger a mi sobrina cuando sale de la Secundaria 18 “Soledad Solórzano Anaya” y pasamos por allí, le recuerdo la escena –para mostrarle lo tranquila que es hoy día la colonia.
El senador campechano había viajado a su casa en camión (usando la ruta Roma-Mérida que conectaba el centro con el elegante barrio exporfiriano). Un par de autos lo habían seguido. El senador Field se apeó en Mérida y Tabasco. Empezó a caminar por esa última calle hacia Córdoba. Unos pistoleros descendieron de uno de sus carros y empezaron a dispararle. El senador huyó y dobló a la derecha en la esquina de Córdoba. Allí le cerró el paso otro grupo de asesinos que bajaban del otro auto.
Lo anterior se pudo reconstruir por la investigación que exigió la cámara alta, que reportearon los diarios de la capital federal y reprodujeron con un día de retraso los periódicos en otras ciudades. Puedes consultar en la página www de la Hemeroteca Nacional, por ejemplo, las ediciones del sábado 26 de enero y del viernes 1ro de febrero de ese ya lejano 1924. (Liga 3.) He agregado a este texto la primera plana de El Informador de Guadalajara para la primera de las fechas que te recomiendo. Revisa rápidamente los encabezados de las notas principales.
¿Por qué asesinaron a Field Jurado? Don Vito nos dice que “mes y medio antes había estallado la revolución delahuertista. El Senado estaba dividido en tres grupos perfectamente clasificados: callistas, al mismo tiempo obregonistas; delahuertistas, casi todos miembros del Partido Cooperativista, e independientes. / Eran delahuertistas Pedro de Alba, Rafael Zubarán Capmany, que se encontraba en Veracruz con don Adolfo de la Huerta, como uno de los directores del movimiento revolucionario [y otros].”
Esa revolución es de la que habla la primera plana de El Informador de la Perla de Occidente. De acuerdo al diario tapatío, los delahuertistas habían tomado Morelia y bloqueaban el tren entre Saltillo y Torreón. Se rumoraba que la guarnición militar de Monterrey se había unido a la revuelta y –en el propio Jalisco– se preparaba en el municipio de Ocotlán una de las batallas más sangrientas de aquella crisis. A esto se refiere la nota mayor: “Probablemente en La Barca se entable una sangrienta lucha”. Si revisas el tono de la nota de El Informador notarás que aunque el diario pretendía ser neutral, sus reporteros siguen al jefe delahuertista, el general José G. Márquez.
En el portal www de Excélsior puedes revisar, querida lectora, el reporte del resultado de la batalla de Ocotlán –que ocurrió en las siguientes dos semanas. (Liga 4.) Excélsior cita sus propios reportajes de 1924: “En el pueblo de Ocotlán se libró formidable combate” (10 de febrero). El presidente de la República llegó al lugar luego de los combates: “Cientos de heridos, así como otros cientos de cadáveres fueran parte de la escena contemplada por Obregón tras su recorrido en el lugar del campo de batalla. La Cruz Roja y un amplio número de voluntarios se encargaron de las labores de socorro”. Reporteros de Excélsior entrevistaron a sobrevivientes de la batalla, quienes dijeron que “el pavimento estaba materialmente rojo por la sangre que corría y a cada instante las ambulancias llegaban con más y más soldados, mientras el estallido de las balas continuaba sin interrupción”.
Ese es el contexto del asesinato de Field Jurado. El país en llamas. Dos tercios del Ejército levantados contra el gobierno federal. En muchas partes, el gobierno federal tenía la mitad de efectivos que los sublevados. (Jorge Alberto Lozoya, El Ejército Mexicano, Colmex, 1984: pp. 52-54.)
La prensa en duda respecto de quién ganaría aquella guerra. El líder más conocido del Partido Cooperativista, Jorge Prieto Laurens, había competido en 1923 como candidato a gobernador en San Luis Potosí. La elección terminó mal. Tanto el cooperativista Prieto Laurens como el agrarista Aurelio Manrique Pruneda se declararon ganadores. Los diputados de uno y otro se instalaron como congreso estadual. Así que los potosinos pasaron el Año Nuevo 1923-1924 con dos gobiernos. Prieto Laurens despachaba en la capital potosina, Manrique en Ciudad Fernández –protegido por los campesinos armados de Saturnino Cedillo. Prieto Laurens se unió a los rebeldes delahuertistas.
Regresemos al Senado de la República. Muchos senadores cooperativistas seguían asistiendo a las sesiones y operaban a favor de los levantados en armas. Veinte días antes del asesinato de Field Jurado, el 3 de enero de 1924, los rebeldes delahuertistas en Yucatán habían ejecutado al gobernador Felipe Carrillo Puerto y varios de sus colaboradores. (Este detalle, por cierto, no lo refiere Alessio Robles en su crónica. Los rebeldes ya habían derramado sangre.)
Sigamos con la crónica de don Vito. Este nos dice que la Presidencia había enviado a la cámara alta los Tratados de Bucareli que acababa de firmar con los EUA. “Decíase en los corros del Senado que Obregón tenía el mayor empeño en que los convenios fuesen aprobados rápidamente, sin discusión, para poder obtener un apoyo decidido de los Estados Unidos, en forma de armas y pertrechos para batir a los rebeldes. Afirmábase también que los cooperatistas o delahuertistas habían recibido de Veracruz instrucciones terminantes para no aprobar o, cuando menos, obstruccionar la aprobación de dichos convenios, asegurándose que en esa obstrucción radicaba el triunfo del movimiento subversivo.”
Los senadores cooperativistas jugaron a romper el quórum de sesión, de modo que el Senado no pudiese abordar la ratificación de los tratados. De acuerdo al cronista, “los cooperatistas consideraban [los tratados] como un acto de traición a la patria y como una claudicación de los principios revolucionarios, ya que, según afirmaciones, se garantizaban los derechos de los latifundistas y patrones norteamericanos, y los mexicanos quedaban al garete”.
Los senadores cooperativistas faltaban a sesión por turnos. Nos reporta don Vito que “el que dirigía las maniobras era Field Jurado. Él determinaba diariamente quiénes de los senadores cooperatistas deberían asistir a las sesiones y quiénes no.” Esto era importante para que no se les diese de baja y se llamara a sus suplentes. Alessio también nos explica que el líder obrero más importante de esos años, Luis N. Morones, era diputado federal. Morones y su Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) habían denunciado el contubernio de los legisladores cooperativistas con los rebeldes y los responsabilizaban por la muerte de Carrillo Puerto. En la cámara baja, Morones había llamado a la “acción directa” contra los senadores cooperativistas.
Tanto Alessio Robles como la opinión pública –y la mayoría de las y los historiadores– coinciden en que los asesinos de Field Jurado estaban ligados al movimiento obrero y que el objeto de la agresión era doblegar la resistencia parlamentaria del cooperativismo. De hecho, al mismo tiempo que Field Jurado fue sacrificado en la Colonia Roma, otros tres senadores fueron secuestrados. Los suplentes asumieron el escaño y los Tratados de Bucareli fueron ratificados por el Senado.
Me he extendido en estos sucesos de hace un siglo porque, pese a las muchas continuidades culturales y sociales de nuestro país, sus transformaciones también son grandes –aunque no sean evidentes para la comentocracia. Ya sabes, lectora, que Krauzes y Camines dicen que vivimos en una dictadura. Y la izquierda buenaondita se persigna por la militarización. Pese a eso, cien años después de la rebelión delahuertista ninguna capital está ocupada por sublevados, y en ningún estado tenemos dos gobernadores cada uno despachando con su propio congreso.
Ciertamente, hay discursos incendiarios. Por ejemplo, la diputada de Movimiento Ciudadano (MC) por Zapopan, recién reelecta, Mónica Magaña Mendoza, tronó desde la tribuna tapatía diciendo que: “—A Morena y a todos sus aliados, desde Jalisco les queremos decir que aquí se van a topar con un muro de contención. Aquí la reforma no va a pasar. Aquí, a los atentados a la democracia les decimos que no. En Jalisco Morena no entra. … ¡Desde Jalisco, a todo México le decimos que no nos vamos a rendir!” (Ve su Tiktok en la Liga 5.) Pero el voto jalisciense contra la reforma judicial democrática no se parece en nada a la sublevación de dos tercios de las fuerzas armadas hace un siglo. Y la impugnación de Morena a la victoria del emecista Pablo Lemus como gobernador tapatío en 2024 está a años luz de la crisis potosina de 1924, adonde hubo doble legislatura entre cooperativistas y agraristas.
La clase política mexicana –pese a la polarización de todos tan temida– ha encontrado un modo más civilizado de arreglar sus disputas. Las traiciones terminan en memes y las amenazas se profieren en TikTok. La amargura de los reaccionarios es similar y la infodemia comparable, pero cien años lo han cambiado todo. Recordar nos serena. Pero atención: también nos indica adónde no debemos regresar jamás.
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=0TPtsf8nSpQ
Liga 2:
https://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/jurado/1.html
Liga 3:
https://hndm.iib.unam.mx/consulta/busqueda
Liga 5:
https://www.tiktok.com/@monica.maganam/video/7414028295144099077




