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Salvamos personas, no mercancías, dice el capitán del ‘Open Arms’

Oscar Camps en entrevista con La Jornada en junio pasado. Foto: Alfredo Domínguez

Blanche Petrich

En el Mediterráneo, a unas cuantas horas de navegación de un puerto seguro en la isla de Malta o Lampedusa, esperaba desde hace 14 días un pequeño barco con una cubierta de no más de 180 metros cuadrados y 151 personas a bordo, entre ellos 30 niños. Los gobiernos maltés e italiano les negaban el permiso para atracar. Hace días el servicio meteorológico anunciaba mala mar. Este miércoles el vaivén del navío fue incesante, con olas hasta de tres metros.

En esas condiciones, el Open Arms, remolcador que salva vidas, no podía resistir mucho tiempo más. Pero en horas de la tarde arribó por radio una buena noticia. Un tribunal local italiano declaró sin efecto el decreto del ministro Matteo Salvini, que prohíbe los desembarcos de migrantes aun en condiciones de emergencia. Sin un permiso explícito, el golpe legal significó que el barco pudiera poner proa rumbo a aguas territoriales italianas para buscar abrigo. Esto significa que quizás a las siete de la mañana de este viernes el barco toque tierra firme.

Oscar Camps, capitán del barco y dirigente de la organización humanitaria Proactiva Open Arms, explicó a La Jornada que aunque aún no tienen un puerto seguro asignado, se espera que los 30 niños a bordo puedan ser desembarcados mañana mismo. Y los adultos restantes en las próximas horas o días.

El fallo del tribunal de Lacio, sin embargo, fue desafiado de inmediato por Salvini, quien enarbola la bandera antimigrante como una de sus cartas fuertes en su campaña por hacerse del gobierno. De inmediato se puso a trabajar en una nueva prohibición.

La tripulación y los rescatados del barco que zarpó de Cataluña no están solos en ese trance. En la misma zona un barco bastante más grande, el Ocean Viking, de la ONG francesa Médicos sin Fronteras, navega con otros 356 rescatados. Las tripulaciones de las dos embarcaciones claman al unísono por permiso para llegar a un puerto seguro. Hasta ahora no tienen una respuesta definitiva de la civilizada Europa. Apenas el 29 de junio, la capitana alemana Carola Rakete, de 31 años, tomó la decisión de atracar en el puerto de Lampedusa con su nave, Sea Watch, con 40 rescatados. Fue detenida de inmediato. Ha sido liberada.

Camps conversó via telefónica con La Jornada.

Estas 151 personas, que son personas, no son mercancía abandonada en alguna aduana, llevan 14 días en alta mar, en un espacio muy pequeño, sometidos a la inclemencias meteorológicas. Vienen de 10 países diferentes. Esto provoca mucha ansiedad, no saben qué va a ser de ellos. Vienen de una experiencia traumática luego de ser traficados en Libia. Todas las mujeres, sin excepción, incluso niñas de 12 años, han sido violadas no una, sino varias veces. Todos han visto morir a familiares y amigos. Son conscientes de la dificultad que hay de desembarcarlos y, claro, esto ocasiona tensión. Llega a haber peleas hasta por un pedazo de sombra.

–¿Cómo controlan la situación?

–Hemos aguantado durante 12 días con nuestro equipo médico y la tripulación, pero ya antier incorporamos a sicólogos y animadores culturales que pudimos embarcar desde Italia con el fin de crear un clima de calma y proporcionar atención profesional y directa a sus necesidades emocionales.

“Vienen de mucho sufrimiento, de un país en guerra, han sido torturados, violados, extorsionados y explotados hasta la saciedad. Han podido huir pagando a mafias y han sido rescatados in extremis en el mar cuando han estado a punto de naufragar.”

En estos 14 días, en dos operativos diferentes, lograron desalojar por helicóptero a nueve personas en condiciones muy graves de salud.

Camps, catalán de origen, critica duramente a la región entera: Al no acoger a estos refugiados los gobiernos europeos cada minuto violan sus derechos legales, el derecho marítimo, los derechos humanos y los de la infancia. Literalmente les importamos un carajo. Porque además tenemos 30 niños que deben ser desembarcados inmediatamente. Así lo denunciamos en el tribunal de menores de Palermo.

–¿Han avanzado las gestiones para conseguirles asilo o puerto seguro?

–El barco se ha convertido en una oficina de solicitud de asilo; 89 personas han llenado sus papeles, que se han entregado tanto al Acnur como a los gobiernos italianos, maltés y español.

–¿Qué procede para solventar la negativa de Italia, Malta y España de darles abrigo?

–La Unión Europea tiene un mecanismo que gestiona la Comisión Europea. Cuando un país miembro activa una petición se informa y se coordina a los países para que puedan repartir lo antes posible a las personas en las naciones que voluntariamente lo han ofrecido. Y España no ha hecho esa gestión.

–¿Le corresponde?

–Sí, porque navegamos bajo pabellón español. Pero no lo ha hecho y hemos acudido a Alemania y a Francia. También apelamos al presidente del Parlamento Europeo, quien ha instado a España para que lo haga ya. Es paradójico, España no ha movido un dedo para proteger a un barco que lleva su bandera, una organización que es española y a 151 personas a bordo cuya vida está en peligro.

–¿Qué ha pasado con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez? Hace un año, al principio de su gestión, se dio una crisis muy similar, con rescatados del naufragio en el Aquarius, y él apeló a los derechos humanos, a la necesidad de un puerto seguro y les autorizó desembarcar en Valencia, con lo que se salvaron más de 600 vidas.

–Pues no sé, eso lo tendrá que explicar él. Su política es la misma que la de Matteo Salvini (ministro del Interior de Italia).

–¿Dónde se está presionando para romper ese bloqueo?

–Emmanuel Macron (presidente de Francia), Angela Merkel (canciller federal de Alemania), el presidente del Parlamento Europeo, Unidas Podemos, los presidentes de la Generalitat catalana, la generalitat valenciana, el País Vasco. Hay muchísima presión. Excepto la extrema derecha, evidentemente. Pero donde hay más oportunidad de una respuesta pronta es en el marco de la Unión Europea.

El mes pasado el presidente Macron convocó a una reunión en París a una docena de países para analizar el lanzamiento de una plataforma para garantizar el desembarco de emergencia y que coordine la distribución de las personas rescatadas de una norma natural, rápida, humanitaria, sin necesidad de mayores trámites. España no aceptó ni se comprometió a nada.

–¿Consideras que el discurso antimigrante y racista que hoy domina en redes sociales se ha exacerbado?

–Es el mismo de siempre, lo que pasa es que corre más rápido y como es un discurso fácil intoxica, permea sobre todo en la clase trabajadora con un discurso contra el pobre. Esta retórica lo que logra es deshumanizar a estar personas, atribuyéndoles etiquetas como migrantes ilegalesmenas, por decir que es un menor no acompañado ¡si son niños! Es absurdo estar teniendo que responder a esos subtextos cuando lo que hay que hacer en primer lugar es evitar que estas personas mueran en el mar.

JSL
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