Videoescándalo: todos al mismo saco
¿Y los recursos del Ipicyt?
Ni Enrique Flores Flores ni José Guadalupe Torres Sánchez ni Óscar Bautista Villegas ni Manuel Barrera Guillén se dejaron ver en la sesión ordinaria número 72 que se llevó a cabo ayer en el recinto legislativo. En otras palabras, el cuarteto tutti frutti de la corrupción, evitó enfrentar a un grupo de ciudadanos que asistieron a exigir su renuncia.
“¿Cuánto me cobran por limpiármelo?”, “¿Cuánto por desaparecer mi deuda en Coppel?”, “¿Cuánto por sacarme del buró de crédito?”, gritaron los manifestantes en tono de burla a los legisladores que, a pesar de no haber sido mencionados en el videoescándalo, fueron metidos en el mismo saco por haber callado lo que el resto de sus compañeros hacían a escondidas.
Como ya es costumbre, los diputados se tomaron un receso antes de pasar a la elección de los nuevos miembros de la Comisión de Vigilancia. La perredista Graciela Gaitán Díaz fue designada presidenta de dicha comisión y, dado su impecable historial como defensora del movimiento que la llevó al poder, de ella se puede esperar que realice exactamente el mismo trabajo que su manchado antecesor, Guadalupe Torres Sánchez.
El resto de la Comisión quedó integrada por Fernando Chávez Méndez (PRI), Gerardo Limón Montelongo (PRI), Guillermina Morquecho (Nueva Alianza) y Jesús Cardona Mireles. Dos sitios quedaron vacantes y serán ocupados por miembros de la fracción parlamentaria del Partido Acción Nacional cuando se pongan de acuerdo.
Posteriormente los legisladores usaron la tribuna para reconocer que la ciudadanía está harta de sus excesos o para justificar los mismos, intentar minimizarlos o de plano tratar de desviar la atención hacia otros temas. “Los recientes acontecimientos nos han tomado por sorpresa, pero, no porque creíamos que no sucedería, sino porque nos hemos vuelto descuidados, compañeros diputados, y cínicos tal vez, algunos de ustedes más allá de la razón”, manifestó Óscar Vera Fábregat.
Luego se lanzó con todo contra la Auditoría Superior del Estado y dijo en público lo que muchos murmuran dentro y fuera del organismo: “La Auditoría Superior del Estado se encuentra dirigida por un grupo de funcionarios que rodea a un hombre enfermo y senil, que no es capaz de explicar sus actos ni de medir las consecuencias de los mismos”.
De resultar cierta, la afirmación de Vera Fábregat es alarmante por la complicidad de quienes le dejan permanecer en el cargo, como de quienes precisamente podrían estar aprovechándose de su condición médica para beneficio personal o de los intereses que representan.
Por su parte, el priísta José Luis Romero Calzada salió en defensa de su amigo Enrique Flores Flores y mencionó que la explicación puntual, dada por Flores en video, de quién es quién en la red de corrupción que operaba el cuarteto tutti frutti, se trata de una difamación y en lugar de pedir una investigación para los involucrados, cambió la acusación hacia el autor de la grabación, Crispín Ordaz Trujillo, a quien acusó de haber abierto una cuenta personal para desviar dinero público del ayuntamiento de Ébano.
La imputación hecha por Romero Calzada puede ser verdadera; no obstante, eso no exculpa al resto de legisladores de sus propios actos de corrupción. En cambio, sí sorprende que esa información fuera conocida por ellos y que ninguno presentara una denuncia. Tal vez, nadie acusó al presidente municipal de Ébano porque pensaban que estaba a punto de pagar el moche solicitado.
El que de plano llegó desubicado a la discusión fue el polémico perredista Sergio Desfassiux Cabello quien, como si ya estuviera aclarado todo lo relacionado con la corrupción de sus compañeros, refirió: “tenemos dos días hablando de lo que pasó, es lamentable, pero nadie quiere recordar que ya pasó más de un año de que el padre Córdova violó a más de 30 niños”.
“¡¿Es más importante un videoescándalo que 30 niños violados?!”, preguntó enfurecido e incapaz de comprender que no se trata de excluir un tema con otro; sino de la acumulación de burlas, vejaciones a la dignidad de la ciudadanía a la que no han representado ni un solo día. Incluso despotricó contra los medios de comunicación a quienes acusó de preferir la nota roja antes para venderse mejor.
En respuesta a su comentario el público asistente le gritó, en repetidas ocasiones: “borrachiux”. Aparentemente, alguien ya dio la orden para que se hable de todo, excepto de que en el Congreso del Estado se destapó una alcantarilla multicolor. ¿Será que algún alcalde no quiere que vinculen la revisión de sus cuentas con el pago por blanqueamiento?
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Donde también hay una coladera que despide un olor nada agradable es en el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt). Desde hace casi dos meses su director, Alejandro Ricardo Femat Flores, le avisó al personal académico con 12 horas de anticipación que se les recortarían los recursos para pagar estímulos, con lo cual su salario se vio reducido a la mitad o menos.
El asunto es turbio porque desde el inicio del año el propio Femat Flores les aseguró a los trabajadores que su dinero estaba seguro; sin embargo, en algún lugar se extravió el dinero porque los cuestionamientos de los investigadores y técnicos, únicamente son respondidos con la frase “se perdió el flujo”.
La organización de los afectados ha obligado a Femat Flores a dar la cara levemente. En reuniones breves, donde prácticamente sólo habla él, les pide que se tranquilicen y que no lleven el problema fuera de la institución con el pretexto de que eso podría dañar su imagen. Lo curioso es que a pesar de que el Ipicyt es uno de los centros mejor evaluados del país, los recursos se estén volviendo escasos y el director en lugar de dar explicaciones claras, enturbia más el ambiente.
Además, el que se ha encargado de dañar la imagen del Ipicyt ha sido, precisamente, Alejandro Femat Flores, ya que luego de haber tomado el puesto como director fue denunciado por una trabajadora a la que le pidió que participara y encubriera diversos actos de corrupción. En consecuencia, la empleada fue despedida.
Con ese antecedente en mente, la gran mayoría del personal de Ipicyt tiene miedo de exigir el justo pago de su salario y han preferido tomar trabajos como choferes de Uber o vender sus automóviles para sobrellevar la crisis económica en la que se encuentran. ¿Qué estará pasando con los recursos de ese centro de investigación?
(Redacción: Jaime Nava)





